La final de la Champions League fue madrileña. El Real Madrid consiguió la tan ansiada décima orejona en su historia.

El Real Madrid buscaba coronarse campeón después de más de 10 años y el Atlético de Madrid buscaba su primera corona. El partido fue como se esperaba desde que se jugaron las semifinales de esta edición de la Champions; al menos del lado del Real, pues contra el Bayern mostró una faceta muy interesante en el posicionamiento dentro del campo. Sin embargo, el sábado el Atlético -también con un estilo repetido durante toda la temporada- tapó los espacios por donde el Madrid buscaba entrar. Así, el partido se daba muy parejo, muy brusco por ambas partes y sin claridad en los ataques más allá de una escapada de Bale a partir de un error del Atlético en la salida. Con un Diego Costa que tuvo que salir lesionado nuevamente a pocos minutos de iniciado el encuentro y con un Cristiano Ronaldo apagado, el Atlético de Madrid abrió el marcador tras un error de Casillas en la salida que aprovechó Diego Godín, enorme defensor uruguayo que le dio el título de liga la semana pasada al Atlético. De esta manera, el primer tiempo se fue con ventaja para un Atlético que corrió y jugó como en toda la temporada, mientras que el Real encontraba en Di Maria a su mejor hombre.

El segundo tiempo tuvo momentos muy cambiantes pues el inicio fue similar al término del primero, con un Atlético que dominaba el encuentro sin la necesidad de manejar el balón, pero que llegaba con más peligro que un Real Madrid con sus figuras apagadas, exceptuando a Ángel Di María -que era el más peligroso del equipo blanco-.   Sin embargo, el cansancio era notorio en el equipo colchonero y, más la lesión de Filipe Luis, el Real Madrid comenzó a falta de 15 minutos para terminar el encuentro a avasallar el arco de Courtois con centros y remates desde fuera, pero no encontraba el gol hasta que, en el tercero de los cinco minutos de adición, el tan criticado -pero últimamente amado- Sergio Ramos conectó de cabeza y empató un partido se sufría por ambos bandos e hinchadas.

El suplementario fue más de lo mismo: un Real Madrid que asechaba y un Atlético que se acorralaba. El segundo tiempo del suplemento vio la caída del Atlético tras la gran jugada del mejor hombre del campo en el Madrid. Ángel Di María desbordó por izquierda, remató y Courtois lo desvió, pero aparecoó Gareth Bale, el hombre de los 100 millones, que encontró el rebote y empujó de cabeza el balón para desatar la euforia de un equipo que estaba obsesionado con llegar y ganar este encuentro para terminar con la sequía de títulos internacionales a pesar de las enormes inversiones realizadas. Con el encuentro a favor del Real y un Atlético que intentaba golpear , Marcelo y Ronaldo, de penal, aumentaron el marcador y le dieron el décimo título en Champions League al Real Madrid, que poco antes había sido posicionado en el ranking FIFA como el número uno del mundo.

Fue una final de emociones fuertes y, más allá de algún comentario extra, el Real Madrid es un justo campeón por lo hecho en la temporada.  Sin embargo, muchos nos quedaremos con el sin sabor que tuvo Diego Simeone y su Atlético, que nos mostraron cómo se juega ante rivales de mayor poderío y hasta dónde se puede llegar a través de la convicción. Dato importante, Iker Casillas después del 2000 no ha perdido alguna final disputada con él en el campo.