Rossana Díaz Costa es guionista, directora de cine y profesora universitaria. Además, desde hace más de ocho años dirige el Cine Club de Letras, un espacio de encuentro para los miembros de la comunidad universitaria que gustan del séptimo arte. Una tarde antes de que los exámenes finales nos sofoquen, me concedió una entrevista en la que conversamos sobre este proyecto, su experiencia en Europa, los efectos del streaming en el cine, entre otros temas.

¿Cómo se forma el Cine Club de Letras?

Esto empezó en el 2008, cuando llegué de España. Me di cuenta que no había un espacio para ver películas, que la cartelera comercial era un desastre, y que no estaban llegando un montón de películas. Además, los chicos podían tener un montón de acceso a películas en Internet pero —si no tienes el criterio—, ¿qué cosa eliges? Tienes que conocer de cine para llegar a las buenas películas. Entonces, se me ocurrió hacerlo yo sola con mis películas. Era algo chiquito y todavía no se llamaba Cine Club, sino era una muestra de cine que había de vez en cuando. Recién el año 2010 es que esto empieza a crecer y el decano de ese momento, Fidel Tubino, que le gusta mucho el cine, dijo que lo quería apoyar con dinero y todo lo necesario para que sea una cosa más grande. Esto también a partir de que hubo una muestra de cine y literatura que organicé con lo que viene a ser ya luego el Cine Club. Hicimos un montón de funciones por toda la universidad. A partir de esto le programé [a Fidel] bien eso que era de Estudios Generales Letras y dijo “ya, vamos a hacer el Cine Club”. Entonces, en realidad desde el 2010 hasta ahorita, desde hace ocho años, que esto es oficial. A partir de allí es que empiezan a entrar los voluntarios, ya es más veces a la semana, ya no tenía que estar yo todo el rato y se repartía este material de lectura. O sea, empieza a ser todo mucho más coordinado y con más gente, además.

¿Quienes participan de este proyecto?

Yo, que soy la coordinadora y programadora, junto con tres chicos que elijo de mis clases de cine que veo, además, que están viniendo al Cine Club. Es gente que veo que se están haciendo cinéfilos, que saben mucho de cine. Pasan por mi filtro, por decirlo así. Entonces, son todos ex alumnos o alumnos que tengo en su momento a los cuales los invito. En realidad, solo han habido tres grupos. El primer grupo, que hablo de esa época que empezó. De ahí se han ido graduando uno por uno y recién ahorita es que hay como un segundo nuevo gran grupo que han ido entrando de a poquitos, han habido como dos generaciones y media, y se van a quedar ahí hasta que ellos decidan o hasta que se gradúen y salgan de la universidad. O sea, es un trabajo que tiene años, no es que lo hacen un mes y al mes siguiente no, se quedan ahí.

¿Y cómo se escogen y programan las películas que se van a exhibir?

Como se programa cualquier Cine Club y filmoteca del mundo. O sea, son reuniones que tenemos antes para ver y consultar ideas, para ver qué cosas podemos mostrar este ciclo que no se haya mostrado en anteriores. Se retoma siempre la idea de enseñar historia del cine. A veces es por temas o por especialidades, también depende de las circunstancias del país. O sea, son programas que vamos pensando según las circunstancias de todo y nos ponemos de acuerdo entre lo que hemos visto. Las películas  actuales vienen por parte de ellos [los voluntarios], que ya son cinéfilos y rebuscan en el torrent y estos sitios, cosa que yo no hago. Por mi parte, tengo todo el conocimiento de toda la historia del cine de antes, entonces de ahí nos retroalimentamos. Es interesante porque ellos me mantienen actualizada de cosas más rebuscadas y yo los mantengo actualizados de lo que es la historia del cine en general.

Además de dirigir el Cine Club, da clases y está desarrollando la versión cinematográfica de “Un mundo para Julius”, ¿cómo defiende o encuentra tiempo para ver películas?

Bueno, desde hace muchos años que tengo poco tiempo para ver la cantidad de películas que veía antes. Antes veía una película al día. Claro, no era que me sobrara el tiempo, era a las dos de la madrugada o la veía muy de mañana antes de salir a trabajar. Una loca del cine. En los últimos años, desde que volví al Perú —en parte porque aquí los profesores tienen que dar demasiadas clases— he visto menos películas de las que veía antes. Sin embargo, he visto tantas películas antes que tengo un bagaje que me sirve para los próximos años de mi vida. Sin embargo, siempre trato de hacerme un tiempo. Como sea hay que defender el tiempo, aunque sea tarde.

Me comentaba que dicta un curso de Cine en Letras y tengo entendido que le pide a sus alumnos como parte del curso hacer un tratamiento de guión ¿Recuerda alguna historia que le hubiese gustado llevar a la gran pantalla?

