Personalmente, mi gusto y cariño por las obras de anime viene desde hace mucho tiempo y el motivo por el cual me ha encantado siempre hasta el nivel de preferirlo la mayoría de veces a series, películas o producciones en general con personas reales es que la animación me parece un arte que le otorga tanta libertad a los creadores, al punto de sentir que los personajes de estas series animadas expresan de una manera más humana los sentimientos que reflejan. Si bien son personajes totalmente ficticios que no van a poder volver a actuar con otros papeles, el vínculo que causa en personas como yo es muy real y siempre ha producido un cariño especial hacia las animaciones por sobre las producciones reales. En la animación no hay actuación, sino solo hay el crear un mundo paralelo al nuestro que lo afecta a su manera.

Ahora, con el paso de los tiempos, las tecnologías de la animación se han ido desarrollando con el objetivo de acercarse cada vez más a la realidad. Pero ¿por qué? No creo que esté mal pero, ¿por qué querer que la animación se vea más real, si parte de su encanto -para algunos infelices de este mundo como yo- es su separación con la realidad? Sin embargo, como en todo, nada es tan claro y mucho depende de cómo los creadores utilicen estas nuevas posibilidades en su obra.

Para ser honesta, la mayoría de veces en que he visto a un buen anime siendo interrumpido por escenas 3d, me ha dejado con un sentimiento de insatisfacción y con el pensamiento de que ese momento se quedó arruinado por el mal uso de esta tecnología. Ejemplos de esto son, en mi opinión, gran parte de las escenas de la segunda temporada de Shingeki no Kyojin, o la nueva temporada de Berserk que también decidió probar este nuevo camino de edición. Beastars, la adaptación del manga homónimo de Paru Itagaki fue producida completamente con esta técnica -probablemente por sus personajes antropomórficos- y sinceramente no fuimos pocos a los que nos costó adaptarnos a cómo se veían los personajes.

Pero Siempre hay excepciones. Sí existen algunas series que han devuelto la fe a la animación 3d en el anime. Monogatari es una de ellas. La adaptación de las novelas gráficas de Nisio Isin es, sin duda, una de las mejores animaciones de la última década. Si bien la sinopsis de la historia es peculiar por sí sola, la gracia de Monogatari es cómo está contada. Con una de las mejores direcciones de anime, Monogatari te atrapa, con sus más de 100 capítulos, porque es una de las cosas más visualmente atrapantes que la industria del anime ha producido. Los distintos planos de las escenas hacen que estas perduren en nuestra mente por su magia visual. Sobretodo, en sus películas Kizumonogatari se puede encontrar más de esta combinación de la segunda y tercera dimensión, la cual realmente sabe cómo capturar la esencia de cada momento y mostrarsela al espectador de la mejor manera posible.

Houseki no Kuni, una producción del 2017 es también un exponente de la animación 3d que demuestra el buen uso de los avances de la animación. Esta serie gira en torno a una nueva forma de vida en este mundo, llamada Houseki. Son, en realidad, gemas con distintas funciones que deben de luchar contra otros seres de la luna que desean convertirlas en objetos decorativos. Así, la protagonista, Phos, una gema particularmente frágil, se ve atrapada en el dilema de si combatir a estos seres enemigos o buscar una solución que no dañe a ningún bando. La animación de esta historia de fantasía se encuentra realizada totalmente en 3D y realmente explota todas las ventajas de este medio. La mayoría de escenas son abrumadoramente hermosas, y la combinación de una animación más real con los colores de las gemas es, por sí misma, toda una experiencia.

Queda, entonces, por admitir que, si bien a algunos de nosotros nos cuesta lidiar con el acercamiento del anime con la realidad, muchas veces existen obras que nos demuestran lo contrario y nos muestran que el uso de nuevas animaciones puede generar obras de arte bellísimas sin quitarle su característico encanto a la animación.