Huachafo, huachafa, ¡qué tal huachafería!… En algún momento debemos haber escuchado algo así. Esta palabra es de lo más común en nuestro país. La RAE indica que significa “cursi”; sin embargo, si esa es una de las acepciones que puede tomar, claramente no es la más común. “Huachafo/a” es un peruanismo, parte de nuestro tesoro léxico y nuestra particular manera de interpretar y relacionarnos con el mundo; es decir, es parte de nuestra cultura. Esta palabra se usa para designar algo de mal gusto, cosas que no combinan o que están demasiado recargadas, y, especialmente, se refiere a las personas que tratan de aparentar ser “elegantes” y fallan en el intento.

El origen de este término lo estudié en una clase de “Perú en los tiempos modernos”, en mis años de Estudios Generales Letras. Como peruana, tenía una noción de lo que significaba el término, pero conocer un poco de cómo se usaba a mediados de la época republicana, allá por los inicios del siglo XX, me llevó a ver el término de una manera diferente. Se llamaba “huachafa” a la persona que trataba de ascender socialmente, vistiéndose y actuando como de una clase social superior sin “serlo”. Entonces, alguien de la misma clase social de la persona que intentaba ascender gritaba públicamente “huachafo”, y listo, la ascensión quedaba truncada. La persona era devuelta, humillada, a su “lugar”. Servía como una especie de denuncia: “Deja de pretender ser algo que no eres. Tú eres como yo y no puedes tratar de actuar como si fueras mejor, porque no lo eres.”. Esto me lleva a pensar dos cosas. En primer lugar, que existía la idea de que había una forma de actuar, de vestir y de presentarse que era exclusiva de la clase social superior, y que era inherente a ellos. Les pertenecía, era su forma de “ser”, por lo tanto, no era imitable; y si se imitaba, era condenable. Así, la ascensión social debía ser una actuación que saliera perfecta en un solo acto, y debía verse natural; si se descubría que era una actuación, si alguien no se la creía, todo el teatro era desintegrado, y el acto ilícito era señalado. En segundo lugar, que existía una lucha desesperada y agresiva por tratar de ascender socialmente y coronarse victoriosos en este intento. Pero esta lucha, al estilo de Los juegos del hambre, presuponía que, para que algunos puedan ganar, otros tenían que perder. Para que unos queden arriba, otros tienen que quedar abajo, y cuando no se puede subir, se jala al que está subiendo, para no quedar solo en el fondo… Y, ¿cómo usamos el término hoy?

“Meme del atuendo de Bad Bunny, encontrado en Facebook bajo la descripción “No entiendo por que los comparan con ese wey quee es mas huachafo que renzo Costas….” “, es la descripción de la imagen que aparece en https://www.crapsforyou.com/2018/04/25/ser-o-no-ser-huachafa/ . Se indica que la imagen aparece en Instagram al buscar “#huachafo”.

“Huachafa” hoy es la persona que “no sabe vestir”, ya sea porque su atuendo (en cuanto a colores, texturas, estampados, combinación de prendas) no se considera correcto, o porque el atuendo en el contexto usado se considera inadecuado. Pero esta adecuación… ¿no se da en parte en relación a la estética de vestimenta hegemónica, occidental? ¿Llamamos “huachafo” a lo “kitsch” también? Creo que lo huachafo hoy sigue siendo una denuncia, una forma de decir “Oye, ¿por qué te vistes así? No se supone que luzcas de esa manera.”. Lo huachafo es una falta de correspondencia, un exceso cursi. Lo kitsch es un cursi aceptado, un cursi bonito, un feo a propósito (y por tanto, bonito). Hay algo que veo en lo designado como “huachafo”: las ganas de vestirse como uno quiere, de combinar lo que quiere y de mostrarse así, con orgullo. Lo huachafo es lo que escapa a los cánones de belleza, lo que rompe las reglas. ¿La moda no es una manera de expresarse? La expresión requiere de libertad; necesita romper las reglas.

Tendencia Kitsch Fuente: https://trendingallday.com/fashion-alert-kitsch-trend/