Hace treinta años se estrenó “París, Texas”, un film de Wim Wenders y que cuenta con la actuación protagónica de Harry Dean Stanton, Nastassja Kinski y Dean Stockwell. Esta película comienza de manera algo confusa, pues desde el inicio nos topamos con un protagonista que apenas yace conectado con sí mismo y esto se complica aún más en los primeros diálogos en los que buscamos darle el sentido a su actual estado. Sin embargo, luego poco a poco la historia va tomando forma y lo que parecía un seguimiento a un hombre solitario se va convirtiendo en una apasionante búsqueda del pasado que nos persigue y marca nuestra identidad.

“París, Texas” es eso precisamente, la lucha por reconstruir el pasado, el regresar al pretérito para luego poder seguir viviendo. Además, es de esas cintas en las que se aprecia los pocos diálogos, y en las que la música se convierte en el mejor lenguaje en secuencias en las que los personajes se dicen todo con la mirada. Nuestro protagonista, Travis, no encaja en el típico héroe al que Hollywood nos tiene acostumbrados, es un hombre que apenas habla y que expresa sus más profundos deseos y emociones con los gestos y las andadas.

La pregunta que nos carcome hasta bien entrada la cinta es qué es “París, Texas”, algo que luego sabremos con la revelación de Travis. “París, Texas” no es otra cosa que donde tuvo lugar la concepción de Travis. Él planea regresar ahí porque esto significa volver a nacer, ir al lugar en donde todo empezó y recorrer su vida para solucionar algo de lo que él se autoculpa. Cuando al fin lo logra, se va, porque esa era su máxima aspiración. Había realizado ese viaje para llegar a ese punto y poder ser libre. Aunque el final puede resultar algo abierto, el mensaje no lo es y esto es lo más fascinante. “París, Texas” no es la simple historia de un hombre que quiere reencontrar a su pareja, es la de alguien que quiere hallar su pasado, ver en qué se equivocó y enmendar ese error. Es la oportunidad de volver a nacer que a veces todos quisiéramos y que Travis, a su modo, consigue.

Wenders es capaz de explotar esos paisajes solitarios en los que no hay nada más que un auto y los personajes, y es que el continuo uso de estos en la película es la mejor metáfora del constante viaje de Travis. “París, Texas” es de esos filmes que dan ganas de ver cuando por nuestra ventana notamos un sol abrasador y el sentimiento de soledad nos invade. Es una película con una potente carga emotiva y nostálgica. La penúltima escena del reencuentro entre Travis y su esposa termina por ser una especie de confesión de todo lo que este sentía. Esta parte es explotada en el diálogo, el juego de luces y en la magnífica actuación de Nastassja, y nos sentimos satisfechos con los sentimientos que solo Wenders puede generarnos.