1.

Suena un poco chocante cuando un grandulón se ufana de su poderío frente a un grupo de enclenques. Puede hacer ejercicios, tomar vitaminas, padecer los esfuerzos del gimnasio para llegar a donde está. Pero ¿tiene mérito jactarse de su situación frente a competidores de mucha menor jerarquía? Pues claro que no. Pero algo similar parece estar ocurriendo hace buen tiempo atrás en la “mejor universidad del país”, la PUCP.

2.

El auditorio está lleno. Es el 2012 y se celebra una evento más llamado “Por qué Derecho”, formato de conferencias que organizan estudiantes de esa carrera en la facultad de Letras para, con los mejores exponentes de la rama jurídica, reafirmar vocaciones o, en todo caso, hacer más llevadero el camino para los que son forzados por razones familiares o económicas a seguir la tradicional carrera. Son escasos los rostros que inspiran motivación. Más son, podría decirse, los que van para, de una vez por todas, descubrir si realmente hay un abogado dentro de ellos, aunque sepan en el fondo que no sería así.

“Trabajo seguro”, dice un experimentado profesor de esta casa de estudios al momento de hablar. Y la seguridad laboral ocupa gran parte de su  disertación. El profesor, de apellido Avendaño, indica que un abogado salido de las aulas de la PUCP tiene tal ventaja. Con un artificial triunfalismo se ha dicho al inicio del evento: “¡La mejor facultad de Derecho del Perú los espera!”.

¿Será un dato menor que el profesor Avendaño, que de pequeño quería ser periodista, haya tenido como uno de sus argumentos preferidos la seguridad laboral? Evidentemente, no. Todos sabemos las razones que guían a estudiar Derecho al abogado en ciernes promedio: seguridad ante todo en esta vida tan incierta.

 

3.

“De jueves cultural no tiene nada”, dice un amargo estudiante de sociología en referencia a los eventos culturales que se organizan en Letras a la salida de clases un jueves del 2010. Estos van desde “impros”, pequeños conciertos, reuniones de cachimbos, etc. Cosas que no comulgan con el buen gusto de “Germán”, un tipo que, más bien, ensordece sus oídos con altas dosis de música metal. Pero “Germán”, además de metalero, es chancón y, contra todo pronóstico, se ha decidido medir con uno de los profesores de secular nombre en la facultad: Dante Dávila.

“Germán” lee, subraya, participa en clase, se vacila con los textos clásicos de Platón e incluso se adelanta a lo que será su otro curso de filosofía el ciclo entrante- ya lee a Nietzche-. Cuando puede, cita al filósofo bigotón -aunque mal- y no se calla nada cuando opina sobre lo que ocurre en Letras.

“Me llega al pincho, huevón”, reclama. Pero lo dice cuatro años después en una avenida cercana a la universidad y con un look totalmente radical. “Nada ha cambiado en Letras”, señala al intuir que en su vieja facultad iniciática se siguen dando eventos que no tratan exclusivamente de ponencias académicas, debates de peso, entre otras.

4.

¿Será un capricho de “Germán”? ¿Una añoranza del pasado con fecha inubicable de un estudiante que tiene una obsesión por el conocimiento?

Lo más probable es que sea cierto, de acuerdo a las informaciones que se tienen sobre la situación social que se vive en Letras. “Cecilia”, una chica muy capa y de lentes grandes aunque no hipster, me cuenta con mucha turbación y molestia que la facultad de Letras se parece hoy en día cada vez más a las escuelas que son presentadas en las grandes producciones hollywoodenses. Si en la escuela del cine gringo hay el grupo de las populares, los guapos y deportistas y los “perdedores”, la realidad social estudiantil parece indicar que la realidad puede superar a la ficción.

“Nadie lee nada, no se interesan en nada, viven cada uno su mundo; da asco”, me cuenta “Salomón” mirando desganado a un lado. “Salomón”, de paso, denuncia que hay organizaciones políticas que se mueven entre los estudiantes para seleccionar a los más populares y hacerlos ingresar a sus filas. “Salomón” cuenta que a él le hicieron una invitación para que ingrese a esa organización, pero él, anteponiendo sus principios, se negó. El ocupar el famoso rol de delegado de clases, desde la óptica de las acaparadoras organizaciones políticas en Letras, sigue siendo el objetivo principal. Como puede notarse, no hay tanta diferencia entre lo que hace la política de “las grandes ligas” cuando se invita a  Susy Díaz, Tongo, Melcochita, Forsyth, etc. a ser padres de la patria.

5.

Un jefe de práctica de un curso de humanidades de Letras no sabe dónde ocultar su genuina indignación. “No leen na-da”, explota. “Sebastián” no puede creer que a estas alturas del partido tenga que enseñar a sus alumnos lo que es una “causa”, un “efecto”, un “contexto histórico” y una “secuencia de datos”. Él cuenta que hay mucha dejadez entre sus alumnos pues muchas veces el total de la clase no lee nada. “Sebastián” no habla por la herida pues es la tercera vez que oficia como jefe de práctica en la políticamente convulsa facultad de letras.

“Silvana”, su compañera de estudios en la facultad, hace hincapié en lo que fue la reducción de puntajes para el ingreso a letras hace unos pocos años. Estima que ello podría haber repercutido en la calidad académica de los nuevos ingresantes. A su costado, “Sebastián”, categórico, dice que otros JP piensan lo mismo que él. Señala además que esa reducción es una forma de sacarle plata a los alumnos, para luego, tras jalar varios cursos, botarlos de la universidad.

Este atribulado JP hace lo que podría ser una denuncia mayor. En su aula de clases se empieza a ver una división. De un lado, los chicos con plata y con una categoría étnica específica (o sea, “blancos”). De otro, lo que él llama “normales”. “¿Tengo que ir para allá?”, gesticula “Sebastián” imitando a una alumna suya cuando él le dijo que habían trabajos grupales. Tal división podría ser el resultado de la elitización que supone el constante aumento de las boletas de la universidad y que solamente unos cuantos pueden pagar. Tema que ha causado repudio de distintas organizaciones políticas en la universidad, pero que no ha visto un freno considerable.

Mientras tanto, las boletas suben, Letras parece estar entrando en proceso de “banalización”, y “Sebastián” continuará siendo testigo de lo que pudo ser esa suerte de “apartheid” limeño, en versión de salón, durante los procesos de migración que ocurrieron en la capital a mediados del siglo XX. Todo ello en la universidad humanista del Fundo Pando.

17-09-14