Recapitulemos lo que sucedió hace unos días en las elecciones de los representantes estudiantiles ante la Asamblea Universitaria (REA):

1. Fueron 74 los postulantes: 23 de Unión Estudiantil (UNES), 24 de Intégrate Pucp (IP), 3 de Acción Estudiantil (AE), 3 de Acción Izquierda Universitaria (AIU) y 21 candidatos independientes. Como resultado, se eligieron a 28 aspirantes al cogobierno: 12 de UNES, 12 de IP, 3 de AIU y una independiente.
Lo interesante de ello es que esta última fue la más votada y una agrupación de izquierda logró colocar a sus únicos 3 candidatos en el cargo de representación estudiantil.

2. Según lo expuesto por un ex REA perteneciente a la lista Intégrate PUCP, lo que se hizo este 31 de mayo fue negociar los 4 cupos al Consejo Universitario. Así, se logró 2 cupos para Intégrate y dos cupos para UNES. Según se menciona, la representante independiente no deseó ser Consejo Universitario por querer tener la comisión ambiental en función a sus propuestas. La agrupación de izquierda no pudo concretar algún cupo para Consejo Universitario.

De ello considero que tengo preguntas válidas: ¿Es justo el sistema electoral que maneja nuestra universidad?, ¿Es justo elegir solamente determinados candidatos en particular y no a los movimientos estudiantiles o ambos?, ¿Es justo que otras facultades “minoritarias” como Arquitectura, Educación o FARES no tengan al menos un REA?, ¿Dónde queda la meritocracia en función a un plan de trabajo y no a propuestas dispersas?

Lo que viene sucediendo, a excepción de cuando se plantean bien las negociaciones –porque en realidad son negociaciones-, es que “las minorías” o movimientos estudiantiles con menos ganadores no son elegidos de acuerdo a sus propuestas. Lo que se espera es que si un candidato plantea una propuesta sobre temas de salud, la idea es que vaya a esa comisión.

Asimismo, debo resaltar que, las votaciones del año pasado para REA fue del 40-50% del total de la universidad a diferencia de este año, en las cuales sólo ha participado el 30-45% de la población universitaria. Esto claramente demuestra como va de mal en peor el poco interés por participar en los comicios electorales.

Según el artículo 80 del Estatuto de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), el mecanismo utilizado para las elecciones es el de LISTA INCOMPLETA. En otras palabras, entran los 28 postulantes que lograron la mayor cantidad de votos. Claramente, existen deficiencias en nuestro sistema electoral, al menos cuando elegimos representantes entre los mismos estudiantes, ya que meramente marcamos un NOMBRE + NÚMERO.

El hecho de marcar NOMBRE + NÚMERO es una modalidad propia del SISTEMA DE VOTO PREFERENCIAL. Por ejemplo, si el alumno “X” tras el sorteo, tiene el número #33, sólo a él le corresponde el voto. Del mismo modo sucede con los otros 23 más para los 28 REAS, sin tener influjo en la elección del movimiento estudiantil al que pertenecen.

Por esta razón es que surge la necesidad de otras teorías y sistemas electorales que permitan la institucionalidad de los movimientos políticos y su competitividad mediante un PLAN DE TRABAJO y NO CON PROPUESTAS INDEPENDIENTES Y DISPERSAS – muchas veces sin ideología -. Así, el SISTEMA DE CIFRAS COMPARTIDA lo que genera es marcar el movimiento político y no a la persona a la cual este forma parte –sea como invitado, miembro o militante.

Tengo que admitir que ambos sistemas tienen sus ventajas y desventajas, por lo cual resulta un debate profundo. Por ejemplo, la independiente que ganó como la más votada dentro de un SISTEMA DE CIFRAS COMPARTIDAS no podría ser elegida, porque le obligaría a estar en un movimiento estudiantil y posiblemente la coloquen en un número lejano al de los primeros.

Por ello, planteo un SISTEMA MIXTO el cual propone la coexistencia de ambos sistemas. En otras palabras, que se pueda votar POR EL NOMBRE y/o POR EL MOVIMIENTO. Así, el elector podrá elegir votar por el nombre para que sólo determinado candidato obtenga el voto o por el movimiento para que se acumule y pueda ser elegidos los primeros de la lista de cada movimiento.
De esta manera, por un lado, podría volver a ocurrir que una independiente sea la más votada –lo cual no está mal-. Por otro, que los mismos movimientos puedan volver a fortalecerse, ya que si una independiente ha sido la más votada significa que nos encontramos en una crisis de legitimidad de los movimientos estudiantiles en la PUCP. Sin movimientos estudiantiles, no hay democracia real.

Es necesario enfatizar que el SISTEMA MIXTO no debe estar aislado de una fiscalización de los estudiantes elegidos para tal función, pues la idea es que los movimientos estudiantiles se fortalezcan con la estructuración de listas a la REA en base a las siguientes condiciones:

– CUOTA POR FACULTADES: Por ejemplo, en estas elecciones, no hay REA de las facultades de Artes, Educación y Arquitectura. Ellos también son parte de la comunidad universitaria.

– CUOTA DE GÉNERO: Que haya participación igualitaria de hombres y mujeres.

– DEMOCRACIA INTERNA: Que las listas internas de cada movimiento sean sometidas a una votación interna, es decir, un miembro, un voto, para que quienes crean ser más legítimos dentro de su movimiento sean elegidos dentro de los primeros para las listas (los cuales tendrían más preferencia de ganar ya que con el sistema de cifras acumuladas probablemente sean elegidos por ser los primeros).

Es evidente que a través de la discusión sobre posibles reformas del actual sistema electoral para cogobierno en la REA, encontraremos un sistema justo, armonioso y proporcional. Caso contrario, será difícil obtener los cambios profundos y estructurales que necesitamos para superar la actual crisis de legitimidad de los movimientos estudiantiles de nuestra universidad. Debemos reconocer que esta problemática proviene de la afluencia crónica de propuestas superficiales por parte quienes se proyectan como autoridades de nuestra universidad. Esta situación nos trae como triste consecuencia el déficit en las proporciones de alumnos interesados en votar debido a la sensación de un falta de representación y el padecimiento de tener que soportar, año tras año, el chiste insufrible de la falta latente de propuestas serias en cada campaña electoral estudiantil.