El próximo 25 de febrero el Tribunal Constitucional debatirá y votará sobre la demanda que pretende prohibir las corridas de toros en el Perú. La tauromaquia es polémica desde su existencia y, a lo largo de la historia, se ha tratado de prohibir esta práctica en distintos lugares por más de una razón.

Al día de hoy, la ruidosa corriente animalista transnacional y el hecho de adjudicarle color político hacen peligrar, una vez más, esta práctica, que congrega a una gran cantidad de personas más allá de diferencias políticas, sociales y culturales. El significado de las corridas es muy profundo y complejo, y el hecho de prohibirla implica una serie de consecuencias.

Se cree que las corridas de toros son un acto arcaico, violento y hasta sádico en el que se disfruta de la muerte de un animal por el simple hecho de la tradición. La tradición está presente. Es completamente cierto, pero una corrida de toros y todo el rito que representa distan bastante de la crueldad. La tauromaquia en sí misma contiene una serie de elementos morales, éticos y estéticos* que escapan, por ignorancia u omisión, del análisis animalista y/o popular. 

La moral de tratar al toro con total integridad y respeto durante su vida en el campo y en la plaza, la ética de darle muerte arriesgando la propia vida sin más armas que la inteligencia, un pedazo de tela y el estoque, y la creación artística tan fugaz que se aprecia a cada pase, que además inspiró a figuras como Hemingway, Lorca y Botero, son solo los puntos de partida para entender la tauromaquia. La tauromaquia más que defenderla, hay que enseñarla, dijo Víctor Barrio.

Sin embargo, lo más perjuducial sería el hecho de prohibir una práctica tan fuertemente arraigada. La diversidad cultural es una de las mayores características del Perú, por lo que debe de respetarse y defenderse. Y a pesar de ser una minoría en comparación con el total de la población, existen más de 5 millones de peruanos que son taurinos. Esto se demuestra en más de 500 festejos anuales, sobre todo al interior del país. 

Ciudades como Sócota, Tarma, Huari o Viraco se han declarado taurinas y sus habitantes no conciben sus fiestas sin una corrida de toros. La diversidad cultural se muestra en la variedad de interpretaciones que acompañan a las corridas, ya que, si bien se mantiene el rito, la forma de vivir y de disfrutar la fiesta varía con las costumbres locales. 

Pero vayamos más a fondo y reflexionemos sobre la acción de prohibir. Vivimos en un régimen democrático, en una sociedad plural en la que cada quien es libre de expresarse y de poder expresar su identidad cultural. La pluralidad es una característica fundamental de una sociedad democrática y como tal debe de ser respetada. La homogeneidad no es posible, ya que las diferencias y el conflicto que estas pueden generar son innatos al ser humano y a la vida en sociedad. 

Lo importante es la presencia de canales institucionales que permitan abordar tales conflictos y preservar tanto la la libertad política como individual de cada quien. En este sentido, las instituciones de gobierno tienen que responder a las variadas preferencias sin atacarlas o ponderar a unas por sobre otras, siempre y cuando estas no afecten la integridad de otra persona.

Asimismo, la autonomía de la que cada persona goza para poder formularse un juicio propio y determinar lo que es mejor para sí misma debe de protegerse como un valor fundamental. Prohibir a partir de una votación, negar derechos a millones de ciudadanos y pretender implantar una moral única es una práctica característica de regímenes autoritarios.

Y aquí resulta necesario mencionar el hecho de querer prohibir el ingreso a menores de edad a las corridas de toros adjudicando la exposición a la violencia. Pues parece que aquellos que pretenden proteger al menor no entienden que la violencia en una corrida no es gratuita y menos comprenderán los valores que se transmiten en ella, como el respeto por el animal o el reconocimiento a la destreza y el valor del hombre. Y qué decir del derecho de los padres para educar a sus hijos transmitiéndoles su cultura, ¿se pretende también que unos pocos decidan cómo debe de ser la crianza?

En conclusión, más que cuestiones puramente procedimentales, la democracia contiene una serie de valores normativos que promueven el respeto por los demás y el pacífico desarrollo de la vida en sociedad. Evitar prohibiciones y defender la tauromaquia es defender también el derecho a expresar y disfrutar de preferencias, a poder compartirlas y a vivir protegiendo nuestra libertad.

*Para más información sobre el significado y contenido de las corridas de toros revisar el trabajo del filósofo francés Francis Wolff en el siguiente enlace:

https://laeconomiadeltoro.files.wordpress.com/2014/05/cincuenta-razones-para-defender-las-corridas-de-toros.pdf

Imagen de portada: “El Coso Taurino” de Santos Blazquez.

Nota: este artículo representa únicamente las opiniones de su autor.