Hoy, he agarrado un lápiz como tantas veces

y me he puesto a dibujar, y, entre bosquejos y trazos,

lentamente el otoño se volvía en invierno

y la mañana se volvía tarde,

un tiempo transitorio aparecía de pronto, un tiempo ajeno,

que por un momento invadía mi ser

y que muy tenuemente presentaba

una figura tan conocida por mí: era papá,

era él, el que se acercaba con esa plenitud que lo caracterizaba,

esta vez su semblante irradiaba alegría y yo me inmuté, pero…

poco a poco se veía más lánguido y pensativo, y así se alejaba

aquel recuerdo, se diluía entre bosquejos y trazos, y la figura de papá

desaparecía por completo, pero, aún así, yo sabía que volvería; aún así

no se había ido del todo; dentro de mi ser, se escuchaba una voz que decía:

”Sigue dibujando, pequeña, no pares por mí”…

 

Edición: Raúl Arrunátegui