Luego de semanas escribiendo sobre temas académicos, desde talleres hasta pre-inscripciones, y demás; decidí que para la columna de esta semana la temática debía ser diferente. En esta ocasión debía dejar un poco de lado mi agitada vida como estudiante de Derecho, los trabajos grupales y las “toneladas” de lecturas, para hacer un poco de lo que Letras al Mango me enseñó a amar: cubrir eventos. Y en cuanto me enteré del evento que da motivo a la columna de este sábado, supe que no había nada que podría detenerme a ir.

Así que, el jueves pasado guardé mis lecturas en un rincón, cogí un lapicero y me enfrasqué en este ya un poco olvidado pasatiempo mío de pasearme por la rotonda de Letras, con el cuaderno en la mano, mientras escribo frenéticamente todo lo que veo. Pero ahora, dejándonos de tanta palabrería y pasando a lo espectacular -sí, digo espectacular-, comencemos con lo que fue Afro Soy.

Afrosoy

En el marco de la celebración de la Semana de la Diversidad Cultural en la PUCP, OPROSAC, en colaboración con el grupo Afro PUCP, llevó a cabo una serie de actividades dentro del evento que llamaron “Afro Soy”. El fin de las distintas actividades era reconocer y rendir tributo a los valiosos aportes de los afro-descendientes a la cultura peruana. La semana, que corrió desde el 19 al 23 de mayo, contó con dos conversatorios: “Jóvenes afroperuanos hoy en día”, el martes 20; e, “Historia afroperuana”, el miércoles 21. También la exposición de fotografías titulada Hatajo de Negritos de Amador Ballumbrosio de Milena Carranza la que fue instalada en los pasillos de la facultad.

Sin embargo, diría que sin duda alguna el plato fuerte -por llamarlo de alguna manera- de esta semana fue lo que tenían preparado para el Jueves Cultural. Además de la mayor asistencia, el jueves de “Afro Soy” estuvo lleno de una alegría, una energía que llamaba la atención a cualquiera que se detenía aunque solo fuera por unos segundos a las afueras de EEGGLL.

Feria

Para comenzar, la rotonda se vió rodeada por una interesante feria de organizaciones en cuyas mesas estaban ubicadas distintos grupos de representantes de la cultura afroperuana en el Perú. Entre ellos estaban los impulsores del grupo Afro PUCP, el Centro de Desarrollo de la Mujer Negro Afroperuana, el Centro de Desarrollo Étnico, Pastoral Afroperuana y el grupo Alerta Contra el Racismo quienes estuvieron brindando información sobre sus fines y actividades. También contó con la participación de la Red Nacional de mujeres Afroartesanas, cuyas llamativas artesanías sobresalían por entre todo.

En otro espacio, el ambiente estaba lleno de aromas deliciosos y es que se implementaron pequeños puestos de comida, como el de anticuchos, el de dulces como el arroz con leche o los picarones, que llamaron a toda la gente y cuyas colas se hicieron bastante largas a lo largo de la jornada.

Comidaaa

Además de los atractivos que pudieran representar la Feria y los puestos de comida, creo que lo más resaltante de esta actividad fue su show en vivo. Primero, la impresionante presentación de “Somos Adú” que debe haber dejado maravillado a más de uno por la fuerza, precisión y alegría impregnadas en cada coreografía. Los movimientos, las expresiones y la increíble combinación musical del cajón y el violín dotaron a su participación de todo lo necesario para ganarse los aplausos de todo el público.

Somosadú

Luego se hizo presente Carlos Rojas, presentado como Choco Art, que fue el encargado de hacer el graffitti “Afro Soy” en vivo para honrar la temática de la semana y dejarla inmortalizada con su singular y colorido estilo. Al final, nos quedó la felicidad de haber presenciado un buen evento en el cual no faltó ni la información, ni la música, ni las risas o exclamaciones y, por supuesto, mucho menos la comida.

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Sinceramente, me alegro que después de tantas semanas sin tiempo para cubrir un evento, no haberme equivocado al elegir este en particular. Al final, puedo decir que me quedé con la felicidad de haber asistido a una actividad en la que no faltó ni la información, ni la música, ni el baile, ni las risas, ni las exclamaciones y, por supuesto, tampoco la deliciosa comida.

Fotografías: Claudia Silva y Oprosac