Veo la puerta cada minuto.

Sudo frío hasta en las manos.

Oigo la clase,

pero mis sentidos están alertas por ti.

 

Oí tu nombre,

mientras conversaba.

Antes me ponía feliz,

ahora se me erizan los pelos.

 

Estoy inquieto en mi silla.

Mi cabeza gira como si fuese un búho.

Mis manos intentan aplacar una inexistente comezón.

Mis sandalias están por saltar debido a los nervios.

 

En mal momento tomé la ayuda.

Entré tranquilo y feliz,

tan feliz como lo era contigo;

es decir, con inocencia.

 

Mis ojos están rojos,

mas no por lágrimas.

Mi mente y mi corazón están corriendo,

pero no por actividad física.

 

Confiaba que sería difícil volverte a ver,

pero recordé que la sensatez no iba contigo.

Planeé hacer lo que tú no pudiste,

pero querías tu revancha.

 

Miedo.

Correr.

Suspenso.

Esconder.