Cómo lo quieras ver, yo soy romántico. Lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado, domingo; todos menos un día creado por el consumismo voraz.Soy romántico, ¡pues! Lo soy, aunque no lindo con Werther. No sé qué signifique para ti ser romántico, ¿ no es serlo al cruzar todo la ciudad, de punta a punta, con la dulce finalidad de verte un ratito, tan bella cuando precisamente caigo de súbito y estás sin producirte nada?

Soy romántico, soy “misio”, también. Soy romántico, por eso tengo las suficientes fichas inmateriales para al teléfono dormirme en la noche contigo. Tengo instantes aquellos en los cuales solo se necesita el calor reparador de un abrazo.

No entiendo que es para ti ser romántico, porque no tengo peluches que tarde o temprano se agotan, pero, en cambio, te tengo reservado versos infinitos, que perduran, que no se dañan con el polvo. Prefieres felpas de unos meses, a unas letras eternas. Te escribo para siempre, pero tu nada, no es nada.

Soy romántico, ¡vaya! No tendrás rosas envueltas en papel celofán, pero te reservo días inolvidables con las simples cosas de la vida. Pero tu nada, no es nada. Para ti romántico es ser otra cosa.

Conóceme, prefiero salirme del molde, no encajo en el stablishment del cual haces hígados, pero adoras. De mí, te sentirás flotar por las cabezas de cualquiera, porque no tengo mucho, pero tengo mucho de lo que nadie podría darte.

Me comporto como un mago: de la nada, un ramillete de deslumbrantes sorpresas.  Pero tú nada, nada, como es hoy, tan lejana. Soy romántico, pero tú nada, no es nada.