No recuerdo con exactitud cuándo fue la primera vez que me subí a un escenario. Estoy segura de que era muy pequeña y no entendía muy bien lo que hacía. Recuerdo que la misma experiencia se repitió muchas veces con pequeñas obras escolares, recitales de música, concursos de declamación, bailes, etc. En algún momento, me empezó a cautivar la sensación de meterme en la piel del otro, el calor de las luces, los aplausos y el momento en el que todo se paralizaba y solo éramos yo y el arte. Pasaron los años y, aunque los estudios amenazaban con alejarme de mi gran pasión, busqué el tiempo de seguir actuando y relacionándome con lo que tanto me gustaba.

Hace algún tiempo que- por razones de tiempo- no actúo, pero el teatro me ha enseñado muchas cosas y siempre tendrá un lugar muy especial para mí. Fue sobre un escenario que aprendí a perder el miedo al ridículo, a alzar la voz, a transformarme en otra persona, a tomar conciencia de mi cuerpo como nunca antes lo había hecho y tantas otras cosas que no podría terminar de enumerar. Es una parte de mí, la clase de experiencia que proporciona plenitud y que cuesta dejar.

Luego, en mi paso por EEGGLL, el curso de Teatro me hizo mirar las cosas desde otro punto de vista. Leer los textos de las obras en las que me gustaba participar me dio la oportunidad de darme cuenta de lo mágico en una puesta en escena. Aprendí que una historia no se cuenta una sola vez, se cuenta en cada adaptación distinta, en cada ensayo, en cada noche con un público distinto. Comprendí que una obra es de un autor cuando la escribe, pero luego se vuelve algo colectivo, un sueño que se transforma en manos de cada individuo que toca.

El arte de narrar historias y la forma de representarlas ha ido variando durante muchos siglos. Lo curioso es que, a pesar de las innovaciones tecnológicas, las personas no pierden la costumbre de ir a ver un espectáculo. Tal vez eso se deba a la emoción de sentirte cerca a lo que sucede en frente, a esa conexión especial entre el público y los artistas. Puede ser que sea esa capacidad del teatro de no dejar de sorprendernos, de crear infinitas situaciones cautivantes para el espectador.

El teatro en Lima, en Perú, está atravesando por un momento muy especial. Tal vez nunca antes había habido tantas obras en temporada al mismo tiempo, tanta variedad de espectáculos en nuestra ciudad. Además, cada vez hay más oportunidades: para escribir tu propia historia, para aprender a actuar y subirte a un escenario, para ser parte de algo tan hermoso. Hay muchas iniciativas, algunas más conocidas, otras más caletas, pero todas innovadoras y de gran calidad. Es imposible hablar de todo en una columna semanal, pero estoy aquí para compartir todo lo que pueda sobre ese pedazo del mundo que acelera mi respiración y genera expectativa cada vez que hago algo relacionado con el teatro.

Esta columna es una oportunidad para recordar por qué me gusta tanto el teatro y para compartir esa pasión con ustedes. Aquí escribiré sobre los montajes que actualmente se pueden ver en Lima y los próximos estrenos. También, habrá reseñas de obras e información sobre los artistas involucrados. Como el teatro no se reduce a mirar, les contaré sobre alguna obra que haya leído y sus adaptaciones más célebres. Podrán encontrar información sobre talleres y cursos cortos de actuación y artes escénicas si se animan a intentarlo algún día. Además, se vienen otras sorpresas en camino.

¡Espero que me acompañen en esta gran aventura!

  • Andrea Palomino Luna

    Me encantó la cercanía y naturalidad que emanas al escribir. ¡Sin duda te voy a seguir!

    • Samantha Taboada

      ¡Muchas gracias por tu comentario, Andrea! Le pondré muchas ganas para que esa naturalidad siga agradando cada semana.

  • Milagros Cornejo

    No pudieron encontrar mejor columnista. Tan orgullosa de llamarla amiga 🙂

    • Samantha Taboada

      ¡Gracias Mili! Tu comentario me llena de ganas de hacer algo mejor cada semana. Nos veremos para ir juntas al teatro.