A inicios de este mes, el BCR redujo la tasa de interés de referencia interbancaria (TIRI). La reducción fue de 25 puntos base: de 4.25% a 4%. Esta operación, que  no se realizaba desde el año 2011, fue anunciada sin más preámbulo. Esto ha motivado a que algunos analistas pongan en tela juicio la afanada búsqueda de “predictibilidad” en lo que a política monetaria se refiere.

La TIRI es la tasa de interés que cobran los bancos a la hora de realizar préstamos. Una vez que baja la TIRI, los préstamos se hacen más baratos. La reducción entra en funcionamiento, en el caso peruano, cuando el BCR compra activos financieros como bonos y certificados del propio BCR a los bancos. La entrada de dinero supone inyección, lo cual disminuye esta tasa de interés.

Así, según informa el Instituto Peruano de Economía, la reducción de la TIRI dinamiza la economía pues el crédito se expande. El otorgamiento de créditos bancarios  tiene un alto impacto en la economía real. La TIRI, principal herramienta de la política monetaria del BCR,  tiende a subir cuando hay un “sobrecalentamiento” de la economía para ponerle “paños fríos”.

Han sido cuatro las razones por las cuales el BCR se animó a usar este instrumento económico: la desaceleración de la economía nacional, el panorama económico mundial (que, en realidad,vendrían a ser solo una razón), el margen de inflación tolerable y la reversión de los factores de oferta que elevaron los precios, como el clima.

El economista Carlos Parodi Trece se pregunta qué implicancia tendría esto en un contexto mundial en recesión. Para ello, ofrece dos lecturas. En primer lugar,  que el BCR se propone mantener el crecimiento con esta inyección de liquidez. En segundo lugar, y dado el clima de desaceleración, el aumento del crédito lógicamente crearía deudas difíciles de sostener por las familias.

Hay que recordar que si bien ya pasó lo peor, como señalan algunos “líderes” mundiales, los efectos de la recesión mundial han  impactado negativamente a diversas economías a las que todavía les cuesta alcanzar el nivel que tenían antes de la crisis. Incluso, diferentes comentaristas económicos han señalado que podríamos estar viviendo ya una década perdida, conocida en la terminología económica como “estagnación secular”. El expositor de este argumento ha sido Lawrence Summers, ex economista jefe del Banco Mundial, durante la conferencia anual de investigación del Fondo Monetario Internacional. Las razones que Summers empleó van por la débil recuperación de las principales economías y la inefectividad de las políticas expansivas.

Martín Wolf, del Financial Times, ha comentado que “el hecho de simplemente restaurar un grado de salud en el sistema financiero o disminuir el exceso de deuda previa a la crisis no logrará una recuperación completa. La razón es que la crisis siguió a los excesos financieros, que a su vez escondieron o fueron la respuesta a debilidades estructurales preexistentes”. En esa dirección, Paul Krugman sugiere que el nuevo concepto de “normal”, por estos días-y siguiendo a Summers-, es la depresión moderada. “(…) la evidencia sugiere que Estados Unidos se ha convertido en una economía cuya situación normal es una de depresión moderada, cuyos breves episodios de prosperidad ocurren gracias a burbujas y al endeudamiento sostenible”. Para Krugman esto se debe a la reducción del crecimiento demográfico en EE.UU., lo que a la larga reduce la demanda.

Visto el turbio panorama internacional, volvamos a nuestro  país. Esta nueva medida tomada por el BCR naturalmente influenciará en la economía peruana. Pero, como se ha dicho, esto tiene efectos en el corto plazo. Sumémosle las actuales noticias desde el sector financiero en donde se recrimina la tendencia de los bancos a aplicar altos intereses cuando de préstamos (50% anual)  se trata; sin embargo, el panorama cambia drásticamente cuando tiene que ver con depósitos (apenas un 3% o 4% anual). Si de medidas cortoplacistas hablamos, esta bien podría calzar.