La quinua: poderoso alimento nutritivo. En los últimos años, su nombre ha sido uno de los más voceados en el sector agroexportador peruano. En el plano internacional, es sumamente cotizado por su valor nutricional, siendo exportado a países de la Unión Europea, EE.UU., Japón, Corea del Sur, etc. Los tratados de libre comercio han facilitado el comercio y la producción. Por esa razón, el Perú es, entre los países productores de este cereal, el que ocupa el primer lugar en exportaciones.

Las proteínas que la compone ayudan a la capacidad de aprendizaje, la memoria, alivian la depresión y la ansiedad, equilibran el nivel de azúcar en la sangre, etc. Estas son unas de las razones por la que es empeñadamente buscada en los mercados del exterior.

Debe saberse también que, desde el 2013, Nadine Heredia fue nombrada Embajadora de la Quinua por la FAO. Las labores que ella cumple son las de luchar por la seguridad alimentaria y erradicar el hambre. Asimismo, desde el gobierno, no han dejado de pasar desapercibida esta “valiosa” oportunidad de negocio, razón por la cual se creó Proquinua, un programa del gobierno habilitado en julio del año pasado que busca generar las condiciones de producción provechosas de este cultivo en la zona norte del país: Lambayeque y Piura. De esta manera se intenta aprovechar la gran capacidad adaptativa de la quinua en distintos pisos ecológicos. El programa fue financiado con una partida de S/.120 millones de soles.

La aplicación de este proyecto piloto no ha obtenido los beneficios que inicialmente lo motivaron:  beneficiar a familias campesinas más pobres. Es esa, por lo menos, la definición que tiene Miguel E. Santillana, investigador del Instituto Perú de la USMP.

En una colaboración fechada el 16 de enero del 2015, para el diario Gestión, Santillana cuestiona que los resultados de Proquinua estén lejos de servir de un alivio económico a los productores agrícolas de bajos recursos económicos. Critica que los “técnicos” del programa (“profesionales reconocidos por ser expertos en hacer mucho desde sus escritorios y la pizarra en acrílico, pero también por ser entusiastas adulones de las autoridades de turno”) no planificaron ni hicieron debidas estrategias de siembra, manejo y comercialización. Además, los productores de las 140 hectáreas asignadas en Piura que sí participaron no fueron los pobres campesinos que el programa buscaba inicialmente sino los amigotes, medianos productores de los técnicos de turno. La cosecha ha sido mala, pues “sus rendimientos apenas llegaron a dos toneladas métricas por hectárea” cuando en un buen año puede llegar a alcanzar por hectárea 4 toneladas. En Lambayeque la situación ha sido similar debido a la falta de manejo técnico en la producción.

En el plano adquisitivo, hay quienes ganan y quienes pierden. Los técnicos, continúa Santillana, además de sus 30 días de viáticos han recibido sus jugosos S/.10 mil soles mensuales. Por otro lado, los pequeños productores que lograron entrar al programa han terminado endeudados debido a la disminuída cosecha. Ellos viven una situación similar a la que vivieron campesinos arequipeños a fines del 2014. En ese entonces, los campesinos characatos cultivaron precipitadamente la quinua hipnotizados por los altos precios internacionales. El apuro empleado creó plagas que fueron combatidas por pesticidas, causando con ello daños en la calidad del alimento. En su caso, además, la caída del precio de la quinua ha afectado sus economías. La historia se repite en otros lares del mundo campesino.

Santillana cierra con que deben efectuarse serios cambios desde el lado de jefatura técnica de estos cruciales programas. Su cuestionamiento al profesionalismo de estos doctos señores es claro. Por su parte, como otra gran muestra de que al Estado le brillan los ojos, pero no hace nada competente por hacer sostenible su incursión en una actividad productiva, Luz Gómez Pando, jefa del programa de cereales y granos nativos de la Universidad Agraria La Molina (UNALM), indica que la tecnología de producción es obsoleta en el país, que nada ha cambiado desde los 50, año en que por hectárea se producía 900 kilos solamente. Enfatiza que de incrementar la producción de la quinua, los precios de esta bajarían, ya que actualmente el costo del producto es descaradamente alto, siendo el principal país productor: S/. 10 el kilo en los mercados barriales; S/.15 el kilo en los supermercados.

Será mejor que las autoridades del Minam se apresuren. En EE.UU., nuestro principal comprador, se están desarrollando tecnologías para cultivar el cereal en su propio suelo, anota Luz Gómez Pando.

Foto: La República

Fuente escrita: Gestión del  16-01-15.