“No quiero ir más en micro. Prefiero ir caminando así deba levantarme a las 4 am.” dije el otro día a mi madre. Pensarán ustedes que no quiero ir en micro debido a la mala calidad del transporte (la cual es evidente, a pesar no sea este el motivo de mi exclamación) o a mi insastifacción frente a la caducidad (inválida e injusta) de la reforma del transporte, mas no es así. En realidad, mi bello hogar no queda tan lejos de la universidad y tampoco necesito tomar alguna de las rutas que involucraban al SIT (Sistema Integrado de Transporte de Lima). No son estos el porqué de mi premisa aunque estoy, en efecto, en desacuerdo con no continuar esta reforma. Asimismo, no es que me de flojera levantarme temprano a tomar el transporte o que simplemente no pueda levantarme a tiempo y por consiguiente, llegue tarde a mis clases lo que me lleva a decir esto. Puesto que, si estos fueran los motivos, no diría después de la primera oración que prefiero ir caminando en vez de en bus. En todo caso expondría este par de motivos. Entonces, ¿Por qué no quiero ir en micro? Eso es algo que me cuesta mucho describir. Sin embargo, lo considero necesario de escribir ya que al poner las cosas en palabras no considero que comunicamos solamente, sino que trasladamos algo a la realidad, a lo concreto, lo hacemos visible por que diciéndo “algo”, es que ese “algo” existe.

No quiero ir en micro por que me siento permanentemente violada. Me refiero violada no solamente en el sentido de una violación sexual como probablemente es lo primero que se les ha venido a la cabeza al leer esa palabra. Violar no es solamente un término que debería ser usado para representar que te han atacado o perpetuado sexualmente, violar significa mucho más que eso y de hecho, día a día violamos así como somos violados. Según la RAE (Real Academia Española) violar es “infringir o quebrantar una ley, un tratado, un precepto, una promesa, etc.” Con esto se hace aun más evidente que esta palabra tiene otras connotaciones. No obstante, es cierto que es una palabra “dura” para muchos puesto que es designada a una situación sexual. Ejemplo de esto es la segunda definición que también nos brinda la RAE “tener acceso carnal con alguien en contra de su voluntad o cuando se halla privado de sentido o discernimiento” e incluso violar tiene una connotación religiosa en la tercera defición de la RAE “profanar un lugar sagrado, ejecutando en él ciertos actos determinados por el derecho canónico”. Para la finalidad de este artículo, pretendo utilizar simplemente la primera definición pues siento que ella engloba absolutamente todo lo que quiero decir. Volviendo a la primera oración de este párrafo, el sentirme constantemente violada y además violentada, en este espacio que es el micro, genera en mí un rechazo a depender de él. Lamentablemente, soy una de esas tantas personas que no podemos darnos el lujo de ir en un taxi o auto particular todo los días y por eso escribo esto. Porque no es solo subir a un auto y olvidarte del micro, sino hacer que el micro sean tan confortable como lo sería ir en un auto.

Cada día que subo al micro, es un momento de estrés para mí. No sólo debo estar preocupada de que no me roben algo (porque puede suceder) o me empujen (porque sucede) debido a mi pequeña humanidad. Además de esto, debo cuidarme de lo que los demás pasajeros puedan hacer. Por suerte, mi época de falda escolar terminó y todo es más sencillo, pero cuando veo a las chicas con ella me causa indignación. La falda es muy incómoda para ir en el micro. A veces sube mucha gente y esta gente, seamos sinceros, te roza. Unas veces te roza tan solo porque debe pasar, otras es algo intencional y seamos sinceros nuevamente, ninguna chica va a decir nada, peor si es escolar. Eso es algo que no te enseñan en el colegio. Otro punto es el hecho de sentarte en la parte pegada a la ventana del asiento de dos. El cuerpo de las personas, por muy grande o robusto que sea, siempre puede acomodarse en función del otro. Claramente esto no sucede. Sentirse apretada, encerrada, preocupada de que las piernas de otra persona te aprisionen y sentir que estás confinada porque esta no se mueve. Acto siguiente, pararte para poder salir y saber que esta persona tampoco se moverá y que tu falda no te da seguridad sino mayor preocupación por que lamentablemente las personas en Lima son así. No es la ropa o los zapatos, no es el cuerpo o el sexo, es el pensamiento, el machismo, los prejuicios ellos son los culpables.

Esto siento cada vez que veo a chicas en uniforme. No puedo decir nada sobre los chicos porque no percibo que ellos sean violentados de esa manera en este espacio. Me recuerda mucho a como eran las cosas hace un par de años cuando yo usaba esa falda. Ahora ya no tengo que usarla, pero sigo viviendo el mismo problema. Los hombres nos miran como carnada. No puedo usar la ropa que quiero porque tengo que cuidarme. ¿Patético, no? No poder ser quién soy porque primero tengo que ser de la manera en la que pude ser menos violentada. En varias oportunidades, he dicho a los chicos si pueden sentarse bien. No sé ustedes, pero el tamaño del asiento es el mismo para todos y el espacio que cada persona utiliza debería de ser igual. Han pasado años y hasta ahora no comprendo el porqué de sentarse con las piernas tan abiertas, lo único que puedo postular es que debe de ser por costumbre, no hay otro motivo que lo justifique. Las personas en el micro transgreden mi espacio, mi cuerpo, mis decisiones. No es que quiera aislarme, es obvio que va a haber contacto con el otro porque estamos en un lugar público, colectivo. Por ello mismo, es que este tipo de transgresiones no deberían darse. Se debería pensar en las personas como se piensa en uno mismo, buscando no hacer algo que probablemente no quisieras que te pase; pero, ¿cómo va a ser esto posible si en mayor parte quienes ejecutan estas violaciones son hombres alentados por la sociedad machista y cuya actitud es reafirmada por las instituciones, a cada momento, en cosas tan cotidianas como la idea de que la mujer debe ser virgen hasta el matrimonio, no debe abortar ni tomar anticonceptivos que propaga la Iglesia y; no obstante, dónde queda el papel del hombre en todo esto, si sus acciones son legitimadas según este precepto aunque no sean las correctas; en los colegios donde no nos dan información sexual adecuada, en el hogar donde los chicos si pueden salir solos y hasta tarde pero las chicas no, cuando ellos pueden tener novia y nosotras no, y en el Estado cuyas leyes no amparan ni revierten esta situación? La legitimación de esta actitud está evidenciada en el comportamiento en el bus. Si no lo han percibido tal vez deberían dejar a un lado el celular y observar. Si no lo has hecho entonces quizás podrías evitar que lo hagan. Y si has pasado por esto, no te quedes callada porque nadie te debe violentar.

