《Pleno de méritos, pero es poéticamente
como el hombre habita esta Tierra》
.

Hölderlin.

Para muchos compositores, crear música a partir del elemento poético es un ejercicio recurrente. Las palabras y los sonidos conviven sobreponiéndose mientras van partiendo del artista, mientras él encamina su inspiración hacia un ideal: la canción.
Entre los cantantes y poetas, hubo uno que fue una perfecta compaginación de ambas artes: Miguel Abuelo, que, coincidente y especialmente nació un 21 de marzo, día de la poesía. Con el poema-canción 《Buen día》, Miguel me hace recordar a las definiciones de Heidegger en torno a la poesía.

《El pensamiento corre,
el cuerpo baila.
Los ojos iluminan.
La voz llega y escapa.
¿Por qué trastocar la lozanía
que hay en tu alma?

¡Ah! Yo sé, el yugo.
¡Ah! Yo sé, la enfrascadora jornada.
Brindo contigo, Holderlin.
Por lo gratis, la bendición etérea.
Y óiganse las manos serviciales.
La tarea del amor,
creativo y fraternal》.

En la canción, Miguel casi descifra los motivos de la humanidad. El momento infinito de existir en la Tierra, y de convivir cada día entre nosotros, los semejantes, fraternalmente; habitar en nuestros cuerpos, y ser conscientes de nuestra sencillez y complejidad esenciales. Miguel remarca lo amable de lo amable, lo humano de lo humano, y lo etéreo del vivir y sentir, amar y padecer, explotando la metafísica del lenguaje.

« Me fecunda la música que tonifica y cura.
Los poetas me acusan de deber ser valiente.
Las musas liberales, las artes para siempre.
Como, huelo, duermo, río, bebo, juego, ando.
Me recuesto cara al cielo
y mi reposo goza en la paz de todos los orígenes ». 

El gesto del saludo, el decir “Buen día” (a todo lo que pasa) evidencia una sensibilidad humana, una reverencia al despertar junto a las musas del amanecer del sol. El hombre yace existiendo con la música tonificante, con la poesía espléndida, con los mares, con cada bien, y con cada una de sus extremidades y sentidos. 《Buen día, día》 es el mejor buen día que podría dedicarle a quien sea.

《 Buen día, remanso, tempestad buen día》.

Solo hay mundo donde hay habla: Los dioses nos han dotado un poder inofensivo y destructor, el lenguaje, aquel que se pone al servicio de los poetas (¿o es al revés?). Y, como dijo Heidegger, la poesía es la instauración del ser con la palabra. La razón del ser nunca se halla en el abismo, siempre en la abundancia. Con todo esto, se puede comprender mejor la atribución de Miguel de ser un “mini-dios”, poeta con locuacidad extrema, dotado de la sabiduría exacta para ofrecer un poema-canción que roce la misticidad del existir permanentemente cotidiano.

《 ¡Embelésate ahora que aún estás vivo!
Este mundo era ya una loquería,
¡Vamos, adelante! Traerás todo junto,
llanura y vegetal entrelazado.
Agua sobre fuego y fuego bajo tierra.
Sé bien que tus coros se pondrán
contentos》.

Con Buen día, día, y sus versiones, comprendo la sola verdad. Desde haberla pensado y escuchado en distintas ocasiones, estoy convencida de ella: de que 《más allá de todas las ideas del bien y el mal, hay un campo [divinamente poético]》(Rumi), y de que la única libertad es la poesía, la poesía cantada ardientemente, la poesía en modo de inevitable ofrenda a todo lo que pasa.

《Aquí voy yo…
El que río y rió
bajo y sobre las vertientes.
Aquí voy yo…
el que tentó al amigo.
Oíd, qué hermoso río que suena en ti
llamando: “Humano, humano, humano,
humano, humano, humano, humano…”》

Buen día, día es, para mí, la mejor conjunción de poesía y música. Debo decir que es imposible describir, o explicar, una creación artística de tal calibre. En este caso, es necesario escuchar atentamente el tema, con la ternura a disposición. (Ojo: en Youtube hay varias versiones en vivo en las que Miguel Abuelo improvisaba con la letra, así que la que se presenta aquí no es 100% fiel al tema original, pero es mi preferida.)

Y un extra: