perdió

Muchos tal vez se aburren de que las columnas de los lunes sean de fútbol. Les pido perdón por dos cosas: 1) porque en realidad sí, parece más una columna de fútbol que de deportes y 2) porque hoy no será la excepción, ya que se jugó la primera final del campeonato y ayer se cumplieron 26 años desde la caída del Focker, tragedia que terminó con la vida del equipo completo de Alianza Lima.

Qué bonito partido

La final jugada ayer en Espinar fue sin duda emocionante. Un partido que comenzó con un 2 – 0, con el que Garcilaso se conformó; que continuó con un 2 – 2, con el que la U levantó cabeza; y que terminó con un 3 – 2 que le dio la victoria en la primera final a Garcilaso. No afirmo que ya tiene una mano en la copa, porque sigo siendo de la idea que campeonará Universitario, pero lo que sí diré es que si los cremas quieren ir al tercer partido, tienen que mejorar su defensa y tienen que armar una gran fiesta en el Monumental.

El partido de hoy fue trágico para la U. Eran los favoritos. Todos los pronósticos y los ojos estaban sobre ellos. Realmente pensé que los cremas empatarían o ganarían, pero quiero pensar que la altura fue un factor determinante sobre los jugadores. Digo eso porque en el tercer gol todos se quedaron parados esperando, pareciese, una falla del contrario. De hecho fue un partido en el cual el físico tuvo que ver. Una final es para correrla, es para dar todo, es para morir en el intento de ganar. No importa si estás lesionado, hay que seguir jugando. Pero cuando las piernas no te dan, no te dan. Tu cerebro puede mandarlas a correr todo que lo quieras, pero tus piernas no darán. Y eso, pienso, sucedió hoy.

No le quito mérito a los cuzqueños, ojo, solo estoy pensando en factores que pudieron afectar a Universitario. Los cuzqueños por su parte hicieron lo que siempre hay que hacerle a un equipo grande: meter un gol en los primeros minutos. Así, suceden dos cosas: puedes jugar más tranquilo, tal vez con un poco menos de tensión, y puedes, por esto, tener la libertad de que se juegue a tu ritmo. Hay una contra: echar al equipo para atrás. Y esto sucedió con Garcilaso. En el segundo tiempo, con un 2 – 0 que es sin duda cómodo, el equipo celeste se echó completamente para atrás. Retrasó la línea del volante y los delanteros tuvieron que retroceder. Y una defensiva que culminó en penal le dio el 2 – 1 a la U. Realmente me sorprendí de que después haya terminado 3 – 2 y no 2 – 3. Más cerca, creo, estuvo la U de voltearlo.

Fue una final con todo lo que una final debe tener. Sin embargo, los jugadores de Real han celebrado por adelantado. Creo que toca dividir el partido en tres. Desde el comienzo hasta el primer tiempo. Desde el comienzo del segundo tiempo hasta el segundo gol de la U. Y del segundo gol de la U hasta el final. Ramúa fue determinante. Su gol cerró totalmente el partido. No le alcanzó a Guastavino, no le alcanzó a Rainer, no le alcanzó a Comizzo. Bueno el partido de Montes, arriba, ahí como siempre. Bueno lo hecho por el volante de Garcilaso. La final en Lima será una fiesta. No tengo dudas de que el marco del monumental influirá en el resultado. Para mí, la U ganará con lo justo el domingo que viene. Y en el tercer partido, los penales definirán al campeón.

Tragedia en Ventanilla

Nunca está de más recordar la trágica caída de aquel avión que terminó con la vida de todo un equipo hace 26 años. Un 8 de diciembre de 1987, el equipo de Alianza Lima, los potrillos, regresaba de Pucallpa. Regresaba para ser campeón, regresaba para consolidarse, regresaba a su hogar. El mar de Ventanilla fue testigo esa noche de una tragedia: el avión en el que regresaban se cayó al mar y terminó con la vida de muchas personas. Recordar al gran Marcos Calderón, técnico que dirigió a la selección peruana. Cómo olvidar “Caíco”, Tomassini, Luis Escobar.

Sorpresa que se dieron todos cuando se enteraron de la noticia. Fue realmente una tragedia. Mi pésame a las familias afectadas, al club Alianza Lima, y a toda la hinchada “grone”. No deseamos que esto vuelva a pasar, ni a Alianza ni a nadie. En la gloria quedaron los “potrillos”; allí, en Ventanilla, descansa el campeón de 1987.