Cuando disfrutamos una producción audiovisual, estamos observando mucho más que la armonía de sus elementos: las interpretaciones, la música, el guión y los efectos especiales. Se puede concebir diferentes versiones de una misma historia dependiendo de la persona que se encuentre detrás de las cámaras. Esta característica es conocida como la mirada del director. En la actualidad, los cuestionamientos que recibe el mundo del cine han dado paso a la popularización del concepto female gaze o la mirada femenina. Para entender mejor su impacto y el poder de su uso, utilizaré como ejemplo una de las obras románticas más sublimes de los últimos años: “Retrato de una mujer en llamas”, la cual considero como la máxima expresión de esta perspectiva. 

Su directora, Céline Sciamma, no es ajena a esta perspectiva, puesto que es una característica de toda su filmografía, resaltando Girldhood (2014) y Water Lillies (2007). Ella menciona que le interesan las narraciones que se mantienen ocultas del mundo, en las que priman la intimidad de los personajes, siendo esta la clave del reconocimiento de la mirada femenina en general. Marianne (Noémie Merlant) y Héloïse (Adèle Haenel), las protagonistas, desarrollan un romance en un espacio en el que comparten sus pensamientos e intereses. Su relación se intensifica a través de sutilidades y miradas hipnotizantes, al punto en el que las palabras se ven reemplazadas. Se toma el tiempo para validar las emociones de cada una y hacia la otra. Son mostradas con respeto, debido al guión y movimientos de la cámara, por lo que sentimos gran cercanía hacia ellas. La dirección estuvo planificada para que cada gesto o momento captado tuviera una razón de ser, logrando así una pulcra y artística cinematografía. 

El hecho de que los sucesos de la película acontezcan en un ambiente femenino, permite que se de paso a posicionar conversaciones sobre la menstruación, el matrimonio, el sexo, el deseo y el aborto como parte de la cotidianeidad. Para Sciamma, resultó importante dar a conocer en el guión que las discusiones que existen el día de hoy alrededor de estos temas, han sido parte de una época tan complicada para las mujeres como es el siglo XVIII. No hay exageraciones, dramatizaciones y mucho menos una representación sexualizada de ellas, como suele ocurrir con el male gaze (mirada masculina). La sororidad se percibe en diversas circunstancias como en la escena en la que las protagonistas acompañan a la joven empleada a realizarse un aborto. Son momentos realmente tiernos que destacan por su delicadeza y poesía que gira a su alrededor. Cabe aclarar que un film con esta visión no necesariamente tiene que abordar estas temáticas. 

El arte en muchas de sus expresiones como la música, la literatura y la pintura le agregan un mayor sentimentalismo a la historia. Se sienten como momentos que parecen colocados al azar pues están repartidos por toda la película, pero al final se convierten en representaciones de la pasión vivida por las protagonistas. Cuando Héloïse escucha la orquesta de “La tormenta” de Vivaldi en el teatro, recuerda a Marianne y se ahoga en llanto. Una escena espectacular y dolorosa, que te deja sin aliento, ya que el espectador conoce lo que está detrás. Otro momento muy emotivo es cuando Marianne observa un retrato de Héloïse en el que tiene un libro, señalando una página que oculta un dibujo de ella. Un claro guiño hacia un momento íntimo. Es inevitable pensar en cuántos detalles e historias escondidas pueden existir en las obras artísticas. Esto se complementa muy bien con la dirección de arte, que se encarga de resaltarlas sobre el lugar en el que se encuentran. La experiencia de ver esta película te hace sentir que eres cómplice de este secreto. 

¿En qué radica el impacto del uso de la mirada femenina? Basta simplemente con observar cómo en la historia del cine, la mayoría de las producciones están lideradas por varones, cuya forma de entender el mundo predispone a las mujeres como planetas que giran alrededor de su órbita. Esta realidad implica para la actrices ocupar determinados papeles como madre, esposa, amante o hija. La mayor parte del tiempo, estos personajes no tienen un verdadero desenvolvimiento de su personalidad o sus metas. A esto se suma el enfoque que reciben sus cuerpos. El female gaze se presenta como una contraparte necesaria, cuya presencia se hace cada vez más fuerte en todos los géneros del cine y televisión bajos sus propias reglas (“Black Widow” o “Fleabag”, por mencionar algunos ejemplos). “Retrato de una mujer en llamas” fue concebida por Sciamma como una oda a esta noción; de modo que el guión, sus personajes, su exquisita fotografía y sus simbolismos han dado luz a una película que dejará sin palabras al espectador.