Qué rápido pasa el tiempo. Más de 160 días de cuarentena han logrado, al menos de manera forzada, una nueva normalidad. Pareciese que las personas se acostumbraron ya al cubreboca como prenda habitual y a sortear los embates contra el encierro y el bolsillo de una y mil maneras. Muertos, por montones e infectados, más aún.

Nuestro gobierno, tan aclamado al principio y golpeado hoy, sigue andando. A dónde, pues a donde llegue, que de por sí seguir en marcha ya es algo al menos. Una pequeña victoria, y no me refiero al primer puesto en mortalidad, les hizo pestañear frente al volante y el frenazo nos volvió a encerrar los domingos. Cuidado, que los frenos tienden a desgastarse y si no, veamos los números, las desgracias y los crímenes que no nos permiten extrañar tanto la antigua normalidad.

Pero la frenada no vino sola, sino que trajo consigo una serie de alaridos que nos bombardean por todos lados y a toda hora. A más de uno, y me incluyo, tomó por sorpresa la nueva estrategia de comunicación por parte de la administración Vizcarra lanzada el domingo último. Se había pasado de #YoMeQuedoEnCasa a #PrimeroMiSalud, y ahora, en un nuevo nivel, somos potenciales cómplices y asesinos.

Efectivamente, el COVID no mata solo. Sin embargo, ¿un mensaje de este tipo podría realmente dar un resultado positivo? La mente humana es bastante compleja y, como hay quienes se juegan la vida por motivos banales, habrá quienes no teman salir campantes diciendo “al final todos nos vamos a contagiar”. Esperemos nada más que el próximo paso de este gobierno no sea colocar imágenes desagradablemente explícitas en el alcohol o en el gel desinfectante al puro estilo de las cajetillas de cigarros.

Pero en medio de todo este discurso tanatofílico encontramos una luz de esperanza que podría dar nuevo aliento a la golpeada situación del país. El 26 de agosto, el MEF publicó el Marco Macroeconómico Multianual 2021-2024, en el que se nos muestra un panorama económico, si bien no del todo beneficioso, al menos para nada malo. Tendremos una reducción considerable del PBI este año, pero la recuperación económica tendrá lugar y a paso no tan aletargado. Sin embargo, ¡mejor meter terror! que para qué decirles que las cosas no van a estar tan mal. De repente salen a celebrar.

Con todo lo mencionado no quiero dar a entender que vivimos en una sociedad de ángeles o al menos en una donde las normas se cumplen masomenos bien. Para nada. La tragedia en Los Olivos fue un botón, pero solamente habría que pasar los canales mientras se almuerza para ver que ello se repite en diferentes puntos de la capital y del país. La gente está harta y transgrede las normas, es cierto, y el gobierno debe adecuarse a esa realidad y gestionarla, no tratar de imponer una en base a miedo, culpa y remordimiento. 

Y no perdamos de vista a nuestro querido Congreso. El populismo rampante de varios de los padres de la patria no descansa, sino que su gesta por la justicia social y el bienestar del pueblo continúan. AFP’s, contrato de peajes y ahora ONP marcan su derrotero hacia el gran sueño de la maquinita, cuyos efectos nefastos ya nos advirtió Pedro Beltrán hace más de 50 años. Cuidado, que la elección de los nuevos magistrados del TC está a la vuelta de la esquina.

Como dije al principio de este artículo, el tiempo pasa rápido. Sin embargo, en el Perú parece que tenemos problemas anacrónicos que se reinventan. Y antes de concluir, permítame mencionar que los ataques a la Constitución vienen también por parte de otros niveles de gobierno. Muñoz y compañía, la tauromaquia es una manifestación cultural constitucionalmente reconocida y Acho ha sido, es y será una plaza de toros. No lo olviden.