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Octubre es, si se ve desde los ojos de la coyuntura gremial, el mes de las vísperas para las elecciones de Centros Federados (CF) y de la Federación de Estudiantes (Fepuc) de Nuestra-PUCP. Es, además, un mes en el que las agrupaciones inician el calentamiento para las campañas que se darán en noviembre. Es así que, dentro de este “calentamiento”, surge la necesidad de cumplir con propuestas para una reforma política en nuestro sistema político-electoral.

La recolección no representativa

Para lograr postular a una Mesa Directiva (MD) en el gremio los que desean presentar una candidatura deben cumplir ciertos requisitos. Esto con el objetivo de, supuestamente, dificultar y legitimar a las listas, eventualmente, de postulantes. Ejemplo de ello es esta suerte de “carrera agresiva” para recolectar firmas por el campus de la PUCP.

La recolección de firmas es un requisito que tienen las agrupaciones y los interesados en postular con una lista a los CF´s o a la Fepuc.  Cada grupo de alumnos-ciudadanos que busque postular a una MD, en cualquier facultad, debe buscar recolectar un número determinado de firmas. En los informes actuales de la Junta de Fiscales (JF) –encargada de fiscalizar las elecciones en gremio– se  señala que “El número de firmas necesarias para la inscripción de una lista es correspondiente al 10% de alumnos matriculados en cada Facultad, Unidad Académica, o en toda la universidad, de ser el caso”. Por ejemplo, en Letras, el mínimo necesario para que una lista logre inscribirse es de 416 rúbricas de alumnos regulares de la facultad. Otro ejemplo son las 1865 firmas que se necesitan para postular a Fepuc este año. Estas cantidades son, como ya se ha mencionado, el 10% de la población a la que se busca representar.

Para lograr el objetivo, quienes desean postular desarrollan una distribución zonal entre los integrantes de la lista y allegados a esta por toda la universidad con padrones vacíos aún. En Letras – que posee, junto a las elecciones de Fepuc, la contienda más difícil y diversa – por ejemplo, hay siempre recolectores de cada lista en el Tontódromo, en Mesitas de ajedrez, por la entrada de la Facultad de Educación, en la Rotonda, entre otros lugares, a la espera de alumnos caminantes. Cada firma debe ser única y debe ser brindada por un alumno de la facultad que esté pagando mensualmente un mínimo de 12 créditos, lo cual lo convierte en alumno regular. Además, el alumno no puede ser un alumno de intercambio y sí puede ser cachimbo. Por otro lado, en caso, se repita una firma en dos listas diferentes de la misma facultad, estas se anularán y no será contada.

Sin embargo, en esta búsqueda de recolectar las firmas necesarias, existen efectos colaterales. Uno de ellos, es el hostigamiento desvergonzado al alumno, el cual ha terminado por deslegitimar parte de nuestra política interna y ha desarrollado un desinterés por la misma por este y otros factores que se explicarán más adelante.

Tras el acoso, al logra la recolección de firmas necesarias, se supone esto es un indicador de que existe un respaldo para dicha lista y para un eventual plan de gobierno, el cual aún no es público, pues, este es presentado oficialmente solo por las listas que pasaron la valla del 10% de rúbricas. Es así que el sistema de firmas es aún conservado como una “demostración” de legitimidad de las listas que logran completarlas.

Sin embargo, la pregunta clave sería ¿qué tan representativa puede ser una firma en nuestro contexto? Ante esta interrogante la única respuesta es que son absolutamente nulas de valor. La recolección de firmas solo demuestra que los alumnos en general firman muy fácilmente o que las firmas las falsifica cualquiera. Esto, obviamente, no es una denuncia, es una posibilidad. En nuestro sistema político, se necesitan menos firmas y más indicadores objetivos de representatividad. La actual crisis de agrupaciones políticas que poseemos es realidad debido a un conjunto de detalles existentes. Uno de estos detalles es, pues, el actual sistema de recolección de firmas.

No obstante, en nuestra universidad, el promedio de alumnos-ciudadanos no solo afirma que nuestra lucha político-universitaria es una dinámica de juego y de poca representación debido al hostigamiento que se vive en la recolección de firmas. Esta percepción negativa es también debido a otros factores.

