Existen tiempos difíciles, alegres, oscuros y tensos; y, por supuesto, los tiempos del carnaval. El carnaval de Lima ha sido es y siempre será uno de los momentos más esperados por muchos niños, ya que salen a las calles con balde, globos y pintura en mano, con muchas ganas de empapar a los vecinos y de festejar a lo grande. Pero los carnavales también significan la salida de unos seres traviesos capaces de todo, los famosos diablos bailando al compás del son.

Los carnavales se celebran como despedida de todos los placeres antes de iniciar la Cuaresma católica; en esta época era el tiempo del desenfreno, del paganismo, de las mofas. Llega al Perú en los tiempos de la Colonia a manos de los españoles y es considerada como una  fiesta del eterno retorno,lo que significa que es una fiesta muy esperada.

Las tradiciones carnavalescas no son íntegramente españolas, ya que en Perú se celebraba una fiesta parecida pero con una temática más agrícola. Durante la Colonia fueron las clases altas quienes hicieron jugar a las clases bajas, y se les daba 3 días libres para gozar de banquetes y  múltiples festejos.

Es en este panorama nacen el Son de los Diablos, danza bailada mayormente por afro-descendientes que acompañaban la celebración del Corpus Christi y que posteriormente se acoplarían a los carnavales. El Son es bailado con máscaras, tridentes y rabos; se acompaña con el zapateo y movimientos acrobáticos, así como gritos al público para asustarlos. En el Son siempre son infaltables las guitarras, las cajitas, los cajones y quijadas de burro.

A pesar de las repetidas veces en las que quisieron prohibir los carnavales y así, el Son de los Diablos actualmente grupos artísticos como Yuyachkani realizan la comparsa del Son de los Diablos anualmente en donde todos están invitados a participar, manteniendo así la hermosa y jocosa tradición carnavalesca. Así que cuidado cuando camines por las calles en tiempos de carnaval, que se escapan los diablos.