Queridos lectores PUCP, hemos iniciado un nuevo ciclo académico. Si acabas de ingresar o si aún suspiras al ver un venado o si marcaste con estrellita en tu calendario el primer día de clase, esta crónica no es para ti.

Quien les escribe es una estudiante de séptimo ciclo a quien los años le pesan. Pues siempre le tendré “filin” a la universidad, pero realmente ya no queda casi nada en mí de la cachimba emocionada que fui alguna vez.

Espero que todos hayan tenido una muy buena primera semana. Supongo que muchos habrán tenido flojera inmensa de levantarse temprano, de cambiarse las cómodas pijamas, de hacer el trayecto a la universidad. Sé que yo sí. Hice berrinche hasta el último momento, y llegué tarde a mi primera clase que, por cierto, era al mediodía. Me imagino que alguien, en cambio, regresó súper “empilado” a clases. Tal vez porque se moría de aburrimiento en casa, porque extrañaban a sus amigos.wpid-wp-1395425303059.jpeg

Tal vez se emocionaron al entrar al salón y verlos (aunque se pusieron de acuerdo para inscribirse en ese horario). Tal vez corrieron a abrazarse cuando se divisaron a lo lejos caminando por el tontódromo en direcciones opuestas. Yo he hecho ambos aunque sea alguna vez. Me he reencontrado con mis amigos de facu’, claro que con algunos igual “toneé” en el verano, así que no fue una separación traumática. Con mis amigos de otras facus’, sin embargo, no he podido reencontrarme aún. He podido saludar a uno que otro pasajeramente, pero con horarios y pabellones lejanos es muy difícil coordinar. Dômage.

Por tradición, luego de regresar relajado de vacaciones y al inicio del ciclo, venimos recargados y listos para prestar atención a todas nuestras clases de principio a fin. Nada más alejado de mi realidad. Al menos los primeros dos días, sufrí minuto a minuto mis clases de tres horas. La voz tediosa del profesor que repite conceptos que ya vi en ciclos pasados, el bullicio hiper-exaltado de mis compañeros, el calor que me adormece. Felizmente a media semana las cosas mejoraron un poco. Las temáticas de clases, los ejemplos, videos y proyectos del ciclo me empezaron a interesar más, y lo que empezó a parecerme como el inicio de una crisis vocacional interna se aplacó. Recordé por qué me gusta investigar, qué cosas quiero de mi especialidad, recordé por qué elegí mi carrera en un principio. Siempre es bueno recordárselo a uno mismo de cuando en cuando.

Fuera del salón de clase la situación es también un poco molesta. La “Cato” está repleta de gente. Además, los cachimbos que se mueven en jaurías de 10 a más me causan una risa burlona. Por supuesto yo también he sido así. Pero ahora lo encuentro tan lejano y caricaturesco. Por otro lado están las “T” en los pastos acaparando espacio y haciendo bulla. Vi incluso chicas con el número de su “T” pintado en la cara. Me reí y luego recordé que, quizá, yo hice lo mismo, solo espero haber estado ebria en aquel momento. .

Aún recuerdo cuando me parecía tardísimo terminar clase a las 6 p.m. Pero después de haber tenido ya varios ciclos con múltiples clases de 8 a 10 p.m. ya ni me doy cuenta si es de tarde o de noche. Aún si termino clases temprano regreso para entrenar; si tengo clases en la tarde, trabajo en la mañana, así que prácticamente estoy todo el día ahí. Las primeras semanas son usualmente las más relajadas: no hay controles, ni lecturas, ni trabajos. Error. Eso es si estás en Letras. Yo ya tengo 3 lecturas y una exposición para la próxima semana. El lunes me encontré con patas de Derecho que estudiaban para un control. ¡EL LUNES! Las cosas se ponen más duras cada ciclo, pero en realidad el nivel de exigencia de nuestra universidad es lo que nos distingue. Y aunque me quejo de lo poco que duermo y lo mucho que leo, yo escogí educarme de esta manera.

Pese a ello, no todo es malo. Cuando camino por el campus, aún encuentro una paz que no ha cambiado desde el primer momento que ingresé. Observar el movimiento de las hojas de los árboles cuando son mecidas por el viento vespertino, escuchar el trino de los saltapalitos y observar el atardecer desde el estacionamiento. Por breves momentos, paz. Por primera vez después de mucho tiempo, volví a caminar sin tener a dónde ir por el campus, a sentarme en el pasto a conversar y reír. Es completamente diferente a cuando estaba en primer ciclo, pero en realidad en esos pequeños momentos me siento feliz.

Bueno, esto es, más o menos, mi resumen de la primera semana de clases… Buen fin de semana.

  • Jose

    Alucina que estudies en San Marcos