Hay varias, desde que empecé a dictar este curso hay un montón de historias que en realidad se han desarrollado. Lo que más me gusta es que muchos de estos chicos, que empezaron escribiendo acá, iban a otras carreras y de repente se decidieron por estudiar cine y se volvieron cinéfilos a partir de estar en el curso. Ya luego los he tenido de alumnos de nuevo en el último año de universidad cuando he dictado guión de largometraje y es tan increíble que a veces me acuerdo que en la idea de guión de largometraje está algo de lo que estaba en su corto que alguna vez hicieron acá. Es tan interesante ver eso. Entonces son varias ideas. Sobre todo me ha dejado marcada que muchos chicos de Ciencias, de Ingeniería Mecatrónica y cosas así, que son súper estructurados, hacen ideas locas pero que están muy bien escritas; que tienen una estructura natural que los hace escribir bien.

Revisando entrevistas pasadas leí que que fue de ilegal a Europa para estudiar Cine, lo cual a muchos nos parecerá una idea muy romántica ¿qué recuerda de esa época?

Sí, una locura. Recuerdo de las dos cosas. La angustia de estar de ilegal y que la policía te está citando y te quiera botar del país; y también recuerdo momentos maravillosos de la escuela de cine. Eran dos cosas muy extremas al mismo tiempo. Tus amistades y el hecho de por fin poder estudiar Cine, y al mismo tiempo que te está persiguiendo la policía. Hasta que llegué a arreglar el problema, pero justo cuando ya había terminado la primera escuela de Cine. Después de eso es que ya me especialicé en la otra escuela, porque yo he estudiado en dos escuelas, en una estudié realización y en la otra me especialicé como guionista pero eso ya estaba legal, ya no tenía problemas en España. Digamos fue la primera etapa de mi vida en España en la que tuve estos problemas. Pero fue una aventura, la recuerdo con cariño. En ese momento tenía angustia pero ahora me da risa.

¿Alguna anécdota que recuerde con especial cariño?

Sí, tengo una gran anécdota. Siempre digo que me salvé gracias al cine. Me llegaron a poner la orden de expulsión de España. Para esto, la abogada me llevó a hablar con un tipo que era delegado del gobierno de Galicia para explicarle que era una estudiante, que estaba dando clases a chicos y que no estaba de traficante de droga ni de armas. Para que vean que es una injusticia ponerle una expulsión a una persona así. Bueno, justo a la hora que llego a la oficina, el delegado resultó ser una persona que se sentaba todos los días al lado mío en la filmoteca. Una persona muy cinéfila y se acordó de mí. “Oye, yo a ti siempre te veo en el cine”, me dijo. Entonces empezamos a hablar de cine. Además, el tipo sabía mucho de literatura así que empezamos a conversar sobre libros y conocía de literatura peruana. Entonces, claro, luego de media hora de conversación le preguntó a la abogada la razón por la que estaba ahí. “Lo que pasa es que le han puesto una orden de expulsión, ella es una estudiante”, respondió. Al final, él fue el que me salvó, porque a nivel excepcional me hizo una carta según la cual por situaciones excepcionales me podía quedar en el país. Una cosa completamente excepcional, en contra de la Policía Nacional Española, gracias al cine.

Maravillosa coincidencia

Sí, porque si no hubiese encontrado a ese señor en la filmoteca… Fue alucinante.

 

También revisando entrevistas pasadas, había mencionado que parte de la magia del cine “es una sala oscura y una gran pantalla”. ¿Se podría decir que plataformas de streaming están acabando con la magia del cine entendida de esta forma?

Ya he aceptado que los nuevos tiempos han arrasado, que no hay vuelta atrás. Está bien que eso exista. Me parece completamente válido. Yo tengo mi película en vídeo por demanda y entiendo que para mucha gente esa es la única manera que tiene para acceder a películas. Pero creo que el día que desaparezca el cine, eso ya sería el horror. Es que no solo es el hecho de estar en una sala oscura, es compartir con personas desconocidas la emoción por una película. A mí me gusta mucho hacer mi cola, comprar mi entrada, lo cual también se está perdiendo porque ahora todo lo compras por Internet. Entonces es un ritual que está desapareciendo y me parece que las películas están hechas para eso. Están hechas para verlas en una sala oscura y escuchar el sonido, no para estar con el teléfono y con todas esas distracciones.

Pero este ritual está desapareciendo o se está transformando

Está, pienso yo, desapareciendo y transformándose: las dos cosas. Porque para alguna gente que no va al cine, que todo es la pantalla más chiquita, y Netflix y todas estas plataformas están colaborando para que la gente vaya menos al cine. La ilusión de “estoy en el cine en mi casa” no es lo mismo. Por otro lado, se está transformando porque exige que las películas lleguen a un público más joven, y por eso todas ahora todas son espectaculares, llenas de efectos. Pienso que se está perdiendo la idea de ver una película sencilla en el cine. Espero que nunca desaparezca, no creo vaya a desaparecer porque siempre hay gente que va. Pero definitivamente que hay menos gente, eso sí.