Quise empezar este artículo definiendo el concepto de “realidad”, pero vaya que es una tarea complicada. Recurrí a Google en busca de una definición, pero sentí que si les escribía esa definición en este artículo, probablemente nos habríamos quedado encerrados en una discusión muy básica y mecánica de lo que significa el concepto de realidad para nosotros.

Le pregunté a un amigo cercano qué significaba la palabra “realidad” para él, me pidió que le diera treinta segundos. Luego me respondió con un “todo lo que existe y lo que pasa, incluyendo todo lo pasado que ha logrado terminar en el hoy”. Concuerdo con él hasta cierto punto; nuestra realidad contiene, definitivamente, lo que somos hoy gracias a lo que fuimos y pasó antes en nuestras vidas.

¿Pero qué sucede cuando nuestra realidad entra en contacto con otras? ¿Qué pasa cuando dos versiones de la historia se contradicen? Nuestro pasado está encadenado no solamente a momentos, sino a personas también. ¿Qué ha sucedido con esas personas? ¿Por qué, a pesar de haber vivido los mismos hechos, los mismos procesos, es que somos tan distintos unos de otros?

¿Alguna vez se han preguntado si lo que tú ves rojo, alguien más lo ve amarillo? ¿Por qué no podría alguien más ver a los carros como máquinas voladoras? ¿Por qué no podría alguien más ver a través de la ventana y ver un sol verde, el cielo con pelotas de golf en vez de estrellas, el mundo entero de cabeza, la izquierda a la derecha y la derecha a la izquierda? ¿Es imposible aquello?

Tristemente, el ser humano aún no ha desarrollado la tecnología que le permita internarse en la mente y en los ojos de otros seres humanos. No somos capaces de ver lo mismo que el otro. Nuestra visión del mundo difiere siempre de la de los demás; nuestras realidades son distintas. Jamás seremos capaces, tampoco, de observar la realidad desde afuera; para siempre, desde el día en que nacemos hasta el día en que morimos, estamos condenados a ver este mundo solo desde nuestros ojos y desde nuestra memoria.

La Asociación Cultural Tránsito, que desde el 2005 impulsa la labor de los artistas en la difícil ciudad de Lima, presentó durante las últimas dos semanas en el Lugar de la Memoria el montaje “Vivir Juntos”, una creación colectiva que emplea el movimiento como herramienta para encontrar las respuestas a nuestras interrogantes personales. Seis actores y actrices interactúan entre ellos y descubren en el otro una historia, un conflicto, un deseo; la elección de un camino que seguir y la responsabilidad de dicha elección en una sociedad como la nuestra.

En este montaje, dirigido por la profesora PUCP Mónica Silva (y que además, cuenta con la participación de varios alumnos en la parte de la producción), está conformado por una serie de improvisaciones pautadas encadenadas unas a otras por las interacciones entre los actores. Sin una línea narrativa que seguir, sin una historia específica que escuchar, el espectador se enfrenta, podríamos decirlo así, al armazón de un mensaje que nos toma por sorpresa, porque nos asalta desde adentro.

¿Por qué es importante un montaje de este tipo, en el que no hay una historia específica que seguir, sino más bien una serie de movimientos y acciones aparentemente ilógicas e inconexas, acompañadas bajo una música a la que no le encontramos explicación y de luces que cambian con una intención encaletada por el desconcierto? Precisamente a ello quería llegar con el tema de la realidad. La realidad es, para mí, una mera opinión del mundo. Bajo esa lógica, existen alrededor de 7.3 billones de realidades en este planeta. Eso es algo por lo que me atrevo a apostar. Basta con venir a ver una obra de este tipo, en la que nosotros los espectadores y no los actores somos los que entran en crisis, para darnos cuenta de que no todos tenemos los mismos esquemas, las mismas apreciaciones sobre la vida. En este tipo de montajes, sin un inicio ni un fin construidos más que los que pone la misma naturaleza del espectáculo, somos nosotros los que ponemos el contenido con lo que ya reside en nuestras cabezas. En otras palabras: vemos lo que deseamos ver. Y lo más importante de ello es que vemos algo verdadero, porque ese algo vive dentro de nosotros.

Quisiera concluir esta nota implorando a los cielos que Vivir Juntos sea repuesta antes de que acabe el año. Probablemente así sea. De ser el caso, recomiendo altamente que la vayan a ver para que entren en contacto con un tipo de ejercicio con el que no solemos toparnos en nuestro día a día, y que los sorprenderá en el momento en el que descubran dentro de sí mismos cuál es el significado o la lógica de este espectáculo. Hay, según mi teoría de las realidades, aproximadamente 7.3 billones de formas de ver el teatro. Pero lo que realmente importa es que lo vivas dentro de ti, que sea real dentro de ti, que sea una verdad. Más específicamente, tu propia verdad.