Editor: Miguel Prado de Orbegoso

El deporte siempre ha sido un ámbito que permite analizar a la sociedad en la que uno se encuentra. Podemos, por lo tanto, a través de la historia, dar cuenta de que la participación de mujeres en los deportes es proporcional a su participación en la sociedad misma. Esta idea se explorará a lo largo del presente artículo.

Retrocedamos hacia finales del siglo XIX – comienzos del siglo XX. En este periodo, ocurrieron eventos que tuvieron un impacto trascendental en las normas sociales y costumbres alrededor del mundo. Fue en esta época cuando se empezó a cuestionar la idea normalizada de que la mujer era socialmente inferior al hombre. Diversos movimientos y congresos femeninos se expandieron globalmente buscando la liberación de la mujer del sistema patriarcal que había acompañado a la raza humana históricamente. Así, reflejando los roles jerárquicos de la época, el deporte era un privilegio exclusivo para los varones, mientras que las mujeres eran imposibilitadas y estigmatizadas de participar en los mismos.

Charlotte Cooper, primera campeona olímpica. (Imagen: La Vanguardia)

Las primeras prácticas deportivas femeninas se dieron netamente por razones médicas; por ejemplo, la mujer hacía excursionismo para mejorar sus condiciones físicas y las de su futuro hijo. Si bien la mayoría lo veía como una aberración, poco a poco, empezaron a surgir grupos de promotores de la inclusión de la mujer en el deporte. Esto se evidenció en las Olimpiadas de 1900 con la presencia, por primera vez, de mujeres en una competencia de alto nivel. Sin embargo, el porcentaje de mujeres en comparación al total de atletas fue de un 1,4%, y su participación fue motivo de crítica por varias figuras públicas de la época. En protesta al casi-inexistente espacio para mujeres en esta competencia, se crean en 1922 los Juegos Olímpicos para Mujeres, los cuales se extenderán hasta 1934, ya que, en 1936, son prometida una mayor participación en las Olimpiadas regulares.

Simone de Beauvoir (Imagen: Wikipedia)

Las crisis humanitarias y políticas de las primeras décadas del siglo pasado afectaron negativamente al proceso de inclusión de las mujeres al deporte, mas no la detuvo. Sin embargo, la excusa de que las mujeres eran biológicamente inferiores a los hombres aún eran frecuentes, ahora enfocado en la función de las mujeres como madres. No obstante, a mitad del siglo XX, con la coronación de Fanny Blankers-Koen en las Olimpiadas de 1948 (quien era madre y deportista a la vez), el “obstáculo” de la maternidad quedó prácticamente tachado. Ya en 1960, aumentaron las movilizaciones y corrientes, no solo femeninas, sino anti-imperialistas. Fue, en esa época, donde la escritora Simone de Beauvoir planteó que la inferioridad de la mujer no era biológica, sino social. Después de ese hito histórico, la mujer tuvo una participación nunca antes vista en las Olimpiadas, con lo que el argumento de inferioridad biológica de la mujer fue desapareciendo.

Finalizando el siglo XX y entrando al presente siglo, las mujeres están presentes casi totalmente en el ámbito deportivo. Sin embargo, ese casi significa que faltan algunas barreras importantes de derribar; es decir, que la inclusión total de las mujeres en el deporte aún no se ha logrado. Un claro ejemplo de esto, es el hecho de que aún se aprecia a las mujeres más por su belleza que por su habilidad en el deporte que practican. Esta costumbre se detectó desde lo inicios de la presencia de la mujer en el deporte, cuando los periodistas deportivos solamente resaltaban a las mujeres por su físico. Otro obstáculo al que se enfrentan las deportistas, y, en mi opinión, la más importante, es el factor económico. La brecha salarial entre hombres y mujeres, independientemente del deporte, es abismal. Esto ocasiona que muchas mujeres deportistas se retiren tempranamente debido a que los ingresos económicos no son los suficientes para sostener a su familia. Asimismo, los ingresos por patrocinio y por publicidad son mucho menores en mujeres que en hombres.

Como fue expuesto, cada vez que la participación activa de las mujeres en la sociedad aumenta, también incrementa su presencia en el deporte. Tal vez, actualmente, nos encontramos en el pico más alto del número de mujeres en el deporte, pero aún falta mucho por mejorar. Así como en el la mujer se liberó de los prejuicios de inferioridad y evolucionó en todos los ámbitos durante el siglo pasado, esperemos que, en los próximos años, se logré la equidad total, no solo en el deporte, sino en la sociedad en sí.