Tras la cercanía de las Elecciones Municipales de Lima, los medios de comunicación han mostrado un gran interés en documentar cualquier tipo de comentario hecho por los candidatos. Sobre todo aquellas expresiones que atentan contra la dignidad de la mujer, tanto en sus discursos de campaña, como en la imagen que se ha construido de las esposas de los candidatos, y el trato brindado a la única mujer aspirante a la alcaldía de Lima. Lo cual, al mismo tiempo, revela la verdadera cara de los postulantes al municipio, más allá de su discurso político.

¿Serán mayores sus errores o su posición en la primera vuelta?

Ricardo Belmont, ex congresista y candidato actual, desató una ola de críticas por una serie de afirmaciones machistas que aludían a su esposa, en un intento por aumentar sus votos y cercanía al pueblo con esa clase de “bromas”:

“…los hombres de bien los construyen nuestras mujeres, la mejor maestra es la madre. Mi favorita es mi mujer. Ojo, yo no soy ‘cosito’ (marioneta). Ella de vez en cuando me agarra la ‘cosita’ (genitales), pero eso es otra cosa”. [En un mitin]

Sin embargo, no solo generó un espacio de humillación para su esposa; sino también uno de rechazo y reprobación, por reforzar los roles estereotípicos que le son asignados a la mujer. En especial, aquella representación que las equipara a meros objetos de satisfacción continua para el hombre.

A pesar de que dos de los principales puntos en su plan de gobierno, para lograr el objetivo de “Desarrollo y Transparencia”, sean el respeto y acabar con el machismo:

“8.9 Realizaremos una campaña permanente en Lima Metropolitana para garantizar la seguridad y el respeto a la mujer, combatir el machismo en cualquiera de sus formas y la violencia contra la mujer. “ (La participación de la Juventud. El cuidado especial de las poblaciones vulnerables: niños, mujeres, adultos mayores y personas con discapacidad)

Es evidente que empezar con propuestas tajantes en pro de la defensa de la mujer, para luego manifestar -durante la etapa electoral- acciones tan contrarias a las planteadas; ofrece una imagen clara de lo que sería su gobierno.

Cabe resaltar que esta no es la primera vez que dicho político hace alarde de una conducta sexista. No ha pasado mucho tiempo desde que, el conocido representante de Perú Libertario, realizó polémicas declaraciones sobre las venezolanas migrantes en el Perú. Donde se refiere a dichas mujeres como: “bastante potables, están ‘maceteaditas’, están muy agradables y ellas, como alguien dijo, ‘no parece que vinieran de Venezuela’ porque se supone que en Venezuela no hay comida”.

Por otro lado, en el debate municipal que tuvo lugar el pasado domingo, el candidato de Somos Perú, Juan Carlos Zurek, se dirigió a  su contrincante, Esther Capuñay, de la siguiente manera: “Eso es falso. Señora Capuñay, es una dama simpática, pero su millonaria campaña no es exitosa, así lo dice la calle y las ‘caribeñas‘ que viven en Lima. Sus propuestas son débiles e inconsistentes.”

Llama la atención la irónica e innecesaria mención que hace de su persona como “dama simpática”. Es clara la intención de inferiorizar el plan de trabajo de la candidata, y, asimismo, su perfil como postulante. De igual forma, para respaldar su ataque emplea opiniones externas que nada tienen que ver con el tema que se está debatiendo. Luego de ello, siguieron otras críticas hacia las planificaciones de gobierno de otros candidatos. Sin embargo, éstos no fueron agredidos por su género, a diferencia de lo sucedido con Capuñay.

Otro tema a reflexionar, y que también puede entenderse como concerniente a la inequidad de género, es el desequilibrio que existe entre la cantidad de mujeres en la lista de candidatos, y el avasallador número de hombres.

¿Qué es lo que evita realmente que haya un aumento en las candidaturas femeninas para cargos políticos como la alcaldía?

Sobra decir que el machismo es una problemática que abunda ampliamente en el país. Además, lo peligroso de este pensamiento es que no solo deja ver sus consecuencias en el creciente número de feminicidios que se ven en las noticias; sino que incita a realizar acciones que -sutilmente- limitan y afectan a la mujer en el día a día. Normalmente, se mezcla el humor o el sarcasmo para restarle seriedad, y transmitir la sensación de que este no tiene un verdadero impacto en la configuración de la mujer en el imaginario social. De manera que la sociedad no realiza un examen crítico sobre dicha forma de discriminación, sino que los asimila como actos cotidianos e inofensivos. Por esta razón, comentarios como los mencionados anteriormente no son contemplados como una espada de doble filo. Y lo son, pues -sin darse cuenta- las mujeres son dañadas y, al mismo tiempo, el perfil del candidato se ve desacreditado. Todo por esta contraproducente y poco ética forma de hacerse conocido gracias a la polémica. ¿A qué costo?

Lamentablemente, este ha sido el “método” de la mayoría de los candidatos. Solamente han performado en los medios una pelea de niños, más enfocados en conseguir su “trofeo” gracias a la destrucción del otro -como hemos podido ver en la gran cantidad de memes tipo “roast” que han inundado las redes-, que en actos y propuestas que permitan el desarrollo, libertad y respeto entre todos. Dado que, al final, nos debería unir nuestra pertenencia a un lugar común (provincia, distrito, etc.) y nuestra voluntad de querer hacer del Perú un país mejor.

En conclusión, las futuras elecciones muestran razones más que suficientes para tener un plan a conciencia, que deje de lado las improvisaciones polémicas y reconozca las consecuencias que tienen esta clase de comentarios; más aún de parte de los candidatos municipales, por todo el alcance que tienen. Es necesario tomar en cuenta la importancia de realizar un voto que no se vea determinado por el género del candidato ni por las actitudes fomentadas por un pensamiento machista. Asimismo, un voto en blanco no es una respuesta justa ni favorable, sobre todo para unas elecciones manipuladas por desigualdades y distorsiones.