Uno de estos es que las agrupaciones políticas de nuestra universidad y quienes a través de los años se han establecido en cargos de representación no ha logrado crear un vínculo armónico con el alumno-ciudadano. Es decir, lo oye, pero no lo escucha; lo ve, pero no lo representa. Otro motivo es, precisamente, la época de campaña, puesto que desde la acaparadora recolección de firmas – que se traslada, en un acto extremo, a la puerta principal de la universidad en la Av. Universitaria – hasta el mismo día de elecciones, pasando por un turbulento silencio electoral – en el cual surgen memes y hackers en redes sociales – y pasando, también, por los estilos de campaña en los cuales se llega a hacer clientelismo político, el posible votante ve poco profesionalismo y poco compromiso público por parte de los candidatos y/o agrupaciones. Este compromiso público, para el alumno-ciudadano, es reemplazado por un compromiso privado/partidario. Finalmente, las instancias de representación estudiantil del gremio poseen poca legitimidad, porque, la población que votó es mínima a comparación de la población que podría votar y esto reduce la maniobrabilidad de los elegidos. Actualmente, son más las personas que firman padrones que las que votan. Esto es una evidencia medular de la crisis de representación en la política de la PUCP.

El voto facultativo y el contacto con el alumno-ciudadano

A este fenómeno se le denomina ausentismo y se da en toda la universidad. Se da tanto en elecciones para el gremio (noviembre) y el cogobierno (abril). Por ejemplo, en Letras, la votación del año 2011 para el CF fue de un total de 1266 alumnos de un total de 3950 y, en 2012, de 1233 de un total 4180 de ellos. Es decir, solo tres de cada 10 alumnos-ciudadanos ejercen su derecho al voto en noviembre. En Fepuc, el caso es aún más difícil. Este año el total de alumnos-ciudadanos con derecho a voto es de 1 8650. En años anteriores ha sido una cifra mínimamente inferior. Es así que en el año 2009 la votación total fue de 3534 sufragios; en 2010, de 3460; en 2011, de 4845; y, en 2012, de 4079. En todas estas elecciones de Fepuc hubo dos listas postulantes. Esto es importante, porque si se desea medir la legitimidad de origen de, por ejemplo, nuestra actual MD Fepuc, uno de los indicadores debe centrarse en que solo un quinto de la población total votó en dichas elecciones y que solo un poco más de un décimo votó por dicha lista, la cual obtuvo 2356 votos de 4079 emitidos de un total de 18650 potenciales votantes. Como inciso, permítaseme recordar que la medición de la legitimidad es fundamental en momentos como el actual, en el cual se busca realizar reformas ambiciosas que producirían un cambio radical de la política universitaria en Nuestra-PUCP sin la correcta información al respecto.

En esta instancia debe analizarse el vínculo que existe entre los supuestos representantes y los supuestos representados. Para esta sección, creer en que se debe esperar a que con el actual voto voluntario/facultativo se va a crear un vínculo con el alumno-ciudadano es irreal, puesto que las agrupaciones actualmente poseen comodidad con el ausentismo electoral. Dicho ausentismo permite que, en muchos casos, con solo la cantidad de una red de amigos y cercanos se obtenga el poder en diversas Mesas Directivas. Esto sí afecta, definitivamente, la representación y debe cambiarse.

Menos firmas, más votos

Uno de los puntos centrales de lo que debiera ser la búsqueda de la eficiencia en la política-universitaria es la participación. Al existir participación, existe representación, puesto que las agrupaciones existentes estarían frente a una masa de gente activa que interactúa, se queja y busca propuestas. Por todo esto, creemos que el actual requisito de recolectar firmas para inscribir una lista es dañino para nuestro sistema político, por lo cual se debe eliminar esta tara y se debe complementar con una propuesta democrática de voto obligatorio.

Debido a la actual situación y partiendo de la premisa anterior en pro de la participación, se invoca a un debate el cual buscamos contribuir con una propuesta en pro de la profesionalización de nuestra Lucha político-universitaria.

Se anuncia que esta reforma estaría, de manera inicial, enfocada al sector gremial de nuestra política universitaria, puesto que el cogobierno es un sector de dicha política que necesita un debate aparte. Además, es importante señalar que no se busca presentar un conjunto de reglas y pasos escritos en piedra para finalizar el proceso. Se busca, en primer lugar, un debate público y, en segundo lugar, en base al debate, un conjunto de consensos para delimitar el tiempo del proceso y el cómo llegar al fin de este.

En primer lugar, se debe eliminar la figura de la recolección de firmas. Tras esto, se debe delimitar un conjunto de requisitos para empezar a realizar una profesionalización de las agrupaciones política para que, tras un filtro, pasen a ser un conjunto de agrupaciones políticas oficiales (APO). Este proceso debe ser arbitrado por la Junta de Fiscales. Es así que para su profesionalización, las actuales agrupaciones informales deben poseer ciertos requisitos: 1) un mínimo de integrantes de la agrupación (que sea confidencial), 2) un mínimo de organización (que puede ser medida con la presencia de un Estatuto y/u otros documentos), 3) un mínimo de proyectos realizados en nuestra universidad. En el final de este proceso, uno de los incentivos para realizarlo sería la posibilidad de postular a Mesas Directivas en el gremio. Además, otro de estos debe ser la prohibición de que un miembro de una APO pueda ser parte de la Junta de Fiscales. Esto contribuiría a la transparencia de las elecciones y de las Asambleas. Por último, para poder continuar siendo una APO, en cada año, se debe ver la cantidad de representantes que logró dicha agrupación. Es importante señalar que las vallas para ser una APO no deben ser imposibles para posibles nuevas agrupaciones. Con respecto a los independientes, estos, en su mayoría, por su falta de experiencia y conocimiento de la política universitaria, lograrían más desde su sociedad con las APO. Las cuales, por supuesto, deben respetar su independencia voluntaria.

