¿Quién no se ha quedado alguna vez sin palabras ante una obra de arte tratando de descubrir el significado que encierra? Usualmente cuando asistimos a una galería de arte o a un museo lo único que sale de nuestra boca al ver una obra de arte es: “¡Vaya, qué bonito!”. Sin duda es algo que todos hemos mencionado alguna vez, añadiendo quizá un “¡Qué colores tan magníficos!” o “¡Qué talento!”. Pero, ¿hasta dónde podemos llegar en el análisis de cualquier obra? ¿Podemos analizar sin tener en cuenta el contexto histórico de la pintura o la escultura? En este artículo se repasan los factores de contexto histórico y social como herramientas para entender el arte y su relación con la subjetividad del espectador. 

Cebula (2020) explica que la investigación del arte permite entender los cambios sociales y los contextos culturales de la historia. Estos datos hacen que quienes realizan dichas investigaciones sean percibidos hasta cierto punto como superiores en esta industria, y el arte como un objeto extraordinario. Por otro lado, en cuanto a la interpretación y exhibición del arte, Bourdieu explica que en la producción y consumo del arte intervienen distintos factores sociales y económicos. Es por eso que a la hora de interpretarlo se necesitaría una competencia o base artística elevada. Entonces, Bourdieu propone que se dejen de lado los factores sociales para abrir el arte a un público más amplio en su interpretación y exposición. Esta propuesta nos lleva a preguntarnos: ¿Hasta qué punto es necesario tener unos conocimientos previos o un contexto histórico y social para entender una obra?

Es importante destacar que estas piezas de arte también sirven como herramienta para comprender la realidad de una época concreta. Un curso de historia puede permitirnos analizar una obra con mayor profundidad y comprender la intención de ciertos elementos. Por ejemplo, en el cuadro “La libertad guiando al pueblo”, de Eugène Delacroix, el espectador se limite únicamente a recordar la Revolución Francesa, pero hay mucho más que eso en realidad. En esta obra el punto central es Marianne, y ella representa la libertad, el cambio de régimen y la revolución. Esto último puede relacionarse con el hecho de que en el cuadro lleva el torso desnudo, lo que muestra la controversia del momento. Otro detalle importante es que porta el gorro píleo, el cual se entregaba a los esclavos romanos liberados. La figura de Marianne también lleva el casco de Atenea, quien era la diosa griega de la guerra, la estrategia y la sabiduría, y el píleo.  El símbolo añadido apoya la representación del deseo de las personas de buscar la libertad, de dejar de lado la opresión en la que vivían. Asimismo, personifica muy bien la realidad social. En la obra de Delacroix, Marianne dirige su mirada hacia aquellas personas que parecen ser de la clase obrera y burguesa. Además, como obra del romanticismo añade peso al sentimiento, y este cuadro inspira el ánimo de luchar por la patria por completo.

«La Libertad guiando al pueblo» (1830). Óleo sobre lienzo. Eugène Delacroix. Museo del Louvre de París.
«La Libertad guiando al pueblo» (1830). Óleo sobre lienzo. Eugène Delacroix. Museo del Louvre de París.

Como Richard Attenborough dijo: “El arte no es un regalo elitista para unos pocos elegidos. El arte es para todos”. Esta cita nos lleva a reflexionar sobre los retos de la educación artística. Pero también nos comunica que todo el mundo debería tener la oportunidad de otorgarle significado a una obra de arte. La Mona Lisa de da Vinci no se va a enfadar si alguien juzga su intrigante mirada. O la Venus de Botticelli no va a sufrir un colapso mental si se menciona que su hombro dislocado parece fuera de lugar en el cuadro. El arte está destinado a ser disfrutado y celebrado por todos. Se trata de expresión y sentimiento, pero también refleja la historia y la sociedad.

Desde una perspectiva personal, considero que las obras de arte deben verse parte por parte porque es así la forma en que el artista compone el cuadro. Quizás a primera vista, cuando vemos la obra en su totalidad podemos comentar la estética de sus colores, pero siempre hay más. Es importante centrar nuestra atención en cada detalle, por ejemplo, las expresiones del rostro y el movimiento del cuerpo pueden darnos una idea del sentimiento que hay detrás de un personaje. Del mismo modo, cada espectador debe sentirse libre de dar un significado personal vinculado o no a lo que el artista quiso plasmar.

Dato curioso: La venus en la pintura fue Simonetta Vespucci, la musa y amor imposible de Botticelli. El marido de ella era primo de Américo Vespucci, que dio nombre al nuevo continente de América.

«El nacimiento de Venus» (1486). Temples obre lienzo. Sandro Botticelli. Galería Uffizi de Florencia.
«El nacimiento de Venus» (1486). Temples obre lienzo. Sandro Botticelli. Galería Uffizi de Florencia.

Por último, podemos decir entonces que tener una formación artística o un conocimiento previo de la historia nos permite tener una comprensión más precisa y significativa de la realidad respecto a la obra. Sin embargo, el fundamento del arte también está en los sentimientos y las emociones. Como menciona Bourdieu, también debemos validar las diferentes opiniones y percepciones que uno le da al arte. Al ser subjetivo, depende de cada persona. Del mismo modo, considero que es fundamental destacar el papel primordial de las obras de arte como manifestación que permite una comprensión más pictórica de la sociedad y un acercamiento a la percepción del artista.

Fuentes:

Cebula, M. (2020). Traditional vs. Modern Art: The Status and Network Antecedents of Visual Art Preferences. Polish Sociological Review, 209(1), 41–63. https://doi.org/10.26412/psr209.03

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