Enciendo el televisor buscando una buena noticia de la cual escribir. Hago zapping y examino cada canal en busca de algo realmente bueno y novedoso, en lugar de los rutinarios “ampays”, demandas, Esto es Guerra, Fujimori, Combate, peleas de famosos y las precarias declaraciones políticas con propósito de causar sensación en la población. Me encuentro entonces con un tema quizás no muy novedoso, pero si de gran relevancia actual (aunque no muchos estén quizás informados): el conflicto con Pluspetrol en Pichanaki respecto al lote 108. Hasta hace unos días su humilde servidora no tenía ni idea de qué era Pluspetrol, dónde quedaba este lugar, qué era el lote 108 y sobre todo qué esta pasando que llena tantos diarios, redes y noticieros con dichos y desdichos. Empecemos por conocer quiénes son los involucrados y lleguemos al meollo del asunto.

Pluspetrol es una empresa privada dedicada a la exploración y producción de petroleo y gas cuyo alcance en America Latina es cuantioso. Curiosamente, es también la segunda empresa con mayor faltas por exceder del “Límite Máximo Permisible” (LMP), el cual mide el porcentaje de químicos que cada empresa tiene permitido emitir. Pluspetrol tiene varios proyecto en el Perú, uno de ellos es el del lote 108 en Pichanaki. Este proyecto llegó al Perú en el 2005. No obstante, recién en el 2013 se evalúa y acepta el impacto ambiental permitiendo empezar el proyecto. Por otro lado, Pichanaki es un distrito ubicado en la selva de Junín cerca a Ayacucho y Cuzco donde hay otros proyectos por realizar. Al hablar del lote 108 se refiere al territorio que será usado por la empresa este comprende varias partes de Junín y algunas de Ayacucho.

La temperatura del asunto aumenta justo aquí.

Haciendo un flashback, hace casi 6 años ocurrió el llamado “Baguazo”. Este fue, básicamente, un conflicto entre el Estado y las comunidades nativas. Por un lado, las comunidades exigían respecto por la tierra, ya que este es su hogar, así como la vida misma y hacia ellos mismos pues no había un diálogo entre estado y ciudadanos. Del otro lado, estaba el Estado y su formulación de leyes a favor de garantizarle facilidades a la empresa involucrada, a pesar de que el territorio era un área protegida. La necedad de creer que un país es solo minería, petroleo y gas y que el grupo gobernante es su dueño, no causó más que tragedia. Y es que se actuó con violencia e intolerancia, y fue con estas con las que terminó el asunto. Años después, se creó la consulta previa, la cual busca prevenir estas situaciones y emprender un diálogo asertivo. Volviendo al 2015, Pichanaki podría ser una situación así. Las comunidades rechazan que la empresa continúe sus labores ahí y el Estado no entabla un diálogo. Sin embargo, la situación es más compleja de lo que parece.

Lamentablemente hay un grupo de personas que están detrás del accionar, digamos, violento, de las comunidades nativas hacia la empresa. Entre ellas está Carlos Chavarría, ligado al “Andahuaylazo” y al movimiento etnocacerista. Estas personas, y en concreto él, “no representan los intereses de la población de Pichanaki, sino de un grupo de personas que se oponen a las actividades e inversiones de empresas de la zona”, tal como lo señaló un poblador para el portal INFOREGION. Además, Rosa María Palacios asegura que lo más probable es que no quieran que se intervenga esa zona ya que es del narcotráfico, lo cual tendría bastante sentido debido a la presencia de personas tales como Carlos Chavarría, y por el hecho de que aún no se ha extraído o contaminado, sino recién se está explorando el terreno. Esto no asegura que haya una causa concreta para sacar a Pluspetrol, pero sí da lugar a especulaciones. La mayoría de los pobladores temen por las acciones del grupo etnocacerista y no las avalan a pesar de no estar a favor de la empresa. Un ejemplo de ello es Ruth Buendía, quien declaró “hay otras maneras de tener desarrollo en las comunidades. Hay programas del Estado, del gobierno local, regional (…), no necesitamos a las empresas petroleras aquí en nuestras comunidades” para SERVINDI. Esto debido a que muchas veces los ingresos de este tipo de empresas no generan necesariamente desarrollo, sino contaminación y división entre las comunidades.

La respuesta del Estado ha sido el pedirle a Pluspetrol que se retire del lugar; sin embargo, ¿es esta la solución? Para la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía (SNMPE), este tipo de acciones no brinda estabilidad a la inversión ni garantiza que se cumplan los contratos futuros (ya que Pluspetrol tenía un contrato hasta unos meses más), restándole autoridad y legalidad. Por otro lado, ¿cómo saber si esto es lo que buscan las comunidades, si no se forma un diálogo? ¿si vemos que hay otro grupo gestando violencia y no le interesa realmente lo que busca la población? Lo más indignante, es que este asunto le ha costado un muerto al Perú, ya que los agentes policiales que resguardan el lote portaban armas. Su servidora pensó en un principio que las comunidades buscaban sacarlos por la contaminación que ejercían, pensó que el Estado -como siempre- no actúa realmente en situaciones como esta, que tanto policías como ciudadanos sólo saben actuar con violencia. Ahora no sabe realmente cuál es la voz de estas comunidades, si hay otros grupos intentando violentar, y políticos, al igual que la prensa, que no se interesan por llegar a la verdad sino en tomar decisiones rápidas y mediocres para contentar a los “revoltosos”. A ustedes les queda seguir investigando y gestando su opinión frente a conflictos como este que solo me dejan con algo claro: ¿hemos perdido la creatividad que sólo pensamos en atraer inversión minera o petrolera para un lugar tan hermoso y vivo como el Perú?