He pasado algunas semanas sin escribir nada, pues el ritmo universitario me ha ocupado más tiempo del que pensaba. He decidido volver, aunque brevemente, con una noticia que ha salido en más de un medio y que me ha resultado de vital importancia para darnos cuenta de que el cambio para bien sí sucede en un mundo que está tan dominado por el cambio para mal. Hay que saber dónde verlo, sin la gran resignación de la fatal cotidianidad.

Podemos recordar, sin mucha dificultad, que hace más de ochenta años el nazismo reinaba en Alemania. El nazismo significó -no solo en esa parte del mundo, sino también en otros lugares- una de las peores expresiones de la tiranía y del odio inmensurable hacia diversos grupos humanos. Ellos habían elegido la cruz esvástica como su símbolo representativo que, junto con otros signos más, constituían identificaciones de adhesión y agrado por el partido.

Hacia el día de hoy, las cruces esvásticas representan, claramente, dos cosas: en primer lugar, que sigue habiendo gente, de algún modo u otro (esta deducción no es en absoluto directa o necesaria, es probable y tentativa), que guarda simpatía con el partido Nazi; en segundo lugar, que esta gente tiene todas las ganas de hacer público su agrado por algún aspecto del nazismo.

Sé que podría resultar totalmente normal para uno darse cuenta de que, en un mundo como el nuestro, tan diverso, tan libre, pero a la vez tan desgraciado e injusto, muchos podrían encontrar la solución en un sistema tiránico que le dé otro matiz a una desgraciada vida.

Sin embargo, a esto respondo yo, que a problemas desesperados, de ninguna manera deben ser tratados con intentos de solución desesperados; todo lo contrario, si se tiene en cuenta lo terrible existente en esa época, también, descubrirá gran dificultad para vivir de tal manera. Las razones no son pocas: poder absolutista, asesinatos sistemáticos, control por coacción y miedo, creencia en una raza superior, quema de libros, trata terrible hacia ciertos grupos sociales, etcétera.

La solución de la que hoy quería hablar un poco en mis líneas iba por el lado ideológico y simbólico. Todo ello que causa(ría) una esvástica en la percepción moral o social de la gente, de pronto, se puede desvanecer con el simple hecho de repintarla. Eso es lo que ha comenzado a suceder en Berlín con la idea del “#PaintBack”. Con esta idea, se da inicio a un cambio radical y muy pacífico (aparte de claramente ideológico) en relación a “todo aquello simbólico” que viene a representar esta esvástica en diferentes lugares de Berlín y Alemania, en general.

Esta forma de eliminar los estragos del pasado en el ámbito cultural en tanto transforma las esvásticas en conejos, personas e incontables “seres” (en el sentido más abarcador de la palabra) nos abre los ojos y nos dice: “Transformemos lo horrible en hermoso. Convirtamos lo uniforme en lo diverso. Cambiemos de un sistema opresor a uno libre”.

Tengamos cuidado, no obstante, cuando pensemos en cómo esto nos hace reflexionar. El ocultar estas esvásticas como símbolos nazi no debe, por un lado, significar olvidar el pasado y, por otro, que esto sea excusa para repetirlo. De nuevo, todo lo contrario, este ocultar solo se puede dar en cuanto se sabe lo atroz que fue esa época. La batalla debe ser simbólica e ideológica, y esta batalla no debe significar olvidar, para siempre, que eso pasó en el mundo. Debe ser un aliciente para seguir recordándolo y saber, con incluso mayor satisfacción, que estamos venciéndolo.