Silvina Ocampo fue una escritora argentina nacida en 1903. No obstante, empezó su camino en el arte pintando. A temprana edad, fue enviada a Francia para su educación, a cargo del destacado cubista Fernand Léger y el italiano Giorgio De Chirico. Escribió poesía, narrativa, teatro y traducciones literarias. Siempre luchó con la gramática del español pues decidió que esta sería su lengua de letras, aunque el inglés y el francés fueran los primeros idiomas en los que aprendió a comunicarse —como solía pasar con la juventud de la élite argentina‒.

Silvina fue una mujer que rompió el molde social de su época. Era excéntrica y llevó una vida bastante más liberal de lo que era permitido tradicionalmente a la mujer en ese momento. Escribir, por ejemplo, era una de las cosas que no se consideraban femeninas, y ella lo hizo magistralmente. Se hicieron películas de sus obras. Ganó el Premio Nacional de Poesía en 1962 y se consagró como una de las cuentistas más influyentes del siglo XX para la literatura argentina; aunque su obra no ha sido debidamente reconocida. En su escritura se mezcla la fantasía, el horror, el psicoanálisis (en boga en ese momento) y un humor crítico y despiadado. De hecho, lo más atrayente de sus cuentos es la simpleza inquietante de su lenguaje, como explica la crítica literaria Silvia Molloy, y la dura crueldad que se muestra muchas veces en ellos. Esta última característica, según la misma Silvina, la apartó de muchos premios.

Su primer libro publicado fue Viaje olvidado, en 1937. Desde luego, la casa editorial que eligió fue la emblemática Sur, dirigida por su hermana, Victoria Ocampo, quien también lo reseñó. De hecho, el nombre de Silvina ha resonado algunas veces por sus conexiones con el sólido grupo Sur; compuesto por Victoria, Bioy Casares (esposo de Silvina), Jorge Luis Borges (amigo de Silvina), entre otros. Este grupo y la acción de la editorial y revista Sur tuvieron una influencia increíble en el mundo literario de la época. Sin embargo, Silvina disfrutaba de quedarse entre las sombras. No quería hacerse conocida, rehuía las entrevistas. Por eso no se sabe demasiado sobre cómo empezó su aventura literaria, cómo pasó de expresarse a través de la pintura, abandonarla y quedarse en el campo de las letras.

Ella era consciente de que vivía a la sombra de su hermana mayor, de su esposo y de su amigo. Muchas veces se ha minimizado la participación de Silvina en la antología de cuentos fantásticos que realizó junto a Bioy y Borges. Muchas otras, las biografías que se han escrito sobre ella la han presentado como un anexo a estas grandes conexiones literarias: “Silvina Ocampo, esposa de Bioy Casares, amiga de Jorge Luis Borges, hermana de Victoria Ocampo”. Su último libro publicado en vida fue Cornelia en el espejo, en 1988. Silvina muere en 1993, pero más de su obra ha sido publicada póstumamente.

Silvina Ocampo siempre declaró, abiertamente, que no era feminista. No era un rótulo con el cual se identificase; sin embargo, leyendo algunos de sus cuentos (como “Las vestiduras peligrosas” o “Jardín de infierno”, una reescritura del ‘cuento de hadas’ “Barba Azul”) notamos que no estamos ante mujeres comunes o sumisas. Las mujeres son las protagonistas de la obra cuentística ocampiana y, definitivamente, son mujeres que actúan. Tal y como su autora, no encajan en el molde social. Son fuertes, irónicas y, muchas veces, crueles.