De pie, no puedes sentarte,

no tienes el poder para hacerlo.

Recibe la inmundicia que todos lanzan.

No tienes posibilidad de quejarte.

Ves los placeres de los demás.

Mentas la madre de todos en silencio, aunque ellas no tienen la culpa de tener hijos e hijas así.

¿O sí?

Todo es una pobre obra de teatro.

Algunas veces siendo drama, acaba en comedia estúpida.

O termina en una tragedia que no se pudo evitar.

Las escenas se repiten, y agradeces tu “estabilidad”.

Eres explotado por un cerdo avaro a cambio de un mísero sueldo y se lo agradeces a tu amigo imaginario.

Tienes la familia disfuncional que siempre soñaste,

o que la sociedad te vende.

Pasan los años y abres los ojos.

Te das cuenta de que estás embarrado hasta el cuello de la misma mierda de siempre.

Quieres cambiar.

Tienes que cambiar.

Luchas por el cambio, pero te hundes más.

No quedan muchas alternativas.

Cambia de rutina.

Vete

Salta.

.

.

.

La vida no para por nadie.