En Perú, el año 2018 significó un aproximado de 150 casos de feminicidios. Esto es, toda una serie de terribles asesinatos hacia las mujeres por razones injustificables y un número mayor en denuncias sin atender. A pocos días de haber comenzado este nuevo año, las cifras ya muestran cinco nuevas víctimas. Ante este escenario altamente peligroso se han dado diversas manifestaciones para denunciarlos. A partir de las denuncias formales y las innumerables marchas, se crean focos de atención y concientización en la población para que estos acontecimientos desaparezcan de una vez por todas. Además de las ya conocidas y mencionadas acciones que se están llevando a cabo día a día, la literatura también es un arma poderosa en estos casos.

¿De qué manera puede la literatura ser usada como un arma de denuncia? Si bien se considera muchas veces a este arte como un medio de entretenimiento, existen algunos textos que encarnan un poder simbólico bastante fuerte. Por ejemplo, como mencioné en un artículo anterior, “El Túnel” de Ernesto Sábato puede ser leído como un testimonio de un hombre asesino que mata a una mujer, sin tener un verdadero vínculo amoroso realmente, debido las actitudes obsesivas que tenia hacia ella. Además de este ejemplo de novela corta, últimamente están circulando textos acompañados con imagen que reflejan a la víctima y cómo está fue maltratada. Leí hace poco acerca de un grupo colombiano de la Universidad de Los Andes titulado “Las Troyanas”. Se trata de un grupo de jóvenes estudiantes de la facultad de Ciencias Sociales (fundado en el 2015), que tiene como objetivo establecer un nexo próximo entre la sociedad colombiana y los relatos de las mujeres abusadas sexualmente en medio del conflicto armado. Ellas utilizan cuentos, ilustraciones y fábulas para contar las historias de estas mujeres desde una perspectiva reivindicadora, mas no revictimizadora. Esta diferencia supone un espíritu más de lucha y acción, de manera que tanto las mujeres víctimas del caso como las personas que las rodean decidan tomar las riendas del asunto y cambiarlo, y no quedarse en la pasividad.

En Perú, no he visto específicamente cuentos o revistas que recolecten estas historias en forma de concientización para la población; no obstante, en redes sociales como Facebook, se difunden diariamente ilustraciones, imágenes y biografías de aquellas víctimas del feminicidio. Por ejemplo, en el grupo de la movilización “Ni una menos”, se comparte diariamente casos que no llegan a una difusión nacional por los medios, por ser considerados ‘casos menores’, pero que guardan, de igual manera, una importancia bastante grande. Casos de estrangulamiento, amenazas, minimizaciones, golpes y hasta matanzas son los que se leen con frecuencia en este grupo.


Ejemplo de ilustración respecto del tema

¿Cómo puede ayudar la literatura en estos casos? O, mejor dicho, ¿es capaz de hacer algo frente a esta situación que se vive en el país? Siento que, a través de los textos, se puede crear una mayor concientización acerca de lo que está pasando, para luego, pasar a la acción. Tal como se anuncia con el grupo de “Las Troyanas”, se trata más que nada de hacer saber estas historias desde una perspectiva de reivindicar y luchar para que esto no se repita y, además, para no quedarse únicamente con la figura de una re-victimización.

Partiendo de las formas literarias de expresión de estas historias aterradoras encuentro dos en particular: el testimonio y el texto híbrido (ilustraciones acompañadas con texto).

El primero es un género que aún sigue en discusión, debido a que no existe un consenso acerca de sí es que se le podría considerar como parte de la literatura o sólo como un texto de índole jurídica. En especial, la academia norteamericana ha investigado más a fondo el tema. Por ejemplo, John Beverley en su artículo “Anatomía del testimonio” (1987) propone una definición para este género considerando la extensión de este tipo de textos, la unidad narrativa que encierra, así como la situación del narrador o sujeto en cuestión. Me quedo con el aspecto que señala Beverley acerca de la experiencia del sujeto: una forma de vida de pobreza, explotación, marginalización y represión. Tomando en cuenta estos aspectos, aquellos textos testimoniales de víctimas del feminicidio entrarían dentro del género literario descrito por Beverley. Creo que la ventaja más clara de esta forma de expresión es tener, de primera mano, las experiencias vividas por la persona involucrada en el episodio traumático, sin mucha cubierta de ficción, como en el caso de los cuentas o las novelas.

Otra forma que me parece interesante para transmitir este tipo de historias y poder llegar a una concientización y cambio es el texto híbrido, aquel que mezcla una ilustración con un texto. A continuación, colocaré algunos ejemplos, no sin antes mencionar algunas características de estas formas de expresión. Muchas veces, una imagen o ilustración puede transmitir mucho más que un texto (eso, evidentemente, depende del mensaje; algunos temas se plasman mejor de una manera en específico y otros de otra). Además, se crea una mezcla bastante atractiva a los ojos por medio de estos dibujos y los mensajes que los acompañan.

Imagen acompañada de un texto representando el apoyo mutuo entre mujeres
Ilustración de “#NiUnaMenos”
Ilustración representando la lucha
Otra ilustración que representa la lucha y el apoyo entre mujeres

De todas maneras existe un cambio en la forma de percibir estas situaciones y el cómo actuar frente a estas gracias a las historias que se comparten a través de las redes sociales, ya sean testimonios propios con identidad o denuncias anónimas. Por medio de esta difusión no sólo se concientiza a la sociedad en cuestión, sino que se crea una atmósfera de apoyo al saber que existen personas que desean luchar por todos los casos compartidos. Los diversos testimonios ayudan a dar cuenta de las situaciones, le dan presencia a un problema que viene arrastrando la sociedad peruana desde hace muchos años y crea, además, un deseo de lucha por cambiar y erradicar todos los abusos contra la mujer.

¡BASTA YA!