Dejo unos links sobre el tema abajo. Recuerda: Lee, informate, piensa y difunde. El mundo está tan abstraído en sí mismo que si tú no lo haces, nadie lo hará.

http://www.guerrillatranslation.es/2015/02/12/la-proxima-vez-que-alguien-niegue-el-acoso-a-mujeres-ensenales-esto/

http://www.ocacchile.org/video-como-es-el-acoso-sexual-callejero-en-chile/

 

 

  • Alexandra Loaiza

    Hola, no quiero desacreditar tu post de ninguna manera, si eso es lo que sientes, es legítimo y ojalá puedas encontrar otra manera de ir a la universidad. En principio, te recomiendo una bicicleta. Sin embargo, me encuentro sorprendida por todo lo que cuentas. Yo viajo en combi y bus todos los días y jamás he sentido nada de lo que describes, pero nada nada. Obviamente a veces es incómodo que el bus esté lleno, pero mi incomodidad viene del calor, la dificultad para moverse y el estar parada tanto tiempo (1 hora para ir a mi casa). Y aunque no voy a negar que he escuchado comentarios parecidos de otras personas, mis amigas nunca me han manifestado tal malestar tampoco. He viajado infinidad de veces en combi y bus, en Lima y en Cusco, mi ciudad natal, y felizmente nunca me ha pasado nada ni he visto ninguna agresión de ningún tipo. Ningún roce, ningún acoso… nada (en la calle si he visto y he sido víctima de acoso callejero). De hecho, prefiero sentarme del lado de la ventana para no tener que moverme cuando la otra persona decida salir.

    Cuando estaba en el colegio, mi mamá me llevaba y me recogía, así que en honor a la verdad, no estaba en el bus en horas punta. En la tarde iba al inglés con mi mismo uniforme (a mi me encantaba usarlo) en combi o bus y tampoco nunca tuve problemas, ni me sentí incómoda en lo más mínimo. No se si tiene algo que ver pero era una falda amplia que caída hasta debajo de las rodillas.

    Como te digo, en la calle sí que he sentido mucho el acoso callejero, aunque últimamente ha bajado bastante por la universidad y por Miraflores, que es donde vivo. Lo curioso es que en realidad subiéndome a un combi o bus me siento más segura que en la calle, expuesta a que cualquiera venga y te diga o haga algo, por la facilidad de escaparse supongo. Lo de la ropa es un problema, claro, sentía que era ponerme short y de inmediato el acoso se presentaba. Yo puedo manejarlo y no me intimidan ni me afectan, pero obviamente me parece inaceptable y lo digo en voz alta cada vez que me pasa o le pasa a otra persona. Pero de nuevo, en el combi nunca tuve problemas, así estuviera con short, falda, minifalda, polos descubiertos, etc. Mis padres no querían dejarme salir con falda o short corto porque decían que podía ser un factor para que me acosen en el combi, pero jamás me voy a limitar por eso, así que no les hacía caso y me ponía lo que yo quería y me hacía sentir cómoda; felizmente nunca me pasó nada.

    Entonces mi punto es que aunque no niego que ese tipo de situaciones puedan pasar, me parece extraño que tu sientas que es algo que está presente en todo momento y yo jamás lo haya sentido, lo cual me lleva a concluir, quiero decirlo claro, que no creo que pase toooodo el tiempo. Tal vez seguido, pero no como regla absoluta. Con esto no quiero decir que mientas, pero si creo que a lo mejor estás agrandando un poco las cosas ante la sensibilidad que provoca ir dándote cuenta de las cosas que nos afectan como personas y como mujeres en la sociedad. Y que conste que he estado atenta en el bus, mirando a los demás; si algo me pasa a mi, soy de las que jamás se van a quedar calladas.

    Al final esta “cosa” horrible que es el acoso callejero ha logrado sacarte de un espacio y creo que no es la idea. Obviamente uno no está obligado a estar en un lugar que la pone tan incómoda, pero tal vez podrías tomártelo con más calma… Tratar de no ir en horas punta, combinar con bici, esperar carros grandes, etc. pero sobre todo te diría que no veas a todos como enemigos, mujeres cómplices y hombres recontramachistas y enemigos…. porque no es así. Si sientes que alguien se acerca mucho, levanta los brazos, dile que se aleje, acomoda tu mochila para bloquear, etc. Pero también trata de ver que no es que tooodo el tiempo sea un campo de guerra en el que tienes que estar defendiéndote. Porque en verdad no es así y lo digo con total conocimiento de causa.

    Naturalmente que eso es lo que yo haría (hago) y no tiene porqué ser la solución adecuada para ti, pero considéralo 😉