La semana pasada una lamentable noticia conmovía al país. Un incendio arrasó las viviendas de varias familias que habitaban la comunidad de Cantagallo en el Rímac. El dardo de la responsabilidad sobre este incidente ha apuntado sobre todo a la Municipalidad de Lima, quienes desde la primera gestión de Castañeda debieron tomar cartas en el asunto por el bienestar de los Shipibo – Konibo.

Es de rescatar la solidaridad que muestra el ciudadano peruano para con esta comunidad. Distintas campañas de donación se han extendido por las redes sociales, logrando una movilización en los usuarios y así la cooperación con el restablecimiento de las viviendas.

Sin embargo, más allá del tema social, creo conveniente hacer una breve mención a una problemática que tal vez no se observe con mucha claridad en esta noticia, pero si realizamos un cuidadoso análisis de esta podremos reparar en lo que digo.

La inmigración conlleva al desarrollo no solo de los migrantes, sino también de la comunidad que los acoge. En ese sentido, considero que el intercambio de conocimiento, bienes, y cultura hacen que la sociedad se solidifique y permita el progreso de la Nación como un todo. Es por ello lamentable que existan personas que estén en contra de este fenómeno social, que ha permitido que muchos podamos acceder a una mejor educación universitaria, por ejemplo.

No obstante, como todo fenómeno social, la inmigración contrae ciertas dificultades que definitivamente se pueden superar con una adecuada planificación (programa que no proyectó Lima en los años 50 y por ello creció desordenadamente). Me refiero a problemáticas como la zonificacion, planificacion, etc., que por lo general pone en riesgo no solo el bienestar de los migrantes sino también la de la sociedad en general.

La comunidad Shipibo-Konibo comenzó a migrar desde la región de Ucayali a Lima en la década de los noventa, con propósitos de autorrealización y se asentó en la isla conocida como Cantagallo. Unos años después, obtuvo de parte de la Municipalidad del Rímac un certificado de posesión que les permitía seguir habitando en este terreno.

¿Qué es la posesión? De acuerdo al gran jurista alemán, Rudolf Von Ihering, la posesión es la exteriorización de la propiedad y el fin que busca alcanzar es servir como prueba para demostrarla. Una persona que sale a regar todas las tardes el jardín de una casa, es probablemente el propietario de esa casa. ¿Cómo inferimos eso? Porque está poseyendo el bien, está actuando como si fuese propietario.

No podemos olvidar que esta herramienta surgió con el fin de demostrar propiedad. Antiguamente, y de hecho sigue siendo así, probar quién es el verdadero propietario de un bien es muy complicado, por ello la persona que ejercía posesión sobre su bien tenía un fuerte argumento para justificar que él lo era.

Nuestro ordenamiento regula una figura bastante peculiar: la prescripción adquisitiva. El artículo 950º del Código Civil Peruano establece que aquel que posea durante diez años un bien inmueble de manera continua, pacífica y pública será propietario de este último. Esto quiere decir que si una persona posee un terreno en una playa por diez años de manera ininterrumpida, sin violencia, y a vista de los demás, se convierte en propietario de esta parcela. No importa si el “invasor” conocía que la propiedad le pertenecía a otro, solo importa la posesión con las tres características antes mencionadas.

Esta herramienta ha sido constantemente usada en los últimos años. Así, muchos han adquirido lotes en la playa, montañas, e incluso cerca de la ribera de un río, como sucedió con la comunidad Shipibo – Konibo. Después de un tiempo de ocupación, los habitantes reclaman ante el Estado un título que les permita ejercer derechos sobre el suelo en el que se instalaron. Esto no es correcto, y no porque sea ilícito, sino porque se está utilizando de manera errónea la prescripción adquisitiva.

Como bien afirma el profesor Martín Mejorada en sus cátedras sobre Derechos Reales, la prescripción, al igual que la posesión, nació con el propósito de demostrar propiedad.  Si no era completamente claro que una persona sea propietaria, si venía adquiriendo por más de 10 años, definitivamente lo era.  En ese sentido, no es que el Estado invite a los ciudadanos a invadir terrenos y poseerlos para que luego adquieran propiedad, la naturaleza de esta figura legal pretende servir de apoyo en la intensa búsqueda del verdadero propietario.

Los Shipibos – Konibos no son los primeros ni los últimos que se aprovechen de este “defecto” que tiene la ley. Por ello, requerimos una adecuada planificación que permita que los inmigrantes no tengan que invadir terrenos, originando el crecimiento desordenado de la ciudad. Es misión del Estado velar por brindar las facilidades para que comunidades como esta adquieran propiedad, pero no por medio de la prescripción, sino por un acuerdo que implique en alguna medida, un intercambio de recursos o servicios.

Esperemos que esta forma inadecuada en la que se viene usando la prescripción acabe pronto. Está en los ciudadanos no apoderarse de terrenos ajenos y así permitir un apropiado y ordenado desarrollo de nuestra nación.

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