Todos, alguna vez,  hemos oído hablar de Peter Pan y sus aventuras en el País de Nunca Jamás. De la historia, resulta muy fácil identificar al niño que no quería crecer, vestido siempre de verde, de orejas puntiagudas, sonrisa confiada y rodeado de polvo de hadas. Quizá la versión de su vida que conocemos mejor es la de Disney. Sin embargo, esta puede variar de la versión original.

El libro, que originalmente fue un guión teatral y tiempo después, en el año 1991, convertida en una narración, cuenta una historia no solo repleta de sueños infantiles, sino también de anhelos perdidos y corazones rotos. Lo que lo vuelve, a pesar de lo que se pueda creer, en una lectura ideal para jóvenes.

El libro, principalmente, narra la historia de la amistad forjada entre Wendy y Peter, desde que éste irrumpe en su habitación y la de sus hermanos una noche mientras buscaba su sombra. Luego de que éste los convence de dejar su hogar para acompañarlo al País de Nunca Jamás, vuelan lejos de Inglaterra usando el polvo de hadas de Campanilla. Junto a los niños perdidos, vive muchas aventuras en su lucha constante con los piratas, específicamente contra el Capitán Garfio. En dichas aventuras, también participan otros personajes como los indios pieles rojas, un cocodrilo hambriento por carne de pirata y una tripulación no tan lista.

A pesar de lo que originalmente se pueda creer, este libro no sería el ideal para contarle un niño de seis o siete años. No solo porque la forma narrativa puede resultar compleja, sino por algunos aspectos de la historia como el asesinato de piratas en mano del menor de los Darling, la a veces calculadora y manipuladora personalidad de Peter y por el final agridulce que tiene. Pero considero que es una lectura ideal para jóvenes seguidores de lo fantástico.

Este libro se volvió uno de mis favoritos cuando lo leí hace poco. La personalidad de Peter, al principio, cuando se encuentra con Wendy, resulta inmediatamente atrayente. Su carácter presuntuoso y engreído contrasta con la caballerosidad e inocencia que muestra.

Es muy gracioso ver sus cambios de humor repentinos, en un momento puede estar enojado con los niños perdidos por intentar matar a Wendy, y al otro puede estar jugando a las peleas con ellos. En un momento puede jactarse de su inteligencia por sobre todos, y luego endulzar a Wendy con halagos en una voz irresistible.

 Particularmente, él viene a ser el mayor misterio de la historia, porque si bien él es “el bueno”, muchas veces ha estado cerca de cruzar la línea hacia el otro lado, como cuando estuvo a punto de matar dos veces a uno de los niños perdidos en castigo, creyendo que había dañado a Wendy; y fue tan solo con la intervención de ésta que no ocurrió y al instante él se olvidó del incidente.

Otro personaje bastante peculiar es la molesta hada Campanilla. Su aversión hacia Wendy la lleva a intentar matarla más de una vez, además de no ser cortés con ella en ninguna ocasión. Siempre fue insultando a todo aquel que la incomode y actuando de manera engreídamente inmadura (para un hada). Da otra nota graciosa llamando cretino a Peter por no prestarle la atención suficiente hasta cuando acababa de tomar un veneno que la podría matar. Y ella no el único personaje que llama la atención. Se tiene a James Garfio, capitán pirata que perdió su mano en una lucha con Peter Pan. Aunque se le describe como una adulto, muchas veces llega a ser tan o más inmaduro que Peter. Pero, en realidad, es justamente ello lo que le permite pensar como él para poder seguirle el rastro. Puede que sea un despiadado pirata, pero conserva ciertos indicios de cortesía y educación, cosa que lo diferencia de su tripulación.

Además, también los señores Darling son curiosos en cuanto a su modo de actuar luego del secuestro de sus hijos. Sobre todo el Señor Darling, que se culpa a sí mismo por la desaparición de sus hijos y se castiga pasando sus días y noches en la perrera de la mascota (que viene a ser una especie de niñera también) hasta que sus hijos aparecieran.

Pero lo más resaltante de la historia para mí es el final, el cual no es precisamente uno feliz. Si bien los niños perdidos son adoptados por la familia Darling y consiguen una mamá, Barrie hace notar lo monótonas y lúgubres que se vuelven sus vidas: no más volar, no más Nunca Jamás. Peter promete venir por Wendy cada año para la limpieza de primavera, luego de rechazar la idea de quedarse y crecer, pero seguidamente, como es costumbre en él, pierde la noción del tiempo y se olvida de venir por ella hasta que finalmente ya no viene. Sufre de pérdida de memoria a largo plazo, olvida quién es Wendy y los niños perdidos, incluso cómo derrotó a Garfio. Y cuando vuelve, Wendy es demasiado mayor y ya no cree. Algo de consuelo brinda el saber que la descendencia de Wendy acompaña a Peter cuando se acuerda de venir, pero él ni siquiera nota que ellas ya no son ella.

Por todos estos interesantes personajes y un final diferente que deja a uno con anhelo de más, es definitivamente un libro que hay que leer.