Para retomar un enfoque algo internacional y darle algún tipo de coyuntura a mis entradas, como alguna vez se prometió y se hizo en las primeras entradas que escribí, quería hoy tocar un tema que no se aleja, en ningún sentido, de una reflexión. Al contrario, es tan actual y tan importante que su reflexión se hace imprescindible: la sexualidad y su sentido de tabú como un peligro. Para desarrollar este punto, quisiera basarme en una serie de vídeos que se publicaron en Alemania hace algunos años en torno a la enfermedad de la pedofilia. El proyecto se llama “Kein Täter werden” (“No volverse/ser un criminal”). El objetivo de estos vídeos propagandísticos que trataban de acercar a los pedófilos a un tratamiento para que los disuadan de cometer cualquier tipo de acción ilegal con niños. ¿Qué? Esto suena algo imposible: ¿quién se preocuparía previamente por una serie de personas que, en otros países, como el Perú, son recién enjuiciados (y muchas veces liberados) luego de que todo ya pasó? En esta entrada, analizaremos, solo brevemente, este recurso para caer en cuenta de la diferencia entre una sociedad que tiene poco interés por solucionar de otras maneras un problema y otra que sí.

“Hace tiempo, me he dado cuenta de que pienso de otras maneras. Era claro cómo se me veía: me dicen perverso, enfermo, escoria […]. Con la terapia, he aprendido a que uno no tiene la culpa de su inclinación sexual, pero sí de su comportamiento. No quiero ser un criminal”. Así se dan las palabras del diálogo de más importancia del vídeo. Es realmente fuerte un mensaje así. El objetivo de este vídeo es que todo el que se sienta con tendencias de pedofilia asista a terapia organizada por varias fundaciones alemanas para controlar su situación. Esto no parece, en ningún sentido, algo negativo o maligno; más bien, parece algo increíblemente ventajoso en la medida en que le hace cara al problema sin que nadie salga perjudicado. Es una suerte de solución preventiva que, en estos casos, es indefectiblemente mejor que una solución pos-crimen. Esto está, ahora bien, enmarcado en un contexto bastante amplio de consideraciones acerca de la sexualidad en el Primer Mundo y, sobre todo, en Alemania. El respeto a las diversas formas de sexualidad en Alemania y su proceso por el cual deja de ser un tabú son un par de cosas que hay que tener en cuenta para entender un fenómeno así que, además, aparece tan propagado que ha llegado, no me acuerdo cómo, a mis manos. Este vídeo, en el que cada uno de los hombres de tendencias de pedofilia sale con la cara tapada mientras enuncia lo que escribí al inicio del párrafo, no es uno solo no obstante. Aparece también otro en el que, en los asientos de un tren, un hombre ya ubicado en uno de ellos ve entrar a un niño con su madre sentarse al frente. El hombre lo ve por un rato. Al final, el niño se va con la madre. El hombre se siente preocupado por aquel momento que sintió cuando vio al niño. El texto del vídeo pone: “¿Quieres más al niño de lo que a ti te quieres?”. De nuevo, es una manera de incitar a esta terapia ligada a ciencias de la sexualidad y de la salud. ¿Crees que no tienes ayuda? ¿Crees que eres el único que siente esos irrefrenables impulsos por los que serás llamado “escoria”? ¿Sabes que cualquier tipo de acción criminal sexual es totalmente repudiable y quieres evitar a toda costa eso que tanto te preocupa? Pues la terapia indicada es la que se presenta en estos vídeos. “Son unos enfermos”, sí, pero por eso deben de ser ayudados antes de que cometan cualquier tipo de violación y abuso. Cualquier persona que tiene la voluntad del bien y que tiene una lucha constante dentro que le lleva a estar inseguro y a cometer actos terriblemente delictivos y pésimamente reputados (con justa razón), tiene el derecho a mejorar su situación, a tratarse, en tanto no haya cometido ningún delito. “No quiero ser un criminal”, ese es el punto. Son conscientes y tienen apoyo propagado. Parece algún tipo de magia del mundo europeo y moderno. Ven la solución antes de, si quiera, pensar en el problema.

En un país conservador como muchos de los que conocemos, en que están imbricadas, a lo largo de la historia, tanto tradiciones como efectos modernos, el hablar de este vídeo se complica, porque la sexualidad y sus miles de formas son un tabú. La idea central es no hablar de ella para evitar los peligros. Nos hemos dado cuenta de que no hay solución más falsa. “Callar es evitar”. No obstante, estoy seguro de que muchos no quieren callarse en relación a términos de la situación del país con Sendero Luminoso. No quieren callarse los alemanes en relación a lo “nazi”. No quieren callarse los grupos de protesta que reclaman sus derechos porque no hay otra forma de ganarlos. Entonces, ¿callar es lo mejor? Que un país tradicional con tintes de la Modernidad se calle no ayuda en lo absoluto. Si el mundo goza de amplias redes se información, de propaganda y propagación expandida sin medida, cualquier tema a ser hablado debe ser hablado en tanto sea equivalente a un cambio social positivo que pueda erradicar uno o varios problemas. Esta erradicación es, además, garantía de efectividad. Muestra una solución extra a la que ya se tenía y trata de reformarla. Cambia el concepto. Ve a la degeneración del criminal que merece cárcel como el deseo del paciente enfermo que necesita cuidados médicos para tratarse y mantener un bienestar social. Sigue sonando una idea tentadora. Pero, visto desde una mirada tradicional a la que el cambio le resulta algo de temer, la degeneración es colocar mensajes de este tipo en un medio y propagarlo en todo el mundo. El miedo está basado en la lógica de que la sexualidad debe mantenerse solo de una manera y, además, poco hablada para así legitimar el discurso o, como diría no-Michel Foucault, el no-discurso. De otro modo, todas estas representaciones podrían hacer añicos lo que se ha pensado de la reproducción y de la misma performance, disculpen la palabra, de la sexualidad y degenerarían a la humanidad. Es una idea conservadora rousseauniana. La sexualidad propagada degenera a los individuos/sociedad. Y es curioso, porque su fin es salvarlos de esa degeneración que tanto es vituperada. El discurso conservador que tanto calla y que dice casi nada reaccionaría (como buen reaccionario) quiere proteger pero se ha quedado tanto en la tradición que no se ha dado cuenta de dos cosas: primero, que el tiempo tiene cambios y esos cambios necesitan soluciones nuevas; y, segundo, que hay más de una forma de buscar resolver problemas.

Cada vez más liberales en lo político-económico y menos liberales en lo social, nos presentamos como una sociedad que solo cambia cuando tenga la necesidad de hacerlo. El reconocimiento de la sexualidad y de sus miles de formas de presentarse es una necesidad de cambio. Necesita este cambio apoyo social. Darse cuenta de que hay ocasiones en las que prevenir es irrefutablemente mejor que lamentar es parte de crecer como país. Solo lo lograremos cuando sepamos que hablar es mejor que callar y que indagar es mucho más que dejarse llevar. Yo no quiero ser un criminal del pensamiento.