I

Una señora que vende picarones en una esquina nos da la dirección. Agradecidos nos vamos con el nombramiento en la memoria fresca: Las Canesas 254. Es un lugar de concurrencia. Metros más allá, hay un recinto de césped y niños que juegan alrededor de un importante y grande avión en medio del parque; se llama, por eso, Parque del Avión. Otros tantos metros más atrás, a una regular distancia, se encuentra una iglesia con apariencia de mall. Una señora que pasea con su hija dice: “Vamos luego a misa”. Cruzando la pista, en la misma recta de la dirección referida, se va juntando gente. Son las 8:00 pm en un domingo rimense y de teatro para la familia en la Asociación Cultural “Las Calesas”, donde se estrena “Situaciones”, del director y actor Juan De Los Santos.

II

Es un espacio de paredes blancas y sillas de plástico. En la pared del lado derecho, hay una escalera y en ella, un perro negro amarrado que jadea. Es muy temprano (8:00 pm) y hay pocos asistentes (por eso la dirección demora la puesta).

Una pared de tela negra con imágenes hace las veces de fondo. A su costado se encuentra el único baño del espacio, al que hay que ir con mucha cautela para no alterar el ritmo sacro de los artistas que esperan a salir. Pese a las interrupciones, una artista no se cohíbe y se mantiene en entera concentración. Parece una chica castigada en la columna, también blanca, donde ella se encuentra apoyada.

III

Cuando, minutos después, la “sala” luce llena, las luces se apagan y empieza la función. Una mujer de cabello arreglado y liso, vestido escueto y decidida situación personal ha resuelto terminar con su vida. Para eso llama a un técnico con traje de mecánico para que le haga el favor de… enchufar una chaqueta que no promete ser luminosa. Se desencadena una situación, en medio de discusiones, agravios y llamadas, que terminan con una lección: ¿ni siquiera me das las gracias por salvarte la vida?

Buenas actuaciones aunque le faltó silencio y dramatismo. Sobre todo en el caso del técnico que no mostró con suficiencia la desorientación y gracias propias de su papel de salvavidas de la trágica y rica dama.

IV

Un hombre, que parece un personaje sacado de algún programa de Eugenio Derbez, realiza un monólogo ante una practicante institutriz. Está dolido porque los resultados del examen (o monografía) no han sido buenos. Le suelta, por eso, toda una andanada de críticas. Al final le dice: “Póngase la ropa”. Termina el acto.

El joven de subido peso no ha sabido llevar nada bien el monólogo. Faltó carácter y determinación. Nuevamente, silencios y gestos.

V

Ante los espectadores aparece una mesa con dos platos vacíos y servilletas. Parada, una mujer de agradable y fresco vestido. Ella, en una queja que políticamente en estos tiempos no sería correcta, lamenta que no haya un hombre en la casa. Que no es lo mismo una casa de mujeres sin un hombre y el calor y la armonía que este podría brindar. “Las palabras, si no se sacan, se pudren aquí dentro”, y se señala el vientre. Es expresiva la actriz, lo siente, pero no nos lo logra transmitir.

VI

Un colchón en la cama. Dos personas. El hombre se despierta y se viste presuroso levantándose del desordenado mueble del piso. Al rato la mujer hace lo mismo y se pregunta cómo llegó ahí. Es evidente: después de una noche de fiesta, el alcohol encendió las hormonas. Se inicia un diálogo en la que el hombre se lleva todas las de ganar, ficcional y teatralmente. Él es un joven político con muchas posibilidades de llevarse la presidencia. Ella, su sufrida secretaria que buscaba respeto, sinceridad y una amistad en él. Además de ello, la secretaria tiene un esposo al que dice amar. El jefe, o sea el hombre, se ríe y dice que haber tenido sexo no es para tanto. Pero la secretaria está aturdida, se siente sucia y no deja de exasperarse con lo sucedido. Un hilo de cocaína intenta ser la salida para el fornido jefe que, sin embargo, se ve cansado por la “escena” que monta la secretaria.

Al final, cuando de ella solo parece quedar un rostro de resignación y de él, la oscura figura de un político pragmático que sabe dar lo que la gente quiere –una estupenda crítica a los valores de los políticos de hoy- , ella le espeta una verdad que intentará salvar el poco orgullo que le queda. Agresión. Termina la obra.

Él, con años en la escuela de actuación, ha dado una actuación acertada. Ella no estuvo a la altura, le faltó dramatismo en escena, más todavía con la verdad que ella oculta.

VII

La mejor escena de las anteriormente presentadas. Música oportuna con una canción del soundtrack de la película de Tarantino “Kill Bill” llamada Bang Bang. El improvisado escenario se pone de rojo luego de una luz amarilla. Aparece una niña de trenzas con unos peluches. Ella pregunta por su madre, cuenta que se fueron a Disney y que su madre se enojó con ella. Continúa su relato en la que los personajes de Disney se vuelven seres monstruosos que practican experimentos en su cuerpo. La luz roja se enciende, ocupa el escenario, y la madre despide palabras fuertes. Se enciende de nuevo la luz y la niña prolonga su testimonio. En esa vívida narración, los muñecos la jalan para llevársela. En el jaloneo la niña pierde el equilibrio ante lo que sería un hondo abismo.

Luz roja. La madre es interceptada por policía y un gringo al que la ira le hace mentar la madre. Le toca el turno de decir su verdad. Nadie le cree que fueron los muñecos quienes asesinaron a la niña. Nadie. Nadie. Se va. Luz amarilla: la niña pregunta por su madre, que le crean. Finaliza con una pregunta y la luz se apaga para devorársela.

Excelente cómo la niña se transforma en cuestión de segundos en la madre y viceversa. Muy buena actuación.

VIII

Los actores aparecen en escena. El público aplaude continuadamente. El director, Juan de los Santos, quien hizo de político promesa, agradece a la asistencia y también a la señora que ha cedido el local de su centro cultural. También agradece a Alfonso, Jessy, Kelly, Lorena y Paul, actores que presentaron las situaciones, que es como se llama la serie de episodios. Este domingo, refiere Juan, es el día en el cual se da inicio para la temporada. Da gracias por su asistencia e invita a que se pase la voz sobre la obra.

IX

En el balance, diríamos, hay material pero hace falta pulir más actoral y técnicamente.

Una artista de ojos matinales, emocionada con lo visto, dice que le gustaría pintar el local. Otro dice “cómo se hace para traer mi número”. Un estudiante de actuación me dice: “Han debido de tener mayor cuidado con los ruidos de afuera que se meten. También con los de atrás que no estoy seguro que hayan escuchado lo que los actores decían”.

La gente se saluda y los actores se toman fotos. El perro negro aparece. Esta vez fuera de la casa. A lo lejos, en el parque, el avión inmenso sigue acompañado en alegre bullicio. A la izquierda nuestra, la gente se acomoda para degustar hamburguesas y comidas rápidas. Mientras tanto, los asistentes salen con las manos que deben arder un poco. Fue un domingo de teatro concurrido: ¿quién dice que la gente no asiste al teatro?

18-02-15