¿Por qué literatura, preguntas? ¿Quién sabe?

Quizá es porque estábamos aburridos. Por todas las horas sentados en esos cuartos de paredes oscuras que nos miran de vuelta, que nos hablan, que murmuran entre ellas y se ríen. Por todos esos paseos sin rumbo y las conversaciones monótonas y el frió de la ciudad y por cada una de las veces que miramos al cielo y fingimos contar estrellas entre la espesura de las nubes.

Quizá es porque estábamos atrapados. Perdidos en cuartos enteros de letras y letras, gritando sin querer que nadie nos escuche y con miedo a encontrar el camino a casa.  Atrapados con el mismo monstruo que crece por entre los túneles del laberinto, que no habla ni ruge, que tiene mil cabezas y devoramos una solo para nazcan tres. Y porque ahí nos quedamos por siempre, entre laberintos, devorando una a una las cabezas de la pobre bestia con un hambre que no ha de acabarse nunca.

Quizá es porque estábamos solos. Porque nuestro reflejo en los cristales, en los charcos, en la lluvia se cansa de ser nosotros y ya no imita y se cansa y se va. Lloramos mientras buscamos nuevas sombras en el papel, figuras de tinta que salen bailando, cantando y nos cuentan historias que ya conocemos pero encantan.  Y entre los estantes de las bibliotecas infinitas y de las historias mas breves, como las sombras que imitamos, al fin podemos olvidar a  aquellos que fueron y seguirán siendo.

¿Por qué literatura, preguntas? Quién sabe.