Recógeme Tayta

Por Carlos Oré Arroyo

 

15 de julio de 1992

Querido Tayta:
Ya falta poco para verte, tan poco que puedo sentir tu mejilla arrugada invadida por tu barba blanquiploma. Han pasado muchos años, Tayta. Viene a mi memoria el día cuando entré a la casa de adobe y vi a mi madre dándote de comer mientras estabas en tu cama esperando a que te recogieran, demorabas en pasar la comida y mi madre te apuraba, pues tenía que volver a la chacra. Terminé siendo yo el que te alimentó y fui también la última persona que viste. Al ver que ya no abrías más tu boca, cogí tu mejilla y tu rostro se fue hacia un lado. Ahí me quedé sentado y mientras te contemplaba con gran asombro y pena, recordé la vez que me contaste la historia del carnero que te salvó la noche en que te perdiste en el valle, allá por los días de cuando eras niño. Decías que en medio de la oscuridad y con el miedo impregnado en tu cuerpo diminuto viste a un animal cubierto por una lana blanca, al que seguiste y te guió de vuelta a casa, decías también que nunca más viste al animal y siempre mencionabas que creías que fue tu padre quien te sacó de la mística oscuridad bañada de la brisa andina que respiraste tan sólo ahí. Hoy no hay carnero quien me salve. Tayta ayúdame por favor, Sendero mató a mamá Zoila y hace diez años vienen obligándome a disparar a personas que no tienen la culpa de nada, dicen que son traidores de la causa popular,dicen que al esconderse y huir de la lucha armada son cómplices del enemigo y que su sangre hará saber a todos que el pueblo entero debe participar. Ayúdame Tayta, mañana van a detonar una bomba en Lima. El camarada “Sergio” dice que todos esos “pituquitos” tienen que pagar, siempre cuenta la historia de cuando él, de niño, vivía en Lima y vio que el patrón, un capitán de la policía, abusó de su madre repetidas veces y que los amenazó a ellos dos, apuntaba con su revólver diciendo que si le mencionaban algo a alguien los degollaría pues los serranos no tenían que abrir la boca. El camarada “Sergio” tiene la insignia de aquel capitán, hace dos semanas que lo ha asesinado de un corte en la yugular mientras caminaba por el centro de Lima. Eso es lo que nos ha contado y es lo que leímos en los periódicos dos días después.

Ya no quiero ver más sangre, me quiero escapar, pero ¿a dónde? Me van a atrapar de todas maneras, o ellos o el ejército. Me dirán traidor o me dirán “terruco”. Por eso espérame Tayta, que con la misma arma con la que causé la partida de cientos de almas me iré yo también, estaré con mamá y contigo y regresaremos al campo y respiraremos vida. Mi cuerpo no valdrá nada, va a importar más la vida de aquellos que mañana vayan a partir, por eso cuando todo suceda estaré ahí para explicarles, a esas almas perdidas, todo lo que sucedió.

Si hago esto es porque no hay otra solución, parece que nuestras vidas estuvieran destinadas a la exterminación. Si hay algo que tengo que agradecer a Sendero es que por ellos hoy te puedo escribir, tú sabes que no había escuela en el pueblo y teníamos que andar horas para llegar. El día que aprendí a leer me sentí en la cumbre del mundo y el día en que entendí a Mao y Marx soñé en ser como ellos. Pensé que yo sería el que algún día cambie este mundo y traiga justicia, pero hoy veo que solo sirvo para disparar y repetir arengas todas las mañanas.

Ya es hora abuelo, arréglate, ponte tu terno como cuando íbamos a la iglesia los domingos que dentro de poco me recogerás y este papel estará manchado de sangre, sangre que no vale, sangre de más. Tayta, perdona mis acciones e intercede para poder estar a tu lado. Perdóname Tayta por haber sentido gusto el día en que le pegué un disparo a aquella bestia que abusaba de esa pequeña que recién empezaba a ser mujer. ¡Tayta, Tayta, ay Tayta! Que estas lágrimas puedan enmendar lo sucedido, que esta pena me libre de toda culpa, que el corazón del mundo se apiade y que nunca se repita lo que viene sucediendo desde hace años. Dicen que con el ataque de mañana se darán cuenta que presidente Gonzalo tiene poder y que reconocerán que pronto ellos cambiarán este país, que habrá igualdad y que pagarán los que tengan que pagar. Que este disparo me salve de todo sufrimiento y a los demás también.
Te quiere,
Emilio.