Para cerrar un año de cine -porque no puede haber uno sin él- conviene pensar en las emociones. Nos acercamos en la pantalla para huir de ciertas emociones, de nuestro dolor e incertidumbre, y – de forma irónica- acercarnos a otras: el cine te hace un poco más empático, un poco más cercano a realidades inhóspitas, un poco más compasivo con los otros y uno mismo. Pensar en las emociones y en el cine -como casi todo en la vida- nos lleva a la música. ¿Cómo no relacionar el cine con la abstracción y melodía de cualquier pieza musical, relacionar la pasión emitida en un close-up con la emoción contenida en cualquier riff o partitura? Por eso-y como acompañamiento al primer ranking de este año- presentamos una lista de 12 soundtracks de cine -bandas sonoras, eso sí- que han dejado huella en el cine contemporáneo. A ponerse los auriculares y marcar play.

12. Moonlight (2016) – Nicholas Britell

Britell, colaborador habitual de Barry Jenkins, nos regala una pieza simbólica y repleta de melancolía, un concerto que narra la vida de Chiron en distintas etapas y que, a través de las gravitantes partituras de Britell, parece mucho más cercana de lo que parece.

La pieza: End Credits Suite, que cierra el film con compasión y esperanza.

11. Los abrazos rotos (2009) – Alberto Iglesias

Adaptando el hitchcockniano thriller de Almodóvar, el soundtrack de Alberto Iglesias acoge emociones contrariadas, enfrentadas entre sí y necesarias. Con sutileza y elegancia, su conjunto de cuerdas nos acompaña en el intrincado paso de los personajes y sus sólidas decisiones.

La pieza: Los abrazos rotos, hipnótica, sagaz y delirante, con buen suspense.

10. The Hours (2002) – Philip Glass

Con su melodía melodramática y elaborada con simpleza, Glass nos traslada al mundo de 3 mujeres deseosas de emancipación, esperanza y deseo. Reminiscente a ambiciosas producciones de los 50, la música de Glass es resonante, inspiradora y gozosa, hecha con un pelín de manipulación.

La pieza: Morning passages, resumiendo el vaivén emocional del film.

9. El Limpiador (2011) – Karin Zielisnki

Una pequeña película peruana, pero con una partitura impresionante. Recreando la distopia del film y su ambiente de tensión permanente, estamos ante una propuesta extraña, industrial y sutil, que nos lleva al corazón de la ciencia ficción: incertidumbre e impaciencia.

La pieza: El viaje de Eusebio, hipnótica, sutil, intensa. Sí. Viene muy bien.

8. Brokeback Mountain (2005) – Gustavo Santaolalla

Una historia de amor marcada por la censura y la pasión: unas cuantas tonadas de guitarra que invaden los rocosos páramos de EEUU. Santaolalla construye baladas cuidadosas, sutiles y que funcionan como el acompañamiento perfecto al drama que vemos. Se queda con fuerza.

La pieza: Brokeback Mountain 1, de guitarra lastimera y muy honesta.

7. Interstellar (2014) – Hans Zimmer

Igual de monumental que la puesta en escena del film de Nolan, la música de Hans Zimmer nos somete a un torbellino emocional, una sinfonía intergaláctica sobre el amor y las conexiones. El film puede flaquear y resultar pretencioso, pero el súbito piano de Zimmer va directo al corazón.

La pieza: Main Theme, piano ascendente que eclipsa nuestro sentido de fe.

6. Up (2009) – Michael Giaccino

La música de Giaccino es un testimonio de la vida misma: dulce, compasiva, conflictiva. De fácil melodía e incesante ternura, sus tonadas engrandecen las lecciones que vemos en la pantalla, y, sin empalagar a la audiencia, consiguen estribillos que enamoran hasta al más escéptico: ¿simplona y formulaica? Quizás. No por eso menos vulnerable y especial.

La pieza: Married Life, sinfonía de un pequeño cuento urbano y un romance .

5. Carol (2015) – Carter Burwell

Una historia de amor, soledad y nostalgia requiere de una banda sonora sin muchas pretensiones, respetuosa con su historia y que, prestándose de la atmósfera de los 50, consigue que este romance perdure, que los silencios sean menos incómodos y que las miradas de amor cobren aun mayor brillo. Burwell regala un sonido tan familiar que creemos haberlo escuchado antes.

La pieza: Main Theme, con cambios inesperados, melodía elegante y vívida.

4. Under the Skin (2013) – Mica Levi

Tan inusual como el film que acompaña, esta es música de otro mundo: música descontrolada, música sin orden aparente, rajaduras en la armonía y la sinfonía, chirridos fuera de contexto, tonadas del inframundo, si es que eso existe. Quizás no se fácil de escuchar otra vez, pero la primera vez con Mica Levi ya nos muestra su poder y sus pretensiones.

La pieza: Lipstick to the Void, caótica, catastrófica; sintetizador a todo dar.

3. Eternal Sunshine of the Spotless Mind – Jon Brion

Bellísima como la fragmentada historia de amor que relata, la música de Brion se adapta a las distintas tribulaciones de la mente, el amor y el desamor. Sin problemas, nos hace reír y llorar, nos somete a un estado de inspiración permanente. Un sonido alternativo, puro, compasivo. Rock alternativo, sintetizador y piano nos arrullan.

La pieza: Phone Call, de un minuto, balada cosmopolita y solitaria.

2. There Will Be Blood – Jonny Greenwood

La epopeya de ambición, corrupción y decadencia de Paul Thomas Anderson necesitaba de una propuesta igual de polémica: una banda sonara cargada de sonidos estridentes, disonantes y que prefieren la tensión permanente a través de un violín sin tregua. La música de Grenwood, encarnación del pecado, resiste al paso del tiempo por su atrevimiento y textura.

La pieza: There Will Be Blood, enjambre de cuerdas que anuncia el caos.

Menciones honrosas (¿por qué no?): The Sessions (2012), de Marco Beltrami, con su empalagoso estribillo; La La Land (2016), de Justin Hurtwitz, como un neo-jazz a todo baile; La doncella (2016), de Yeong-wook Jo, igual de intrigante que la premisa del film; Drive (2011), de Cliff Martínez, sonido synth, fresco y muy emotivo; Into The Wild (2007), de Eddie Vedder, guitarra y voz rasposa; Hugo (2011), de Howard Shore.

1. The Ghost Writer – Alexandre Desplat

En el ingenioso y maleable thriller de Roman Polanski, todos los elementos están su lugar. Eso implica a Desplat: cómodo con la orquesta y la grandilocuencia, elabora una banda sonora tan escurridiza e intrigante como su inspiración en la pantalla. Juega con cada giro de guion: crece en velocidad con cada twist y baja su intensidad frente a la confrontación.

La pieza: The Truth About Ruth, justo en el clímax, sugiere un crescendo inigualable y revelador: las cuerdas aumentan su intensidad mientras el Escritor va descubriendo cada detalle. No la podemos sacar de la cabeza.