Se suponía que esta semana, y luego de los arduos exámenes y trabajos de fin de ciclo, haría la segunda parte de “Del libro a la pantalla”. Sin embargo, tuve que ponerle pausa a esa columna de nuestra querida Jane para darle paso a una que ya me tocaba hacer. Personalmente, como Tributa que soy (los fanáticos de Los Juegos del Hambre entenderán a qué me refiero) esperaba más que ansiosamente el estreno de Sinsajo y, sin embargo, sé que debo hacer un juicio muy objetivo de esta primera parte de la tercera entrega de una de las sagas más taquilleras de la historia.

Al ser una cinta bastante débil en varios aspectos, son, quizás, tres las escenas mejor logradas de la película, dentro de las cuales resalta la última. Francis Lawrence alcanza un muy buen efecto en la escena de la misión de rescate al Capitolio, una escena que oscila entre el miedo y el suspenso, y que logra el objetivo. No quiero spoilear así que no comentaré más, pero el que dos escenas simultáneas se vayan intercalando en diferentes escenarios, la conjugación entre ambas, es una vieja técnica muy usada por directores renombrados. En este caso, cuaja perfectamente en la última parte y, de cierta manera, esto salva un poco la inacción de los minutos anteriores.

No podría hacer una crítica solo referente a la adaptación. Ya sabemos lo difícil que puede resultar pasar un libro a la gran pantalla, pero si esta primera parte estaba destinada a ser un puente, un nexo de conexión, pues fracasó (aunque tal vez no tan estrepitosamente). Al principio, creí que acabaría en la esperada boda de Finnick y Annie. Esperé mucho por la aparición de Stef Dawson (Annie Cresta) y, aunque su aparición aquí fue mínima, ya la estaremos viendo para la próxima entrega. De verdad sería muy interesante ver la química de Sam Claffin (quien encarna a Finnick Odair) y Dawson en la pantalla.

Por otra parte, no hay ninguna crítica a Jennifer Lawrence, estuvo excelente como siempre. Y hasta podría decir que me gustó mucho más su actuación aquí que en las dos anteriores. Jennifer ya demostró haber llegado a la madurez como actriz. Si en las dos primeras veíamos a una adolescente un tanto desorientada, algo que Lawrence sabía interpretar muy bien, ahora ya cambió y podemos apreciar a una joven mucho más madura en todo aspecto. Los demás estuvieron correctos, sin desentonar y cumpliendo su papel. Julianne Moore nos convence en su rol como la presidenta Alma Coin, y el recordado Philip Seymour Hoffman está más que perfecto y obtiene protagonismo como Plutarch Heavensbee.

No obstante, la película ha mostrado muchos errores. Aun ahora dudo sobre la concordancia entre el libro y la cinta por el rumbo que el primero toma y, que en este caso, la película no pretende seguir. Sinsajo no termina de transmitir el verdadero mensaje del libro, hay algo que le falta, algo que no termina de encajar y que hace que pierda el equilibrio desde inicio de la cinta. Parece como si Francis Lawrence estuviera debatiéndose entre el estilo del libro y ese matiz especial que posee, y unos deseos desesperados de encasillar a Katniss como la típica heroína de las películas taquilleras. En ese aspecto, Los Juegos del Hambre y En llamas tienen un mayor alcance al lograr reproducir casi totalmente la perspectiva de la autora Suzanne Collins.

Ahora muchos críticos se están cuestionando si hacer esta primera parte era realmente necesario. Personalmente, creo que habría funcionado mucho mejor si no se hubieran dedicado tanto a las escenas de acción y a apelar al sentimentalismo para que todas las piezas encajen como un rompecabezas. Casi toda la película parecía la promoción de Katniss como el símbolo de la rebelión y se perdieron muchos detalles de fondo. En muchas escenas solo veíamos la grabación y sus monólogos que, si bien iban acorde con el libro, habrían sido mejor explotados si hubieran entrado en el momento correcto y si no hubieran sido tan saturadores. En lugar de emplearlos como un plus especial, los usaron para llenar vacíos, espacios en blanco que surgieron porque no pudieron seguir con el hilo de la historia, no lograron adecuarla para los ciento veinticuatro minutos que duraba. Esperemos que Francis Lawrence y su equipo aprenda de todo esto para la siguiente entrega, en la que pongo todas mis expectativas y esperanzas.

Además, quisiera que esta saga, la cual ha calado muy hondo en muchos de nosotros, tuviera un final épico y digno de ser recordado, porque la trilogía de Los Juegos del Hambre es mucho más que un triángulo amoroso, es más que una saga taquillera digna de un pomposo estreno. Los Juegos del Hambre es una crítica al sistema imperante, al consumismo, al poder de los medios de comunicación para manipular a la gente, a las injusticias sociales, al individualismo, a la superficialidad, a ese egoísmo innato de los seres humanos y a esos oscuros deseos de poder propios de la humanidad. Los Juegos del Hambre es la revolución (en versión literaria) de la situación política y económica actual, es un canto contra lo que acontece ahora, lo que tenemos en el día a día, en las acciones que parecen más simples pero que engloban tras de sí a todo un fenómeno de dominio y manipulación sociocultural. Pero sin irnos a la parte literaria, ya las películas demostraron desde un inicio que se suman a otras de las tantas que han dejado una huella de crítica a los más graves problemas de la humanidad. Indudablemente, el poder del séptimo arte es muy grandilocuente.

No quiero terminar este artículo sin dejar  la canción de “El árbol del ahorcado”, un tema cautivador que nos hará meditar por mucho tiempo.

En memoria a Philip Seymour Hoffman.
.III.