Ya en elecciones, para empezar, se deben alargar las campañas y la Junta de Fiscales debe presentar el cronograma de manera pública con un mínimo de un mes de anterioridad a la presentación de candidatos. Por otro lado, como las agrupaciones están presentes en solo algunas facultades y no en todas, para poder reemplazar la actual recolección de firmas, se presentarían una lista de nombres de un mínimo de simpatizantes de alumnos de la facultad no necesariamente regulares. Este proceso se debe adaptar a la realidad de la Fepuc, que abarca a todo el gremio. El número mínimo de esta lista debería ser debatido por la Junta de Fiscales en base a la realidad de cada facultad. Al tener mayor tiempo para planificar su organización, debido a que el cronograma será público con bastante anterioridad, las APO podrán lograr extender redes para presentar esta lista de simpatizantes que será fiscalizada por la Junta de Fiscales. Finalmente, se debe normar la figura del voto obligatorio. Esta figura, para no resultar perjudicial al alumno-ciudadano, debe contar con la facilidad de una multa pequeña en cantidad y al votante se le debe dar la facilidad de una votación electrónica de tres días. Hay agrupaciones que señalan que las elecciones en ánfora son las más legítimas, puesto que, al concretarse una votación electrónica, podrían hostigarse, como ya se ha hecho antes, a los alumnos con laptops o celulares con internet. Sin embargo, dicha posibilidad queda descartada, puesto que ninguna agrupación podría controlar la votación del 50% + 1 de la población de Nuestra-PUCP para alzarse con una victoria ilegítima. Finalmente, al concretarse la figura del voto obligatorio las listas ganadoras tendrían una legitimidad de origen total, mientras que los electores tendrían la obligación de informarse e interesarse por los planes de gobierno de los candidatos. Además, en época de gobierno, los alumnos-ciudadanos se sentirían parte de esta suerte de Nación-Universitaria, la cual contaría con un gobierno que tendría que rendirle cuentas y se mediría en el momento de hacer promesas que serán fiscalizadas por sus votantes y sus opositores; es decir, toda la población.

  • Alexis

    “Actualmente, son más las personas que firman padrones que las que votan. Esto es una evidencia medular de la crisis de representación en la política de la PUCP.”

    Tienes bastantes afirmaciones de este tipo, pero no las pruebas ni documentación. Si quieres que te tomemos en serio, empieza por ser un poco más responsable con tus artículos.

    • Daniel

      el año pasado para las elecciones en letras hubieron 4 listas, lo minimo para pasar la valla de firmas fue mas de 400, si multiplicas te da algo de 1600, votaron 1200 personas, las pruebas las publicó la junta de fiscales, si te tomas un tiempo para buscarlas sería bien chevere

  • Luis Gavidia

    El problema está en que tienes que llevar a los estudiantes a las urnas. Y lo que siempre se da es que a muchos estudiantes poco le interesa la política universitaria, o como se le dice ahora representación estudiantil, por como se desprestigian en campañas (memes, golpes bajos en debates, etc”) además de sentir al centro federado como un organismo lejano a ellos cuando en realidad es un organismo al servicio de estos, por más esfuerzos que estos miembros hagan por acercarse al estudiante. No me sorprendería que las elecciones de noviembre para el MD de EEGGLL terminen siendo definidas por militantes de las agrupaciones y cachimbos “politizados”.

  • Diego

    En mi opinión un voto obligatorio haría que algunos estudiantes se lleguen a informar mas, pero el populismo por parte de algunas agrupaciones se haría mucho mas grande, habría que analizar tambien como poder parar este fenómeno que tanto daño esta ocasionando a la política universitaria

    • Giancarlo Portugal Velasco

      Sí, concuerdo con que existe la posibilidad de un populismo, pero creo que este podría ser una consecuencia ínfima en el corto plazo, puesto que, a largo plazo, las agrupaciones opositoras o no populistas tendrían la oportunidad de negociar con mayor claridad. Esto porque tendrían un respaldo electoral que les permitiría hacer frente a propuestas electorales que son evidentemente imposibles de cumplir.