Existe una frase, que José Martí escribió: “Hay tres cosas que cada persona debería hacer durante su vida: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro.” Yo no creo que se digan las cosas por decirlas, siempre he creído que todo y cada una de las cosas que son decibles están por algo. José Martí tenía razón, al momento de anunciar esa frase al menos en dos de sus tercias partes, considerándome toda una millennial con varios deseos y aspiraciones no está en mis planes tener un hijo, al menos eso pienso ahora, pero sí plantar un árbol y sobre todo escribir un libro.

Muchas veces me habían dicho que cuando esté molesta o suceda algo en mi día, cualquier cosa que me saque de mis casillas tome una hoja de papel completamente blanca y comience a rayarla, pero un buen amigo mío, al contarle un día algún inconveniente que tenía me dijo: “conviértelo en literatura”. Y sí, todos deberíamos hacer eso. No digo que con lo primero que escriban podrán ganarse un premio Nobel, los premios no le vienen a la gente tan fácil aún así se le haya dado uno a Bob Dylan este año. Además, creo yo, que algunos premios de ciertas instituciones son muy relativos. Pero la cuestión tampoco es esa, si bien lo dijo un día Virginia Woolf que la verdad de escribir constituye el placer más profundo y simple hecho que te lean es sólo un placer superficial.

Escribir va mucho más allá que solo plasmar ideas en un papel, es crear todo un escenario, es abrirte a un mundo distinto, es crear incluso, sin necesidad de una gran imaginación, escenarios tan fantásticos como los de García Márquez. Todo aquello sin buscar mérito alguno, es en cierta medida también nadar por el inmenso océano de la ambigüedad y de la subjetividad, quizá eso es lo más increíble de escribir porque no habrá regla alguna que mande tus palabras. Bastantes problemas son los que nos rodean, quizá deberíamos dejar de buscar soluciones exteriores y empezar por uno mismo, cuando uno escribe sigue unos ciertos pasos. Primero piensas, porque escribes y hablas de algo, se necesita la cosa escrita, de la que se va a escribir y sobre todo si a esa cosa la vas a modificar o no a tu gusto. Luego, llega el medio por el cual se escribe; creo que hoy en día, con cualquier cantidad de celulares inteligentes que tenemos, existe suficiente espacio para poder plasmar tus ideas, pero recomiendo siempre que llevemos un estilo de vida escrito a la antigua, un libro pequeño y un lapicero en el que puedas anotar las ideas que te vienen a la mente, esos pensamientos en pleno bus por la mañana o cuando estás en tu clase, ese pequeño instante en el que tomas la decisión de anotar todas tus ideas en un papel no debe contaminarse con lo común y mundanal, creo que es un momento muy sagrado. Esta es la acción misma, el escribir.

Basta de sumergirnos en otros placeres, que necesitan y solo son accesibles con dinero, que te quitan tu tiempo y hasta a veces incluso te agotan. No existe mejor terapeuta que coger una pluma y una hoja. Si algo sagrado aún se ha conservado durante todo este tiempo, es el placer de escribir.

Disfrútalo.