Es Jueves Cultural y tengo hambre. Ya había planeado estratégicamente dónde iba a comer gracias a la aplicación “Pucp Móvil”. Mi decisión fue Artes. La opción del “básico” del día rezaba “arroz chaufa con cerdo” (no soy muy de comer arroz, pero fue la opción que se me hizo más agradable). Pero, como buena estudiante de Letras, sé que por un monto adicional puedo “agrandar” mi “básico” y adicionarle alguna entrada, esta vez fue una ensalada de col estilo KFC.

Unos minutos antes, había adquirido dos mandarinas de buen tamaño, cortesía de La Frutería, y decidí que sería mis compañeras para balancear el almuerzo seco que me tocaría probar.

  Horas antes, conversé con una amiga, en nuestro break de clases, respecto al plato básico y la alimentación en la universidad. Ella me contó que traía comida de casa, que nunca había probado el “básico”. Es bastante curioso escuchar a alguien que no lo haya comido, para mí fue casi como un ritual de iniciación de cachimbo a la vida universitaria.

A pesar de no haber probado el básico, me contó que le habían comentado que era bastante contundente. Contundente no suena mal, ¿verdad?

Las veces que ella decidía comprar en la PUCP optaba por una ensalada de Ático. También la oí hablar un poco de Fruitland y sé que le gustan las manzanas de La Frutería. Respecto al Café Cultural, me comentó con sinceridad que no le gustaba lo que ofrecía. Es genial cuando alguien te regala una opinión honesta.

Finalizó la clase. Ya con el objetivo del almorzar en Artes todo era cuestión de movilizarme. En la cola me encontré con otra amiga, nos acompañamos un rato. Luego de recibir nuestras bandejas con sus respectivos platos, quise continuar rescatando opiniones.

¿Por qué compraste básico? – pregunté.

-Es barato y quería avanzar rápido para hacer mis cosas, pero tampoco pude porque ya viste la cola que hicimos.

Conversamos un poco. Esto me dio una idea de cafetería en la que uno pueda escoger que tipo de cereal comer al igual qué ensaladas, carnes y complementos. Sonó tan práctico que hasta me puse a imaginarlo.

A partir de estas opiniones se me ocurrió descartar la idea de escribir en formato de entrevista y así crear una “Lista de ideas libres” sobre qué es lo que se conoce, percibe y caracteriza al plato básico, según mi experiencia como alumna de letras, y qué es lo que puedes hallar de él en las redes.

ADVERTENCIA: Esta lista no es un estudio novedoso de este conocido plato, sin embargo, creo, para futuros cambios, más allá de los realizados a nivel administrativo, sería interesante detenernos en algunos de estos sencillos puntos.

Plato básico:

– Es conocido por ser económico, esta es la razón por la cual las personas deciden comprarlo. Su precio, según lo percibido, tiene coherencia con lo que sirve.

– Según PuntoEdu, el básico es sano, balanceado, calóricamente adecuado y cumple con el 87% de nuestras necesidades nutricionales. Claro que esto puede cuestionarse, ¿no creen?

– No goza de mucha variedad, los complementos tienden a repetirse siguiendo el formado de legumbres, arroz y proteína (pollo, cerdo, carne). Es difícil sorprenderse con las opciones semanales de este plato.

– De todas las quejas que a nivel personal he escuchado respecto a distintas opciones de “básicos”, las que más se han repito han sido respecto al puré de papas y su consistencia, a la mala cocción de las legumbres y el sabor de los tallarines verdes y rojos.

– Las ideas de reformar el “básico” ya tiene tiempo, siendo discutidas e incluso han sido parte de proyectos dentro de cursos como Comunicación Social. Entonces, siguiendo esta línea, ¿no se supone que ya debería haber algún cambio no sólo a nivel administrativo respecto a este plato? Incluso puede que haya propuestas de reforma de las cuales nunca hayamos oído y que han sido descartadas.

– Es importante recordar que hubo problemas en abril del año pasado respecto a la venta del básico en el Comedor de Letras. Se estableció una sanción a este comedor por no seguir las instrucciones de la universidad de producir más platos según la demanda de raciones; posteriormente se les exigió la elaboración adicional de todos los platos que no han sido ofrecidos a los estudiantes.

No quiero cerrar esta edición quincenal de hoy sin antes recordar lo importante que es nuestra participación como comunidad universitaria en reconocer la vigencia de temas de interés, en este caso la alimentación dentro de la universidad. Desconozco hasta qué punto pueden ayudarnos nuestros representantes estudiantiles, pero lo que sí sé es que si no se dialogan este tipo de temas de manera abierta y organizada terminamos dejándolos pasar e incluso restándoles el peso que en un inicio tenían.

Conmigo es hasta otra edición de Vida Sana, estén atentos a las novedades que trae Letras al Mango y no olviden empezar a sacar los bloqueadores solares, no sabemos cuándo nos puede tocar otro día soleado.