Planificar no es una tarea sencilla. Requiere un tiempo prolongado de reflexión para analizar el contexto y evaluar las opciones y posibles estrategias. Además, se deben considerar los posibles resultados y las consecuencias de las decisiones ejecutadas. 

En el plano gubernamental, todas las decisiones responden —o deberían hacerlo— a una planificación previa. Planificar desde el Estado significa definir un proyecto de vida para el país. El futuro del Perú depende, entonces, de un plan apropiado que delimite los lineamientos de toda política pública. 

Sin embargo, la planificación en el Perú se ha desarrollado de una manera imperfecta. Los gobiernos, a lo largo de la historia, no han sido capaces de planificar un proyecto nacional acorde a las necesidades del país. Además, la inestabilidad política ha sido una piedra en el zapato para todo gobernante que se tomó el tiempo de planificar las políticas de su gobierno. 

¿Un país a la deriva?

Tras la primera vuelta electoral, distintos sectores sociales solicitaron a Pedro Castillo un plan de gobierno que responda, por un lado, a la crisis económica y sanitaria del Perú. Por otro lado, buscaron que su plan de acción instale las bases de un país renovado con mayor igualdad entre los ciudadanos. Más que un documento de veinte páginas, lo que se solicitaba al otrora candidato presidencial era que planifique el futuro del país. 

Una de las tantas críticas que se realiza a Castillo es que su gobierno avanza sin un marco de referencia ni un plan de contingencia frente a un contexto que cambia cada semana. Así, el Perú vacila entre la turbulenta y peligrosa marea de lo fortuito. 

Precisamente, la dura realidad que atraviesa el Perú en la actualidad ha sido resultado de la falta de planificación. Los gobiernos no han visto más allá del periodo de su mandato y han dirigido el Estado mediante políticas que solo respondían a las circunstancias. La planificación debe ser inherente a todo gobierno

Breve repaso por los hitos de la planificación económica en el Perú 

A pesar de su importancia, la planificación “seria e institucionalizada” de la economía peruana empezó en la segunda mitad del siglo XX. En 1962 se crea el Sistema Nacional de Planificación de Desarrollo Económico y Social. Desde aquel momento, la planificación se vuelve “instrumento técnico de gobierno y gestión para el desarrollo armónico y sostenido del país y el fortalecimiento de la gobernabilidad democrática en el marco del Estado constitucional de derecho” (CEPLAN). Además, las renovaciones en las cuentas nacionales de aquella época fueron el soporte estadístico que sustentaron el proceso de planificación económico en el país. 

En el 2008, el Instituto Nacional de Planificación, ente rector del Sistema Nacional de Planificación de Desarrollo Económico y Social, es sustituido por el Centro Nacional de Planeamiento Estratégico (CEPLAN). Esta institución tendría la labor de dirigir el Sistema Nacional de Planeamiento Estratégico (SINAPLAN).