“Desde la puerta de La Crónica Santiago mira la avenida Tacna, sin amor: automóviles, edificios desiguales y descoloridos, esqueletos de avisos luminosos flotando en la neblina, el mediodía gris. ¿En qué momento se había jodido el Perú? Los canillitas merodean entre los vehículos detenidos por el semáforo de Wilson voceando los diarios de la tarde y él echa a andar, despacio, hacia la Colmena. Las manos en los bolsillos, cabizbajo, va escoltado por transeúntes que avanzan, también, hacia la Plaza San Martín. Él era como el Perú, Zavalita, se había jodido en algún momento. Piensa: ¿en cuál? Frente al Hotel Crillón un perro viene a lamerle los pies: no vayas a estar rabioso, fuera de aquí. El Perú jodido, piensa, Carlitos jodido, todos jodidos. Piensa: no hay solución.”

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Cómo no recordar este comienzo tan célebre que muchos de nosotros tenemos guardado en nuestras memorias, alterando una que otra palabra, pero siempre teniendo en cuenta la pregunta fundamental de por qué, realmente, estamos jodidos. Un adjetivo bastante fuerte que se relaciona directamente con el fracaso, con un destino fatal y casi inamovible del ser peruano. Sobre la interrogante de cuándo es que nuestro país se fue abajo, de la mano con las personas que lo conformamos, se han escrito ríos de tinta, razón por la cual no discutiré ese tema aquí. ¿Qué es lo que interesa?

Para aterrizar los pensamientos que se tienen de la novela, su vigencia y su aplicación a la realidad  utilizaré la teoría de Roland Barthes acerca de la muerte del autor, en relación con “La ruta de Zavalita”, un recorrido en el que se visitan los lugares mencionados en la obra.

En este texto de Barthes, se refuerza la teoría de que en la escritura se destruye toda voz y todo origen del autor. Este pierde por completo su identidad y es el lenguaje, este sistema de códigos, que se adueña de la creación de la obra. En ese sentido, se hace una rígida distinción entre cuatro figuras: i) el autor; ii) el narrador; iii) el personaje; y iv) la persona. En “Conversación en La Catedral”, por ejemplo, muchos le atribuyen a la figura de Santiago Zavala un parecido con Mario Vargas Llosa. Sin embargo, es solo un personaje y no se puede mezclar ni con la figura de un narrador ni con la del autor Vargas Llosa y mucho menos con la persona Vargas Llosa. El autor es solo una parte y un momento de Mario Vargas Llosa, no toda la persona del arequipeño.

En ese sentido, ¿qué se puede decir sobre “La ruta Zavalita” inspirada en los lugares mencionados de la novela? A grosso modo, este recorrido titulado como “Tras los pasos de Zavalita” permite conocer puntos representativos de la novela. La conocida avenida Tacna, La Colmena por el ex Hotel Crillón, la Plaza San Martín, el Bar Zela y la casona de San Marcos son algunos de los lugares que más resaltan en la narración. Ahora bien, ¿cómo demarcar la línea entre realidad y ficción en este caso? Si bien Barthes, en “La muerte del autor” no habla explícitamente de una demarcación en la trama, se puede aplicar la misma lógica para realizar una crítica del caso. Zavalita (Mario Vargas Llosa para algunos), tras el encuentro con Ambrosio, se reúne con él en “La Catedral”, conversación que le da vida a la obra. Como ya se explicó en líneas anteriores, existe una clara diferencia entre el personaje, el autor y la persona Vargas Llosa. Además, a pesar de que ese bar, con el mismo nombre, haya existido en Lima, exactamente en las primeras cuadras de la Av. Alfonso Ugarte por la plaza Unión, el mismo hecho de que se ha ficcionalizado el lugar no hace auténtico todo lo que sucede en ese lugar durante la obra. Sí, la avenida Tacna está llena de carteles descoloridos, de transeúntes sin humor, pero es real únicamente dentro de la ficción.

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Este recorrido, por tanto, se trataría un recorrido ficcional. Un recorrido, como su mismo nombre lo dice, de los pasos de Zavalita, de un personaje ficticio y no de alguien que existió de verdad. Eso no le quita el hecho de que el autor de “Conversación en La Catedral” se haya inspirado en ciertas personas y lugares para la creación de algunas escenas.

Por el momento, solo toca decir: ¡Felices cincuenta años, Zavalita! Nosotros tampoco sabemos en qué momento se jodió el Perú ni en qué momento nos jodimos nosotros mismos.


Los esperamos el martes 11 de junio a las 4pm en el Café Cultural de Estudios Generales Letras para continuar con la celebración