En el siglo XVIII, la historia vio la luz. Luego de muchísimos siglos de oscurantismo y de misterios, el camino del razonamiento humano se volvía el principal sendero, y todo el mundo comenzaba a conocer la importancia de las ciencias y las artes para entender el sentido del mundo, de la vida, de la existencia. La Ilustración, el movimiento del que estoy hablando, dio pie a innovaciones no solo en la manera de pensar, sino también en la manera de hacer expreso este pensamiento. Aquello que la Ilustración iluminó, nos guste o no, fue, en muchas ocasiones, apagado por la Iglesia católica. La increíble fe en todos los campos de la vida: política, orden social, costumbres, etcétera, no daba pie a la investigación. Cualquier investigación resultaba una ruptura del sistema que debía ser conservado. El hecho de no investigar en miles de ocasiones trajo lo opuesto. Había una tradición de aferrarse a creer más que a saber. Sin duda, eran otros tiempos. Eran otros tiempos hasta hoy. Según uno de los máximos filósofos idealistas de la Ilustración, Immanuel Kant, la Ilustración significaba algo en particular. Era entrar a la mayoría de edad mental y espiritual, pensar por uno mismo, razonar cuanto sea posible y ya no seguir las voces de los “tutores”. Uno ya no necesita ayuda para pensar ni que alguien decida qué debe pensar un otro. El mundo ha cambiado. Ningún cambio es, no obstante, total y definitivo. Siempre quedan rezagos; siempre quedan estragos. Un estrago que ha saltado a la vista con mucha actualidad es el que hace dos semanas empezó a sonar en Turquía. En dicho país, el Gobierno ha decidido dejar de lado la enseñanza de la teoría de la evolución de Darwin en las escuelas obligatorias. Según el ministro de educación, esta teoría resulta muy complicada de entender para ellos y, además, es muy controversial. ¿A qué viene esto, entonces?

Más de doscientos años después de la Ilustración, de la creación de la famosa Enciclopedia que reunía términos y términos explicados, una teoría difundida por el científico Charles Darwin acerca de la evolución de las especies que conllevó a la existencia del ser humano como última parte del desarrollo de estas no puede ser enseñada en los colegios porque crea mucha disputa con otras formas de explicar el origen de las especies (sobre todo, la humana) y porque esta misma explicación es tan difícil para los jóvenes de entender que hasta causarles confusión puede. En Turquía, además, esto ha venido de la mano, según informan varios periódicos de la prensa europea y estadounidense, con la reducción de horas de cursos relacionados a las ciencias. Pero no solo ocurre esto con los cursos de ciencias. También quiere eliminarse o vetarse de enseñanza aquella parte de la consolidación de Turquía como Estado moderno (con el presidente Atatürk y posteriores). A cambio de esto, afirma la prensa extranjera, se ha vuelto una opción primordial el aumento de las horas de religión. Se enseñará un poco más de religión y un poco menos de ciencia. Esto no es, pues, la Ilustración. Pero no se me trate como un joven laico y rebelde social por llamarle a esto algo que es lo opuesto a la Ilustración. Pensemos un poco más en el modelo democrático que a todos nos gusta. Es cierto que la teoría de la evolución es una de las explicaciones sobre el origen de las especies y que, de algún modo, contradice la teoría creacionista según la cual fueron creados Adán y Eva como una especie diferente a otras especies también creadas. Está claro: la teoría de la evolución no es la única, pero sí una de las más probables y convincentes. El hecho de que deje de ser enseñada en los niveles educación obligatoria en beneficio, además, de una materia que se basa totalmente en otros principios no resulta muy democrático. Resulta, más bien, un favoritismo a cierta parte –no la total– de la identidad turca. No obstante, no pueden negarse tampoco los valores modernos heredados hace ya aproximadamente cien años. Y esto no necesariamente porque sean valores modernos, sino porque son una parte de la historia y del conocimiento tan importante como lo es la religión. Por más que el presidente y el Gobierno general sean conservadores, de ningún modo, aquello que quiera “conservarse” debe ser algo parcial y no completo. Si no es neutral o es incompleto, está uno reforzando la fe en un país que no solo necesita fe, sino también razón. Cualquier caso de progreso en la historia efectivo ha pasado por esto: un uso de la razón y una fe motivadora.

Las expectativas, además, acerca de qué puede entender o no la juventud del país propio son preocupantes. Aun así la afirmación del ministro de educación acerca de la dificultad de la teoría de la evolución haya sido expresada con fines de dejar de enseñarla a como dé lugar, lo que se espera de los profesores y los alumnos es bastante decepcionante. Al parecer, el país prefiere hacer desaparecer aquello que causa dificultades en vez de hacerlo más fácil de entender y de tener algún tipo de educación tanto con mayor diversidad como con mayor amplitud en puntos de vista (que es la única forma en la que funciona la educación). Aparte de ser considerados deplorables los participantes de la educación en el país, el Gobierno ha afirmado que la teoría misma no tiene pruebas lo suficientemente fehacientes y que es, además, arcaica (seguro: mucho menos que las teorías “creacionistas”). Desde cualquier cristal, por el cual pueda ser mirada la cuestión, o la teoría es muy complicada para ser entendida o la teoría es muy arcaica e inservible para ser enseñada. Es muy compleja e inservible. Es, además, muy arcaica y controversial. Una de la investigaciones científicas convertidas en teorías más revolucionarias de todos los tiempos es, en Turquía, vituperada por cualquier lado posible. Una invitación a cuestionarse y a pensar por uno mismo se vuelve un trabajo de los “tutores” turcos que pueden decidir qué se enseña y qué no, qué es complicado para el pueblo y qué no, qué es arcaico y qué no, qué es controversial y qué no (¿alguien dijo “ideología de género”?). No cabe la menor duda de que esto NO es, y por favor no se piense lo contrario, algún tipo de Ilustración. La Ilustración, incluso la kantiana –más amistosa con el orden social y no tan revolucionaria– no tenía como características nada de esto. El ocultar información más se parece al opuesto de lo ilustrado, de la luz; es, más bien, lo misterioso y lo oscuro: el mismísimo proceso del Oscurantismo.

Hemos visto en esta entrada cómo actualmente, luego de siglos de Modernidad, aún las palabras de Kant no entraron bien en las orejas de muchos líderes y algunos optan por ocultar la información, y comenzar a darle tintes un poco más medievales a un mundo que, aunque progrese con algunos pasos para atrás, no deja de avanzar y ocultar la información no puede presentarse ni como una mínima opción para aportar al avance. “¡Ten el valor de saber la verdad!”, debería decirle Immanuel Kant a Erdoğan.