Pilatos también hubiera criticado la repartija

“Al ver Pilatos que no adelantaba nada, sino que el tumulto iba a más, tomó agua y se lavó las manos ante el pueblo diciendo: Soy inocente de esta sangre; vosotros veréis” (Libro de Mateo, Segundo Testamento).  En caso haya existido un inocente el último miércoles, aquel fue la institucionalidad del país, que se caía a pedazos ante la angurria partidaria presente en el Parlamento. No obstante, como nunca antes hicieron aparición varios Pilatos en nuestro escenario político. Al igual que el antiguo emperador romano, los líderes políticos se lavaron las manos y trataron de limpiar su ya alicaída imagen, mostrándose indignados y sorprendidos ante el accionar de sus respectivas bancadas.

En tal sentido, resulta risible que Ollanta Humala, Keiko Fujimori, Lourdes Flores y Alejandro Toledo consideren que los peruanos son tan candorosos para creer que ellos no sabían nada de la denominada “repartija” y, por lo tanto, ostentaban la autoridad moral para criticarla. Nada más falso que eso. Es obvio que estaban enterados, absolutamente, de todo lo acordado. Ellos fueron cómplices de que hayan primado los intereses particulares en desmedro de la democracia. Las negociaciones no son negativas de por sí; no obstante, lo que se ha venido orquestando desde hace meses en el congreso es la pérdida de autonomía de las instituciones encargadas de velar por el bienestar y seguridad jurídica de los ciudadanos. El hecho de que se omita el carácter tecnocrático, y se presente como postulantes a amigos y partidarios, resta legitimidad al Tribunal Constitucional y Defensoría del Pueblo ante futuras decisiones que puedan tomar. “Hoy por mí, mañana por ti”, reza un reconocido refrán popular.

Ante la clamorosa indignación desatada por lo ocurrido, los políticos antes mencionados creyeron que sería fácil deslindarse de las críticas. El caudillismo imperante en nuestro sistema provoca un carácter de imposibilidad en tal inocente afán, ¿o acaso alguien cree que el presidente de la República actúa a espaldas de su bancada, la cual es encargada de otorgar sostenibilidad al oficialismo?, ¿ es factible considerar a Toledo como un inocente si es que el logo de su partido ostenta la primera letra de su apellido?, y ¿Lourdes Flores no defendió muy convencida ella, días antes, que un acuerdo, sin importar bajo qué tipo de condiciones se realice, era mejor que el estado de incertidumbre que había?, y, por último, ¿ es absurdo considerar que Keiko Fujimori promovió la candidatura de Sousa, otrora abogado de su padre y de personas relacionadas a su régimen? Por supuesto que no.

No solo han dado un mensaje de incongruencia política, sino también de debilidad. No han sido capaces de defender un acuerdo que consideraban legítimo días antes de que se consumara en el congreso. Han retrocedido, pragmáticamente, ante el descontento de la gente y la presión mediática, a pesar de que habían conseguido cierto grado de consenso, el cual había sido esquivo desde hace cinco años. Por supuesto, tampoco faltaron los que pretendía obtener réditos ante tal estado de calamidad. El APRA y Solidaridad Nacional se convirtieron automáticamente en los adalides de la moral y decencia. Creo que no es disparatado sospechar que de poseer ambas una cantidad considerable que les hubiera permitido participar en la “repartija”, la historia sería completamente diferente. Sin embargo, si tales grupos creen que no saldrán perjudicados luego de semejante espectáculo, se equivocan. En efecto, la actual crisis afecta a todos, a unos más y a otros menos, pero nadie se salva. La clase política tiene una ardua labor para tratar de resarcir lo perpetrado, una preocupante situación que se encuentra presente ya mucho tiempo y que hace peligrar la continuidad de la democracia del país. En estos contextos, las propuestas autoritarias disfrazadas de Mesías poseen mayor acogida, y, seguramente, más de uno estará dispuesto a apoyar a alguien que prometa “solucionar” este problema, sin importar el métido que use. Ha estar alertas.