Una lucha que hasta ahora no tiene fin. Los pobladores de Cerro de Pasco llegaron a Lima el pasado mes de junio y alzaron su voz frente al Ministerio de Salud en búsqueda de justicia. Y es que no es justo que estén pagando los efectos colaterales de la contaminación minera. Niños de 10 y 11 años presentan altos niveles de plomo en su sangre, lo cual genera graves consecuencias para su salud. Pero, ¿cómo es que el plomo ha llegado a sus cuerpos? Sencillo: Cerro de Pasco, conocida como “la capital minera del Perú”, se encuentra tan contaminada debido a los desechos de la minería, hasta el punto que incluso el agua potable contiene metales pesados. Esta situación de emergencia afecta a todos sus pobladores y, principalmente, a los niños, quienes sufren los estragos del metal en su sangre.

La historia comenzó hace muchos años, a partir de inicios del siglo pasado. Junto a la llegada del ferrocarril, arribaron también empresas e inversores estadounidenses que se interesaron en la mina situada en la ciudad, riquísima en plata. La compañía “The Cerro de Pasco Corporation” se encargó, durante los siguientes 50 años, de extraer el metal mediante el método tradicional: excavando túneles debajo de la ciudad. Pero, a mediados de siglo, surgió interés por la producción de zinc y plomo, por lo que, en lugar de hacer túneles, los mineros empezaron a excavar a cielo abierto. En 1974, el Gobierno nacionalizó la mina, y, 25 años después, la vendió a la empresa peruana “Volcán”, que la opera hasta la fecha. Son estas tres entidades, dos empresas privadas y el Gobierno, las que dejaron la ‘herencia’ tóxica que se amontona desde 1950 hasta ahora.

Cerro de Pasco se encuentra actualmente en estado de emergencia, y no es para menos. En medio de la ciudad, se encuentra un gigante hueco de casi dos kilómetros de longitud, un kilómetro de ancho y una profundidad de casi medio kilómetro, que continúa expandiéndose. Toda esta zona es exclusiva de la minería, y de allí se extraen zinc y plomo. Alrededor de la mina, hay una zona llena de casas abandonadas. La mina envenena con sus desechos tóxicos los lagos y los ríos, dejando a la ciudad sin agua potable. Por si esto fuera poco, el polvo dañino procedente de los desechos tóxicos de la producción minera se esparce y amontona por toda la ciudad, llegando a parar en los pulmones de las personas, en el agua, los pastos y alimentos, generando consecuencias muy dañinas para la salud de quienes viven allí.

Los que más sufren son, sin duda alguna, los niños. La cantidad de plomo aceptable que una persona sana puede tener son 5 microgramos por decilitro de sangre, y el 90% de niños en Cerro de Pasco presenta el doble, e incluso mayores niveles de plomo u otros elementos químicos dañinos en su sistema. ¿Cuáles son las consecuencias de esta constante exposición a los desechos tóxicos? Los niños presentan problemas de desarrollo, se les dificulta estudiar, hablar e incluso hasta caminar. La piel se cuartea y se cae, muchos presentan sangrados en la nariz, pérdida de vista, fuertes dolores y convulsiones y otros disfunciones de órganos. El plomo en la sangre genera que la salud se deteriore rápidamente, siendo la consecuencia más grave la muerte.

Hace mucho tiempo, Cerro de Pasco fue, gracias a la minería, la segunda ciudad en importancia del país, después de Lima. Sin embargo, hoy en día es el más vivo ejemplo de cómo no debe funcionar la minería. A pesar de creerse que la producción minera traería prosperidad, hoy en día la mayoría de la población sigue en la pobreza. Gran parte de las carreteras y pueblos circundantes se encuentran sin asfaltar, carecen de agua potable y las áreas verdes brillan por su ausencia. En su lugar, la ciudad está rodeada de cerros de desechos mineros y embalses de aguas muertas envenenadas con sustancias químicas tóxicas.

Más de 80 pobladores de Cerro de Pasco llegaron a Lima con la esperanza de cambiar esta situación. Demandan que la ministra de Salud los escuche y se les brinde atención médica inmediata a los niños afectados. Muchos incluso se encadenaron a las rejas del ministerio como medida de protesta. Buscan ser escuchados por las autoridades y quieren una solución para que los relaves mineros no sigan contaminando sus vidas. Y es que, como padres, quieren un futuro en el que sus hijos puedan crecer sanos y fuertes, libres de toda la contaminación que les rodea. Como siempre debió haber sido.