Los años vividos tocan esa puerta
que se ha empezado a apolillar
y no han dudado siquiera
en dejar huella en el paso dado.

 

Ya está atardeciendo y el pequeño niño
se va volviendo hombre.
Parece ser que un mundo nuevo
se ha abierto ante sus ojos,
una realidad que tiende a ser chocante.

 

Y el peso de estos años vividos,
poco a poco, va cobrando un sentido.
No en vano se pasan los años,
los recuerdos otorgan ayuda.

 

Los recuerdos son esa realidad en nosotros
de saber que hemos vivido.
La puerta apolillada se vuelve testigo de eso.
Solo que algún día la tendrán que quitar
y algún día nosotros tendremos que morir.