El pasado 20 de abril un hecho que se había venido cocinando desde hace algunas semanas causó gran sorpresa más allá de los espacios especializados y mercados financieros. El precio del barril de petróleo se encontraba a -$37, algo insólito, nunca antes visto. Es decir, los vendedores pagaban a los compradores. 

Sin tentar una profunda explicación económica, es preciso mencionar que productos como el petróleo entran en los llamados mercados futuros. Debido a las fluctuaciones propias del mercado de commodities, se compra hoy para recibir en un periodo acordado a un precio ya establecido. Asimismo, en este lapso tienen un rol bastante importante los especuladores quienes, sin atribuirles algún tipo de valoración moral, se encargan de comerciar los contratos de venta.

Pero, ¿qué fue lo que pasó para que el petróleo tenga un precio negativo? La respuesta es exceso de oferta y caída drástica de la demanda.

Empecemos por lo segundo. Una vez más, la pandemia producto del coronavirus tiene mucho que ver. El mundo se ha parado en seco y por ello el consumo de energía ha caído drásticamente. China, el principal consumidor de petróleo, fue disminuyendo su demanda paulatinamente desde inicios de año. Esto generó que desde enero empiecen a darse las primeras fluctuaciones en el precio del crudo, lo que encendió algunas alarmas.

Por otro lado, Arabia Saudita y Rusia, dos de los principales países productores de petróleo, no llegaron a un acuerdo para disminuir el volumen de su producción cuando el mercado ya enviaba las primeras señales de una crisis a gran escala. Todo lo contrario, ambos abrieron los grifos y llevaron su producción al máximo. Esto generó una guerra de precios en el mercado internacional, lo que se agravó terriblemente con la explosión de la pandemia. 

En este escenario, Estados Unidos, que se había constituido como uno de los principales productores de petróleo en los últimos años, ha quedado a merced de esta petroguerra comercial. Ahora se ve con sus mercados inundados de crudo, tanto que ya no hay donde almacenarlo. Se barajan la opciones de cerrar pozos, despidos masivos y detener las exploraciones. Salvo las dos últimas, las medidas podrían traer más costos que beneficios a mediano y largo plazo.

¿Y qué sucede con aquellos países que dependen de la venta de crudo para sostener sus economías? Tomemos dos casos. 

Irak es el país más afectado, pues el petróleo representa el 90% del ingreso del país. Es así que debido a esta crisis no tendrá cómo pagar trabajadores, pensiones ni servicios sociales. Venezuela, la economía más débil de la región y altamente dependiente de la venta de crudo producto de la gestión chavista, se enfrentará a una reducción del 15% de su PBI este año, según el FMI. Esto, sumado con la expansión del coronavirus y la agitación política, podría avivar aún más los cuestionamientos al régimen. 

En síntesis, la caída del precio del petróleo no es solo una consecuencia de la pandemia, sino también de la injerencia irresponsable de los países productores en el mercado internacional. Asimismo, sus efectos van más allá de lo económico, pues un producto tan estratégico como este puede tener serias repercusiones políticas tanto a nivel interno de los Estados como en el sistema internacional.