Por Carlos Oré Arroyo

Maduro. Un hombre que verdaderamente no sabe lo que hace y mucho menos lo que lleva en sus hombros. Cada día, entre mentiras y discursos carentes de sentido, este muñeco del castrismo sigue lavando las cabezas a pobres hombres, mujeres, jóvenes y niños a quienes el chavismo ha convencido que dándoles las cosas fácilmente se hace buena política y se construye un futuro próspero para todos.

¿En verdad todavía hay gente que piensa así? La verdad es que sí, y eso deprime a uno.  Pues esto no es solo allá, en el país vecino, sino en casi todos los países de la región: en latitudes donde la gente ha sufrido por generaciones ( diríamos opresión, maltrato, abuso) ven en hombres como Chávez, Castro, Fujimori u otros, a hombres que piensan en ellos, aunque en realidad pretendan ganarse un voto para mantenerse en el poder. Triste realidad pero así es la cosa señores, nosotros mismos nos atamos la soga al cuello. ¿Qué nos queda? Dejar de ser el “electarado” que no piensa,  que no escucha, y que no participa en el deber cívico, entender que no solo es votar sino evaluar nuestro destino como país. Ese voto debe valer,  entonces debemos pensar a futuro, con miras a lo que aquel candidato pueda hacer mientras tenga el poder que nosotros le otorgamos.

Los venezolanos se ilusionaron y creyeron que Chávez era la solución: se equivocaron. Con la ausencia de Chávez, Maduro es como un fantasma para el chavismo, pues cada día lo destruye más.  Él no es como Chávez, no tiene el espíritu de su antecesor que alguna vez conquistó Venezuela. A Maduro le queda poco, poco de todo: de prestigio, de agallas, de respeto, de liderazgo, de orgullo, de inteligencia, de seguidores y de tiempo en el cargo que, al igual que Humala, le queda bastante grande.

Las buenas nuevas para los venezolanos es que hay un gran grupo, numeroso y comprometido, que se ha dado cuenta de todas las barrabasadas causadas en este régimen autoritario,  y quiere que este deje el camino libre al país para poder entrar en una verdadera etapa de democracia, no en una burla de lo que esta palabra significa. Es un grupo o,  me atrevería a decir, más de la mitad del país que se ha comprometido con llegar a conseguir un país demócrata y justo para los chavistas y opositores.

Admiro su lucha, admiro su dedicación, repudio todos los ataques violentistas en contra de ellos por parte del gobierno. El actual estado venezolano ha demostrado estar incapacitado para usar el sentido común, ha empezado a usar una fuerza tan bruta como la de su, llamémoslo así por el momento, líder. Rechazo rotundamente la actitud mezquina y poco valiente de los presidentes y altos mandos de las organizaciones que velan por la paz de la región, han demostrado ser muñecos o sobones de un régimen autoritario que los tiene controlados a cada uno de los títeres  de Cuba. Pocos son los que se han salvado de este grupo de peleles, uno de ellos es Piñera, quien ya sale del cargo y se libra de culpa alguna, se lava las manos.

Esperemos que la oposición triunfe, esperemos que no sigan cometiendo los mismos errores como el de Leopoldo López, el de entregarse a una justicia que de justiciera no tiene nada. Esperemos que los cegados por el chavismo reconozcan en la oposición pacífica liderada por Capriles el futuro que esperaban, uno en la que todos aporten. Esperemos que el bigotón se vaya ya.